San Rafael, Mendoza jueves 28 de octubre de 2021

La gigantesca maravilla – Por:.Beatriz Genchi

El Coloso de Rodas fue una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo y la estatua más alta y más ambiciosa del período helenístico.

La última de las siete maravillas en ser acabada, fue esculpida en honor a los dioses como agradecimiento por la victoria frente a los invasores enemigos. Con su asombroso parecido con la estatua de La Libertad de los Estados Unidos, el coloso de Rodas aguantó en pie menos de sesenta años por culpa de un terremoto.  Tanto su ubicación como lo que le sucedió tras ser destruido por el sismo son hechos que permanecen envueltos en un absoluto misterio.

Desde siempre la pequeña isla griega de Rodas ha sido el nexo principal entre los mares Egeo y Mediterráneo, y fue asimismo un importante centro económico del mundo antiguo. La capital, también llamada Rodas y construida en el año 408 a. C., fue diseñada para poder aprovechar el mejor puerto natural de la isla sobre la costa norte.

En el siglo IV a. C., Rodas se alió con Ptolomeo I de Egipto para luchar juntos contra su común enemigo, Antígono I Monoftalmos de Macedonia. En el 305 a. C., Antígono envió a su hijo Demetrio a capturar y castigar la ciudad de Rodas por aliarse con Egipto. Demetrio atacó la isla con 40.000 hombres armados, comenzando una guerra que duró todo un año. Posteriormente Ptolomeo envió como refuerzo toda una flota de barcos y el ejército de Antígono tuvo que abandonar el sitio, dejando allí, la mayor parte de su maquinaria de asedio. Para celebrar la victoria, los rodios vendieron esta maquinaria y decidieron invertir las ganancias en la construcción de una estatua enorme en honor a su dios del sol, Helios. Estatua que fue conocida como “El Coloso de Rodas”.

Casi tan alto como la emblemática Estatua de La Libertad construida 2.000 años después, el coloso también fue erigido como una celebración de la libertad alcanzada.

Según Plinio el Viejo, un historiador griego que vivió varios siglos después de que el coloso fuese esculpido, su construcción duró 12 años, completándose en el año 280 a. C. Siendo como era el orgullo de la ciudad, sus habitantes pensaban que la estatua permanecería siempre en pie. Carlos de Lindos fue su arquitecto, teniendo a su cargo la tarea de construir una estatua casi dos veces más alta que cualquiera de las creadas hasta ese momento.

La base se realizó en mármol blanco y la estructura se erigió gradualmente con planchas de bronce reforzadas sobre un armazón de hierro y piedra. Según el libro de “Filón de Bizancio”, se emplearon 15 toneladas de bronce y 9 de hierro, aunque estas cifras parezcan irrisorias para los arquitectos modernos. El bronce procedía de una fuente inusual. Se decidió fabricar el coloso con las armas de bronce de los invasores vencidos junto con una gigantesca torre de asedio enemiga capturada de unos nueve pisos de altura que sirvió de andamiaje al proyecto.

Era una estatua de dimensiones sobrehumanas. Medía más de 30 metros de altura, lo que la convirtió en una de las estatuas más grandes del mundo antiguo; sólo su muslo medía, supuestamente, 3 metros de ancho mientras que su tobillo medía 1.5 metros de longitud.

En la actualidad no sabemos con seguridad ni la exacta ubicación que ocupaba, ni hacia dónde miraba, ni cuál era la postura del Coloso de Rodas. La única certeza que se tiene es que jamás estuvo en pie, con las piernas separadas, haciendo las veces de puerta de entrada al puerto, tal y como se le ha representado en numerosos dibujos medievales. Si la postura de la estatua una vez acabada hubiese sido esa, es seguro que la bocana del puerto habría quedado bloqueada durante su construcción.

Nos podemos hacer una idea del aspecto que pudo tener esta estatua gracias a la imagen acuñada sobre algunas de las monedas que nos han llegado de aquella época. Los escritos de testigos oculares y narradores de entonces nos hablan de una estatua enorme y asombrosa. Sus descripciones hacen referencia a la efigie de un hombre desnudo que porta, orgulloso, una capa sobre su brazo izquierdo u hombro y que mira hacia el este, contemplando el sol naciente, mientras sostiene una antorcha en una mano y una lanza en la otra. Algunos opinan que, además, llevaba puesta una corona de púas, otros creen que protegía sus ojos del sol naciente con su mano derecha o, quizás, que utilizaba aquella mano para sostener la antorcha en lo alto en una postura similar a la de la Estatua de la Libertad.

La estatua se mantuvo en pie 56 años hasta que la isla de Rodas fue sacudida por un terremoto en el año 226 a. C., que destruyó la mayor parte de la ciudad e hizo que el coloso se partiera a la altura de las rodillas, provocando que se derrumbara y se hiciera pedazos. Se dice que los rodios recibieron la oferta de Ptolomeo III Evergetes de Egipto para cubrir todos los gastos de restauración del monumento, pero que rehusaron dicho ofrecimiento. Los rodios consultaron al oráculo de Delfos temiendo que la estatua  hubiera ofendido, de algún modo,  al dios Helios, que habría provocado el terremoto para derribarla. Aunque abatida y convertida en ruinas, miles de personas seguían acudiendo y quedaban asombradas al verla.

Los restos, entonces, tal y como se cree fueron fundidos para acuñar monedas y fabricar herramientas, utensilios y armas. Muchos creen imposible construir tal estructura con la tecnología de aquella época, y dudan de si realmente existió. Recientes hallazgos arqueológicos han demostrado que el coloso estuvo en pie sobre la colina que pasa por encima de la bahía,  donde ahora se ubica un castillo medieval. Los investigadores descubrieron piedras talladas que se remontan a la época del coloso. Estas piedras fueron utilizadas más tarde para construir la fortaleza que hay ahora a la entrada del puerto. Se cree que formaban parte de la base de la gigantesca estatua.

El asombroso Coloso de Rodas continúa a día de hoy destacando por encima del resto de maravillas del mundo antiguo.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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