San Rafael, Mendoza martes 16 de agosto de 2022

Nada prescribe – Por:.Beatriz Genchi

La doctora se presentó a su guardia en la Colonia Open Door, una colonia psiquiátrica cerca de Luján (Bs.As.), una noche de invierno de 1985. Era la Dra. Cecilia Giubileo.

Tres fueron las últimas personas en ver a la médica Cecilia Giubileo poco después de la medianoche del domingo 16 de junio de 1985, antes de que desapareciera de la Colonia Open Door. Nunca más se la volvió a ver.

Miguel el “Loco” Cano (quien conto estos dos encuentros), uno de los internados en la colonia, la acompañó los 500 metros que separaban el Pabellón 7, donde había ido a atender a otro paciente, de la Casa Médica. En el trayecto se cruzaron primero con el enfermero Novello y hablaron de la urticaria que había ido a atender la Doctora y después con la supervisora Nélida Onjuez. Con quien la conversación no fue tan amable ya que le dijo que no se desplazara sin haberla consultado y que “no se corte sola” … sin su permiso…???

Cecilia Giubileo había certificado su entrada a la guardia a las 21.38 y desde entonces había firmado el certificado de defunción de una paciente de 23 años, había revisado y medicado a otra interna con un cuadro febril preocupante, y después a otro paciente brotado al que, en realidad, debería haber sido atendido por otro profesional.

Era una noche atípica. Una médica que debió haber permanecido de guardia se fue horas antes de terminar su turno y los otros dos médicos que debían compartir la guardia nocturna con ella no se habían presentado a trabajar. Como si eso fuera poco, la colonia había quedado incomunicada del exterior: hacía horas que no funcionaba el conmutador telefónico.

Sin embargo, cuando todo indicaba que Giubileo no podría pegar un ojo en toda la noche, sus servicios no volvieron a ser requeridos. De pronto, Open Door se había vuelto un lugar tranquilo. Recién a las 8 de la mañana del lunes, un empleado golpeó la puerta de su dormitorio, sin recibir respuesta. Cuando entró encontró la cama tendida y un par de zapatos marrones con puntera beige. No había señales de la médica ni de sus otras pertenencias.

Cecilia Enriqueta Giubileo nació en el pueblo de General Pinto, provincia de Buenos Aires, en 1946. Hija de una familia acomodada, vivió su infancia y adolescencia en esa localidad, junto a sus padres y sus tres hermanos. A mediados de la década de los 60 se fue a vivir sola a Córdoba, donde empezó a estudiar Medicina en la Universidad Nacional de esa ciudad y se recibió de médica en 1973. En el momento de su desaparición estaba separada y vivía sola en Luján y tenía un consultorio particular en Torres. Su tiempo lo dividía entre la consulta médica y las guardias en la Colonia Open Door, de pacientes psiquiátricos.

En lugar de denunciar la inexplicable desaparición de su médica de guardia, las autoridades del hospital iniciaron un sumario interno acusando a Cecilia Giubileo de “abandono de trabajo”. Ni se molestaron en tratar de contactarla por teléfono o de enviar alguien a su casa.

Recién el 19 de junio, su amiga Beatriz Ehlinger (también empleada de la Colonia) y su marido, Julián Sequeira, se presentaron en la comisaría para hacer la denuncia por averiguación de paradero. Esas 48 horas sin que nadie la buscara fueron decisivas a la hora de investigar qué había pasado. Para entonces, las autoridades de la colonia, dirigida por el psiquiatra Florencio Elías Sánchez, habían ordenado remodelar la habitación donde debería haber pasado la noche Giubileo. Un grupo de albañiles trabajó rápidamente y cuando los peritos de la policía buscaron rastros en el lugar estaba pintada a nuevo y los muebles habían sido retirados o cambiados de lugar. Cualquier posible evidencia, desde huellas digitales hasta indicios de violencia, había sido definitivamente borrada.

La policía tampoco pudo revisar el registro de entradas y salidas del personal de la colonia. Cuando consultaron el libro, la hoja correspondiente al lunes 16 había sido arrancada. El Renault 6 blanco de Giubileo seguía en el mismo lugar que ella lo había dejado, pero con un cambio enigmático: la médica había llenado el tanque de nafta en Luján, antes de ir a trabajar, por lo cual debió haber estado casi lleno. Sin embargo, estaba completamente vacío.

La causa quedó a cargo del Juzgado Penal Nº2 de Mercedes, desde donde se inició la investigación por la desaparición de Giubileo. De los interrogatorios al personal nada se obtuvo: nadie la había visto después de las 0.15 del 17 de junio, cuando entró a la Casa Médica; nadie tampoco la vio irse de la Colonia.

