San Rafael, Mendoza martes 09 de agosto de 2022

La primera Feria del Libro argentina – Por:.Beatriz Genchi

Fue organizada por la Cámara Argentina del Libro en 1943. Este evento cultural, empresarial y político se realizó en la Av. 9 de Julio, entre Bartolomé Mitre y Cangallo (actual Juan D. Perón). Un espacio estratégico de la trama urbana porteña, por el que pasaron más de dos millones de personas.

A decir verdad hubo un “ensayo” anterior con la “Exposición Nacional del Libro” realizada en el Teatro Cervantes en 1928, pero el contacto con los libros fue solo visual: la disposición de los mismos en vitrinas, como las piezas de un museo, excluía la posibilidad de tocarlos ni adquirirlos en el recinto. Es cierto que la exposición incluía piezas y colecciones que debían ser protegidas por su antigüedad y valor histórico, tales como las aportadas por el Museo Mitre. No obstante, las ediciones comunes también se encontraban mayormente en vitrinas o stands de difícil acceso a los visitantes.

La Argentina logró una rápida alfabetización de su población, conformada por nativos e inmigrantes en una altísima proporción. La educación laica, pública y gratuita (sancionada por la Ley 1420 en 1884) logró que, en 1910, al conmemorarse el Centenario de la Independencia, dos de cada tres habitantes porteños supieran leer y escribir. Esto tuvo su impacto, por ejemplo, en el consumo de material periodístico por habitante. La voluminosa impresión de diarios fue posible gracias a la realización de mejoras en las técnicas de impresión; al acceso a la materia prima; a la utilización del telégrafo y al trabajo de las agencias de noticias que facilitaron la circulación de la información y, por último, a la expansión de las líneas férreas que permitió la llegada de diarios capitalinos a provincias del país, donde, a su vez, se dio un crecimiento del periodismo local según la historiadora, ensayista y catedrática argentina especializada en historia social, Mirta Zaida Lobato.

En el transcurso de la década de 1930 la tasa de alfabetización alcanzó el 88% en todo el país y el 93% en la Capital Federal. La primera fase de la edición masiva en la Argentina (desde fines del siglo XIX a la década inicial del siglo XX) se caracterizó por la aparición de proyectos periodísticos para editar libros a bajo costo. Estos que se vendían en los kioscos que junto a los vendedores domiciliarios, trazaban canales más adecuados a los hábitos culturales del nuevo público.

Los libros, en su formato rústico y de bolsillo formaron parte de la vida cotidiana de los sectores populares gracias a la aparición de nuevas casas editoriales, que respondieron al aumento de la demanda. Entre 1850 y 1880, de la mano de una notable expansión de la población urbana y rural a partir de la inmigración, se produce un aumento en la demanda de bienes culturales, que repercutió en un incremento en el número de librerías e imprentas en Buenos Aires.

Las primeras editoriales fueron fundadas en la segunda mitad del siglo XIX: Kraft en 1862, Peuser en 1864 y de Estrada en 1869. El Censo Municipal de 1887 habla de la existencia de un centenar de librerías, “de las cuales al menos 10 estaban especializadas en libros antiguos”.

La Guerra Civil Española (1936-1939) colapsó el comercio exterior con América Latina, dando impulso a la industria editorial local a partir de la creación de nuevas empresas y nuevos puestos de trabajo calificado. Algunos de los nuevos editores eran inmigrantes que aprendieron el oficio por transmisión familiar, y otros fueron autodidactas que trabajando como vendedores en librerías o papeleras se lanzaron a la aventura de la edición. Según estimaciones del Registro de la Propiedad Intelectual, para el año 1935 se registraron en Buenos Aires 977 títulos, mientras que seis años después –en 1941– esa cifra había ascendido a 6.088. El desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) complicó –cuando no interrumpió totalmente– el comercio internacional generando un aumento de las exportaciones argentinas de libros a los países de la región. Al mismo tiempo, se abrieron librerías en todo el país favoreciendo de este modo el encuentro de los lectores con los libros.

El objetivo “urgente” de los editores era conquistar a nuevos lectores, para lo cual se sugirió la venta de libros a bajo costo (la Cámara Argentina del Libro imprimió 35.000 ejemplares ilustrados de Juvenilia, de Miguel Cané, que ofrecía a bajo precio) y otras estrategias comerciales, como las ofertas por cantidad. También se promovió la lectura en las bibliotecas de todo el país, estas entendidas como una extensión de la escuela podían atraer y formar a una gran masa de lectores a través de un stand de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares.

La primera Feria del Libro permitió una gran circulación de personas, ya que fue construida en un lugar estratégico de la ciudad, Fue un escenario polifónico que tuvo la particularidad de concentrar en la trama urbana a una enorme cantidad de lectores junto a escritores, artistas y dirigentes de diferentes signos políticos. Durante el transcurso de un mes –desde el 1 de abril hasta el 4 de mayo. Los editores imprimieron a la Feria un sello moderno y popular, la dinámica que se planteó fue más igualadora que en otras experiencias. En efecto, por empezar, los libros estaban al alcance de la mano de cualquier lector curioso.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Puerto Madryn . Chubut.

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

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