San Rafael, Mendoza viernes 01 de julio de 2022

 La primicia – Por:.Lic. Lucio Ravagnani Navarrete

Llegó a la escena antes que cualquier otra persona. Ni siquiera el camarógrafo lo había vencido en la estrepitosa carrera que había empezado al sonar el teléfono en plena noche de invierno. A pesar de los jadeos y la dolorosa sensación de quemazón en el pecho, se sentía feliz. Primero, porque nunca había llegado primero a la escena para hacer una nota como esa. Segundo, porque de todo el personal del noticiero, Ramona lo había elegido a él. Él, al que se lo acusaba de estar consumido, perdido en el tiempo, acabado. Él, que cada mensaje que le llegaba desde el canal sospechaba un posible aviso de despido. Él, quien horas antes había contemplado las turbulentas aguas del canal mientras juntaba coraje para arrojarse y así acabar con todo. Ahora estaba ahí, esperando a que los oficiales terminaran de cerrar correctamente la escena para que ninguna prueba se contaminara.

“¿Dónde me pongo para no molestarlos?”, les había preguntado sin recibir respuesta alguna. No se desanimó ante la indiferencia que le mostraban, sino que se apartó un tanto más y contempló todo el despliegue del operativo. Debía haber sucedido algo grave, algo verdaderamente impactante para que tanto policía y paramédico estuviera en el lugar. Al cabo de unos minutos, no pudo contener más la ansiedad y volvió a acercarse. Sobre las vallas y la cinta amarilla con la inscripción de NO PASAR, alcanzó a atisbar un pequeño fragmento de todo el cuadro. Unos hombres vestidos con gruesos trajes anaranjados intentaban sacar algo que se hallaba en el agua, atorado entre la mugre y los yuyos de la orilla. “Debe ser un asesinato. Quizás un ajuste de cuentas de algún mafioso. Incluso podría ser alguna mujer víctima de la violencia excesiva de algún salvaje”. Esta última opción lo desaminó un poco. No porque el tema no tuviera relevancia, sino porque aquella situación era tristemente cotidiana y los noticieros solo trafican con carne fresca y crueldades supuestamente desconocidas.

Consultó su reloj y notó que el cristal estaba partido. No solo eso, sino que las manecillas se habían parado, congelando el tiempo en un instante. “No puede ser”, pensó mientras echaba furtivas miradas en dirección a la calle para ver si su camarógrafo llegaba. A lo lejos, le pareció ver la van de Canal 7, seguida de cerca por la de Canal 11. “¡Me cago en todo! Voy a perder la primicia por culpa del forro de Manuel”. Estaba buscando a tientas la caja de puchos que guardaba en el bolsillo, cuando unos ruidos de pisadas lo alertaron. Lo que en un primer momento tomó por curiosos que disfrutaban del morbo, inmediatamente dio lugar a una triste revelación. Allí venía corriendo Manuel, cámara en mano, y pisándole los talones lo seguía una mujer. Él sabía muy bien quien era. Celina, otra reportera del canal y su más acérrima enemiga.

No lo podía creer. Se sintió traicionado, humillado, deshecho. ¿Por qué Ramona lo había citado a él si terminó enviado a Celina? Porque lo había llamado a él, ¿no? Sí, sí. Por supuesto que sí…¿no? Las conjeturas cesaron de golpe. Manuel estaba a casi dos metros y él le iba a echar en cara todo ese asunto. Esta vez no lo iban a tomar por boludo. No, esta vez no. Ya estaba harto.

-Escuchame una cosa, gil. ¿Qué carajo te pens…?

Pero Manuel no se detuvo ni siquiera a mirarlo. Siguió de largo y Celina también. En menos de cuatro minutos habían puesto a andar la cámara y comenzaron a cubrir la noticia.

Él se acercó despacio, incrédulo. Se paró justo atrás de Manuel, pero tanto el camarógrafo como la reportera parecían ajenos a su presencia. Se acercó entonces al vallado sin que nadie lo frenara, le hablara o lo mirara siquiera. Pasó por debajo de la cinta amarilla, caminó entre los móviles con sus luces encendidas y llegó junto al equipo de paramédicos que, con gestos profesionales, guardaban sus equipos. Miró, justo antes de que la bolsa negra para cadáveres fuera cerrada del todo, cómo se llevaban su propio cuerpo muerto y empapado.

 

Gentileza:

AUTOR: Lic. Lucio Ravagnani Navarrete

EMAIL: ravagnani.lucio@gmail.com

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