San Rafael, Mendoza viernes 12 de agosto de 2022

Rescate de cadáveres – Por:.Beatriz Genchi

Si sos fácilmente impresionable, sugiero cambiar de lectura.

Qué pasó de verdad con los cadáveres de los pasajeros del Titanic?

El 14 de abril de 1912, el Titanic colisionó con un iceberg y en apenas unas horas había desaparecido para siempre, engullido por el mar. ¿Qué pasó exactamente con los cadáveres de las 1.497 personas restantes?

Fueron cuatro los barcos que mandó White Star Line para explorar la zona del desastre: en primer lugar, el MacKay-Bennett, al que siguieron el Minia, el Montmagny y el Algerine. Tan solo consiguieron recuperar a lo largo de tres meses 328 cuerpos. De ellos, 119 fueron arrojados de nuevo al mar. De los 209 restantes, 150 no fueron reclamados por sus familiares y se les dio sepultura en varios cementerios de Halifax, en Nueva Escocia. Por lo tanto, tan solo 59 fueron recuperados, identificados y enterrados de la manera tradicional.

No debió ser una expedición fácil para los marineros del MacKay-Bennett que se habían presentado voluntarios, en parte para ayudar en una de las grandes catástrofes marinas del siglo, en parte por la doble paga que White Star Line les había ofrecido. Debían actuar con celeridad. Los cadáveres flotan en el mar, pero tan solo por un breve período de tiempo, hasta que empiezan a absorber agua y terminan hundiéndose. Además, son vulnerables a los ataques de gaviotas y otros animales que pueden dejar los cuerpos irreconocibles.

El MacKay-Bennett llegó a su destino el 20 de abril de 1912 con un mandato claro, como puede comprobarse en uno de los telegramas enviados desde Halifax: “Es absolutamente esencial que podáis traer al puerto todos los cadáveres que seáis capaces de alojar”. La realidad sería mucho más complicada, ya que en apenas una semana 190 cuerpos descansaban en sus bodegas. Otros 116 habían sido devueltos al mar por encontrarse en estado de descomposición o por formar parte de la tripulación, por lo que les correspondía un sepelio marino, en consonancia con la tradición naval…

Aunque el Minia y el Montmagny se unieron un par de semanas después a la búsqueda, el MacKay-Bennett no daba para más, ni en lo que se refiere al espacio ni a la cantidad de líquido necesario para embalsamar tal cantidad de cadáveres. Uno de los telegramas muestra cómo uno de los trabajadores de Halifax había colapsado ante la carga de trabajo. “Deben evitar solicitar respuestas rápidas hasta que hayamos podido descansar un poco”, solicitaban el 5 de mayo.

Como ha señalado el historiador Charles Hass, los telegramas “muestran con todo lujo de detalles lo difícil que debió ser el proceso después del hundimiento del barco. Y de forma cándida el inmenso estrés que debieron pasar todos los implicados”. El tamaño del MacKay-Bennett no era lo suficientemente grande como para albergar 200 o 300 cadáveres, por lo que Lardner su capitán tuvo que enfrentarse a un duro dilema. “Parece ser que su decisión fue que, si un cuerpo se identificaba como de primera o segunda clase se conservarse, si no lo era, se enterraba en el mar”.

Los cuerpos de los 150 viajeros no reclamados descansan ahora en tres cementerios de Halifax: Monte de los Olivos, Barón de Hirsch y Fairview Lawan. En sus lápidas aún figura el espacio en blanco que White Star Line dejó en caso de que fuesen identificados algún día.

“Las decisiones sobre qué cuerpos enterrar en el mar se tomaron en gran medida de acuerdo con la clase económica percibida de las víctimas recuperadas, y aquellos con boletos de tercera clase tenían muchas más probabilidades de ser devueltos al agua”, escribió más crudamente el sociólogo Jess Bier en un artículo sobre el proceso de identificación forense después del desastre

Los cuerpos de los pasajeros de primera clase, que fueron identificados por su vestimenta, apariencia y posesiones, fueron embolsados y puestos en ataúdes. Los pasajeros de segunda clase fueron embalsamados pero envueltos en lonas. La tercera clase no recibió ningún tratamiento, si no que fueron guardados en lonas listos para ser “enterrados” en el mar. Término que se repite en todos los escritos a que accedí para la investigación y que para mí sería correcto decir: sepultados en el mar.

Una de las razones para tomar la misión de rescate fue el aspecto monetario. La White Star Line contrató los servicios de recuperación de cuerpos pagando 550 dólares por día. Por otro lado, también estaba el seguro de vida, un campo relativamente nuevo en esa época, ya que no valdría la pena sin la presencia de un cuerpo. También se descubrió que los pasajeros más ricos tenían más probabilidades de estar asegurados o de tener una herencia que tendrían que pagar.

Para Bier, las decisiones provenían de nociones arraigadas de clase, muy evidentes a bordo del Titanic antes y después de que el barco chocara contra el iceberg. “Desde las acusaciones de que algunos pasajeros de tercera clase fueron encerrados bajo cubierta, hasta las abrumadoras posibilidades de supervivencia de los pasajeros de primera clase”, escribió, “las distinciones (de clase) se consideraban una parte natural de la sociedad”.

De los cuerpos descubiertos por los “cruceros de la muerte”, como los llamó la prensa en ese momento, la tripulación tenía un 36% más de probabilidades de ser enterrados en el mar que otros pasajeros, y los pasajeros de tercera clase tenían un 46% más de probabilidades de unirse a ellos. Los pasajeros de segunda clase tenían un 69 % más de probabilidades de ser llevados a tierra.

Algunos señalan la lucha de clases que aquí, también ocurrió. Entonces recuerdo aquello que dicen, que la muerte nos iguala.

Gentileza:

Beatriz Genchi

Museóloga – Gestora cultural.

bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn -Chubut.

 

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