San Rafael, Mendoza lunes 26 de septiembre de 2022

Arte defensivo – Por:.Beatriz Genchi

“Arte en la defensa de los escaparates (vidrieras)”, un artículo de Etheria Artay publicado en enero de 1937 en la barcelonesa Mi Revista, narra la vida en la retaguardia, en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, y describe cómo era pasear por las ciudades parcialmente destruidas por los incesantes bombardeos y con los comercios cubiertos con las extrañas y hermosas tiras de papel:

«Todos sabemos para qué sirven esas tiritas de papel engomado. ¡Naturalmente! Por este motivo los escaparates de Barcelona están adornadísimos, casi carnavalescos. Las arañas de los papeles protectores se han extendido por los escaparates y han tejido sus telas adoptando formas caprichosas y, algunas, decididamente artísticas.”

La guerra trae consigo ruina y muerte; pero yo pienso que siempre y en toda circunstancia también esta la inspiración. Un arte nonato e improvisado salió a la luz. Por ejemplo: en una joyería formando una simple reja. Frágil reja que parece advertir; “¡Cuidado, aquí estoy para defender mis tesoros! ¡Y hay de ti si intentas substraerlos violentamente! Otra reja más fuerte que yo te retendrá por largo tiempo.”

En la vidriera de una casa de muebles representan un sol magnífico con innumerables rayos calefactores. Por entre ellos se ven las camas expuestas. Mostrando casi un cálido nido.

Así, todos expresan algo. En una perfumería hay una red. ¡Una verdadera y complicada red! Nos acercamos a verla y vemos también los tentadores frasquitos de perfumes. Como mariposas atraídas por la luz caemos. ¡La red de papelitos nos apresó e introdujo adentro haciéndonos gastar! ¡Algo fatal en esos tiempos!

Los papelitos de una confitería parecen punzantes rayos que caen hacia los dulces. Es una amenaza para que los chiquillos no peguen sus naricillas al vidrio

Pero volvamos al asunto y sigamos contemplando las vidrieras tan profusamente adornadas. Las fotos han desfilado ante nuestra vista, y cada una tiene su dibujo particularísimo: arañas, estrellas, triángulos, cuadriláteros, grecas queriendo ser romanas, y… ¡futurismo! (de algún modo hemos de llamarlo, porque el que lo haya colocado sabrá lo que representa; nosotros no). De las bajas pecuniarias que se puedan originar en los bolsillos por la contemplación de estas presentaciones no hablare. Bastantes transeúntes inocentes lo habrán podido ya experimentar. Después de todo, están bonitos con sus atractivas tiritas de papel velando misteriosamente, ¡este es el anzuelo!: los objetos allí puestos. Y si alguien se lleva un artículo por otro creyendo haberlo visto en el escaparate, que no se enoje: ¡Son las trágicas consecuencias de la guerra!

A veces, también resulta molesto tanto papelito. Hay que reconocerlo. En las librerías impiden leer los títulos de los libros. Cuentan que un lector que hacía tiempo buscaba un determinado libro de teoría revolucionaria que le habían ponderado. Le pareció verlo expuesto. Para cerciorarme, atisbo entre el intrincado laberinto de tiras de papel, atrapándolo y mirando por un lado y por otro: ¡haciendo verdadera gimnasia sueca! Al fin entro en la librería, casi convencido de que había dado con él. Al amable vendedor que lo fue a atender le hizo revolver todo, porque aseguraba que no lo tenían en la casa, y era verdad. Luego resultó no ser el libro que infirió haber visto entre los simpáticos papelitos. Avergonzado por haberle molestado tanto, no se atrevió a rechazarle el libro y lo adquirido. Su título es el siguiente: Las veinticinco mejores maneras de que haga buen provecho el queso de bola. ¡Terriblemente interesante! Y bueno…

El artículo era producto de su tiempo y sus circunstancias. Terminaba diciendo: “Acuérdate, lector, de tus hermanos que luchan en el frente. ¡Ayúdales! Es tu deber”.

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga – Gestora cultural.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn – Chubut.

 

 

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