Las únicas posibles pistas las brindaron dos pacientes psiquiátricos. Miguel Cano, el interno que había acompañado a la médica desde el Pabellón 7 hasta la Casa Médica, dijo que poco después de despedirse de Giubileo, cuando caminaba hacia su pabellón para ir a acostarse, vio entrar dos vehículos oscuros y dirigirse hacia el alojamiento de los médicos. La presencia de uno de ellos tenía una explicación lógica: era el furgón funerario que venía a buscar el cadáver de la interna fallecida esa misma noche, cuyo certificado de defunción había firmado Giubileo un rato antes. Sobre el otro vehículo, ni en la funeraria ni en la colonia supieron decir nada.

El otro testimonio lo brindó una interna que días después de la desaparición de Giubileo fue encontrada desnuda en una casilla rural de las inmediaciones. La mujer había sido violada y hablaba incoherencias, pero en su relato dijo que había visto “a la doctora” atada y golpeada en ese mismo lugar. Las pesquisas forenses no dieron ningún resultado. El juzgado decidió no profundizar en esas pistas. Como se sabe, las declaraciones de los pacientes psiquiátricos son judicialmente inválidas.

Durante las semanas siguientes, la policía registró, con el auxilio de perros adiestrados, las 250 hectáreas del predio de la colonia. Se revisaron todos los pabellones, incluyendo dos que llevaban años clausurados. Se realizaron exhumaciones de cadáveres de internos en cuyas tumbas se sospechó que podría estar el cuerpo de Giubileo, todo sin obtener ningún resultado.

También llegó al juzgado un anónimo indicando que el cadáver de Giubileo estaba en una ciénaga del predio de Open Door. La pista no pudo comprobarse ni descartarse: no había fondos para la operación de drenado necesaria para buscar los restos.

“Si supuestamente la mataron en la Colonia y querían ocultar su cuerpo, ése era el lugar ideal. Dijeron que no había fondos para el drenaje. Una barbaridad, como también es una barbaridad que exista una ciénaga en un lugar donde hay desplazamiento de gente, más aún en un instituto de salud mental”, diría años después Marcelo Parrilli, abogado de la familia Giubileo.

Mientras transcurría la infructuosa investigación, el departamento de Cecilia Giubileo en Luján –que estaba bajo custodia policial desde que se denunció su desaparición– apareció dado vuelta. A pesar de la vigilancia, alguien había entrado y revisado todo. Otra cosa llamó la atención. Pese al desorden, no faltaba nada de lo que la policía había registrado en su primera pesquisa, pero sí había un elemento más: una cartera de Giubileo que, según algunos testimonios, la médica llevaba consigo cuando llegó a Open Door la noche de su desaparición.

Dos de las amigas más cercanas de la médica desaparecida, Beatriz Ehlinger y la enfermera Mabel Tenca, declararon que Giubileo les había confiado que venía recibiendo amenazas telefónicas en su casa. “Dejate de joder con la colonia o vas a ser boleta”, era la frase que se repetía en todas ellas. Comenzó a circular entonces la versión de que Giubileo había sido secuestrada porque estaba a punto de denunciar una serie de delitos que se cometían en Open Door: desde el tráfico de órganos (fundamentalmente córneas), hasta la venta de sangre extraída compulsivamente a los enfermos y la utilización de éstos muchos de los cuales desaparecían inexplicablemente como cobayos en la experimentación de medicamentos.

Esas versiones no se pudieron comprobar, pero sí que la Colonia Open Door era por entonces un nido de corrupción, donde desaparecían fondos, se inflaban las compras y se revendían medicamentos. Siete años después, la Colonia fue intervenida por el gobierno nacional y su director, Florencio Eliseo Sánchez, el mismo que había ordenado remodelar la Casa Médica al día siguiente de la desaparición de Giubileo fue detenido y procesado por corrupción junto con parte de la plana mayor de Open Door. ¿Sería esto lo que estaba investigando Giubileo? Sánchez ya no puede responder a esa pregunta: murió en la cárcel en 1992, pocos meses después de ser detenido.

Se dijo también por entonces que había sido secuestrada para cobrar un rescate, pero la familia nunca recibió un pedido y en el departamento de Giubileo encontraron 3.000 dólares guardados en un paquete de maicena.

A menos de dos años de terminada la última dictadura, la posibilidad de que la hubieran secuestrado para frenar alguna de las investigaciones mencionadas, no sonaba descabellada, menos aun cuando había recibido amenazas. La investigación judicial por la desaparición de Cecilia Giubileo quedó empantanada desde un principio y más allá de los intentos por seguir las supuestas pistas que iban apareciendo nunca pudo avanzar.

La carátula de la causa –cuyo expediente llegó a reunir más de 700 fojas- se mantuvo invariable como “búsqueda de paradero” hasta que prescribió en el año 2000 y fue archivada definitivamente.

Gentileza:

Beatriz Genchi
Museóloga-Gestora cultural.
bgenchi50@gmail.com

Puerto Madryn-Chubut.

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