San Rafael, Mendoza miércoles 08 de diciembre de 2021

Pista argentina en Malvinas – Por:.Beatriz Genchi

El 15 de noviembre de 1972 se inauguró la pista de aterrizaje de Puerto Argentino (Stanley) construida por el Estado argentino.

Por iniciativa del entonces Capitán de Navío Ernesto Manuel Campos, que oficiaba de gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego Antártida e islas del Atlántico Sur, la pista fue construida por la Fuerza Aérea Argentina y Vialidad Nacional.

Campos consideraba fundamental, para recuperar la soberanía de las Islas Malvinas, fomentar la integración de las Islas al continente. También desarrolló el proyecto Antares, que consistía en la construcción de una planta de almacenaje de combustible en Puerto Argentino para YPF.

La historia es narrada por el comodoro (R) Gustavo Novillo que tuvo la oportunidad de ser uno de los tripulantes en asistir a la inauguración de la pista de aluminio y fue el piloto elegido para despegar por primera vez la aeronave desde las Islas Malvinas a Comodoro Rivadavia. En 1972 un nuevo puesto lo sorprendería para hacerse cargo de la Escuadrilla Operativa de F-27 lo que implicaba planificar el itinerario y realizar la organización previa al despegue en lo que respecta a la cantidad de combustible necesario, condiciones meteorológicas y posibles eventualidades.

Un dato curioso es que el aeródromo de Stanley, que construido por la Fuerza Aérea Argentina junto con Vialidad Nacional, le debe sus cimientos a la Base Marambio. Los materiales adquiridos para hacer la pista en Marambio no eran aptos por las condiciones climáticas de la Antártida entonces se utilizaron para realizar el aeropuerto en Malvinas.

El primer obstáculo al que se enfrentó el comodoro Novillo, que en ese entonces era capitán, fue al cambio de itinerario de vuelo. Al principio se previó que la aeronave despegue de Rio Gallegos por la proximidad a las Islas, sin embargo, la cancillería decidió que los vuelos regulares salgan desde Comodoro Rivadavia, ya que esta ciudad estaba más equipada y preparada para recibir a los pasajeros que venían de distintos puntos del país para hacer el trasbordo que tenía como destino final Puerto argentino.

Una particularidad, es que en Puerto argentino en ese entonces no contaba con estaciones para reabastecer a las aeronaves por lo que cuando desplegaban con un avión que no tenía tanques externos, lo que facilitaba el transporte del combustible, había un trabajo adicional que hacer, calcular el gasto de la nafta entre la ida y la vuelta de acuerdo a las condiciones meteorológicas.
Llegó el 15 de noviembre de 1972, fecha histórica en la que el Fokker F-27 despegó por primera vez desde Comodoro Rivadavia a Puerto argentino, luego de realizar un trabajo exhaustivo de operaciones para prever la eficacia del vuelo.

Partieron temprano por la mañana de Comodoro con una convocatoria relevante de pasajeros que llenaron dos aviones. “Al llegar, ya estaba parte de nuestra gente, que había estado trabajando en la pista, y algo de sorpresa fue que en la oficina de control de pasajeros, en lo alto del techo, estaban las dos banderas, la argentina y la británica”, relató el comodoro Novillo.

“Y ahí estaba el honorable gobernador de Malvinas, el señor Lewis, de saco y galera para recibirnos. Fue una ceremonia corta, en la que Lewis, dijo unas palabras”, agregó el comodoro. El entonces comandante de Regiones Aérea, brigadier mayor Higinio González, respondió a la bienvenida del gobernador: “los habitantes de estas Islas y los del territorio continental argentino, consientes del ejercicio de las libertades humanas, anhelan vivamente reencontrarse en el diálogo fecundo” (…) “Quiera Dios que este aeródromo consagrado a tan noble propósito, sirva para hacer realidad la paz, la concordia y la intercomunicación entre los hombres de buena voluntad”.

Al principio la iniciativa de unir estos dos destinos con una línea aérea estatal no fue bien recibida por los habitantes: “En el trayecto del Aeródromo al centro de Stanley, una zona muy rocosa, con las típicas casitas de la campiña inglesa, de piso alto, escalera y de madera, vi que alrededor de unas 15 casitas, en los primeros vuelos, ponían en el vidrio de la puertas, la leyenda Keep the Falklands Bristish (mantengamos británicas a las Malvinas) como respuesta a nosotros. A los dos meses, lo tenían pegado la mitad, y no porque se les haya volado, sino porque habían tenido una buena experiencia y finalmente no aparecieron más cartelitos”, relató el comodoro.

Novillo también aprovechó la experiencia para practicar su inglés, lo que implicaba comunicarse con los malvinenses, con quienes, vuelo tras vuelo, construyó una relación amena: “Lo que fue una sorpresa para mí fue que en un 90%, los habitantes de Malvinas, no eran de Reino Unido, sino de colonias inglesas de países como Australia, Nueva Zelanda, África”.

La llegada del emblemático F-27 implicó mejorar la calidad de vida de los malvinenses ya que hasta el momento anterior a abrir la ruta aérea solo podían recibir correspondencia y elementos por medio del barco Darwin que partía desde Uruguay cada 3 o 4 meses. Ofrecer un nuevo servicio aéreo regular implicó generar progresos en la localidad: “Cuando empezamos a volar la vida en Malvinas tomó un carácter distintos porque tenían transporte semana a semana, el Darwin se reservaba para las cosas más pesada”, explicó Novillo y agregó “luego llegó el combustible y gas envasado, y los habitantes nos invitaban a almorzar para hacernos probar platos típicos de su descendencia”.

Mientras la vida de los habitantes de Stanley mejoraba paulatinamente, los trámites burocráticos para ingresar a Malvinas se tornaba más rigurosos, los tripulantes contaban con una credencial para ser presentada en migraciones al momento de ingresar, a ese requerimiento legal el comodoro Novillo respondió defiendo la soberanía de las Islas: “¿Perdón? Estoy cumpliendo funciones comerciales de una línea aérea argentina y comunicando ciudades argentinas, nosotros somos pilotos argentinos y estas islas son argentinas, entonces yo no estoy en el extranjero, estoy en mi país, asique discúlpenme pero no voy a mostrar la credencial”.

Fue así como vuelo tras vuelo Novillo construyó una relación amena con los habitantes de Malvinas de ese momento pero jamás aceptó moverse en las Islas como un extranjero, porque ellas siempre serán parte del suelo argentino.

Gentileza: 

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

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