San Rafael, Mendoza martes 26 de octubre de 2021

La cantante de Abba -Por:.Beatriz Genchi

Cuando la Alemania nazi del Tercer Reich capituló en toda Europa y sus tropas huyeron de Noruega después de cinco años de ocupación, Synni Lyngstad se quedó sola con su madre. Era soltera, cursaba un embarazo de tres meses y comenzaba a soportar el desprecio de todo el pueblo de Ballangen. Para los vecinos, Synni y otras miles de muchachas campesinas eran consideradas prostitutas y traidoras a la nación.

Pero ella solo se había enamorado de Alfred Haase, un soldado nazi de la Wehrmacht, cuando tenía 16 años, y ahora que la guerra había terminado llevaba en su vientre el fruto de un programa de reproducción para la “mejora de la raza aria” conocido como Lebensborn.

Lebensborn Eingetragener Verein fue la organización creada por el líder de las Schutzstaffel (SS), Heinrich Himmler, con el objetivo de expandir de manera biológica el ideario nazi, impulsando a los soldados para que tuvieran niños arios con mujeres “aptas racialmente” no solo en Alemania, sino también en los territorios ocupados como el pueblo noruego de Bjørkåsen, donde finalmente nació la hija de Synni Lyngstad, el 15 de noviembre de 1945, a seis meses del final de la Segunda Guerra Mundial.

Su madre, sumida en la más absoluta pobreza y repudiada en su propio país, la bautizó como Anni-Frid Lyngstad, pero más tarde todos la conocieron como Frida, la cantante morocha de ABBA.

Si Alemania hubiera ganado su suerte hubiera sido otra, pero tras la capitulación, el odio de la posguerra hacia la descendencia de los soldados alemanes fue tan grande que los psicólogos del gobierno de Noruega, encargados de informar sobre los niños y sus madres solteras, concluyeron que las mujeres que habían fraternizado con alemanes eran “de talento limitado y psicópatas asociales, algunas de ellas seriamente atrasadas”, como documentó un artículo histórico del diario The Guardian.

Después de dos años de asedio y discriminación, Synni Lyngstad, su mamá, y la pequeña Frida, o la “bastarda alemana” como la llamaban en el pueblo, emigraron hacia Suecia, para comenzar una vida nueva lejos del estigma imborrable del programa Lebensborn.

Asentados cerca de Estocolmo, la mamá de Frida murió a los pocos meses. La niña quedó al cuidado de su abuela Arntine, costurera e impulsora de la carrera artística meteórica de Frida.

En Estocolmo, su abuela hizo todo lo posible para ver a su nieta feliz y la apoyó en su sueño de ser cantante; con su magro ingreso de costurera llegó a comprar un piano en cuotas para seguir desarrollando el talento musical de la niña, aclamada en todos los ámbitos donde se presentaba.

Cuando Frida tuvo 16 años todo parecía encaminado. El pasado había quedado muy lejos, su voz resultaba encantadora y la manera en que se movía en el escenario, sin ningún tipo de timidez, le abrieron las puertas de los concursos musicales de la TV sueca y de discográficas como EMI.

Ella no conocía la historia completa y en su interior sentía que algo no estaba bien. Creía que su padre había muerto en un naufragio y jamás había oído hablar de programa de reproducción nazi Lebensborn, hasta que, durante los comienzos de su relación con Benny Andersson y el éxito de ABBA (nombre creado a partir de las iniciales de cada uno de sus integrantes, en el que la última “A” corresponde a Anni-Frid), una fan alemana le hizo llegar a la cantante una revelación perturbadora: su padre estaba vivo.

El ex soldado estaba casado y tenía otros dos hijos. Fue cuando Andersson su esposo, arregló un encuentro entre Frida y su papá, Alfred Haase, el exmilitar nazi que ahora trabajaba de pastelero. El encuentro, sin embargo, fue frío y algo sobreactuado.

“¡Una hija de treinta y dos años! Imagina eso. ¡Nunca supe que esa niña especial en Noruega, mi Synni, que nunca respondió a mis cartas cuando regresé a Alemania, dio a luz a mi hija! Lo primero que pensé cuando me di cuenta de que era realmente cierto fue: ‘Cuán cruel puede ser la vida’. Porque Synni, la mamá de Anni-Frid, debe haber sido extremadamente infeliz, cuando murió, sola”, dijo Haase a la revista Pop. Anni dijo, por su parte, en el mismo reportaje: “Cuando siempre has pensado que eres huérfano, empiezas a soñar con tus padres. Intentas imaginar cómo habrían sido. Tenía un par de fotografías de mi madre, pero realmente no me identificaba con ellas. Y de mi padre solo supe que era un soldado alemán, que se ahogó cuando su barco fue torpedeado, cerca de Dinamarca. Ahora que conozco a Alfred Haase y sé que solo él puede ser mi padre no podría estar más feliz. ¡Porque no podría haber deseado un padre mejor!”.

Alfred Haase juró hasta el final de sus días que jamás supo que su novia en Noruega, estaba embarazada. Tampoco se refirió al programa Lebensborn. No volvió a ver a Frida. Murió el 23 de febrero de 2009.

“Frida luchó por dejar atrás su doloroso pasado y jamás ha vuelto a hablar del tema. En 1981 se divorció de Benny Andersson y se casó con el príncipe Heinrich Ruzzo Reuss Von Plauen, un miembro de la familia real alemana que más tarde murió”, escribió Tim Tate, un estudioso del Lebensborn y autor del libro Hitler’s Forgotten Children.

Frida se casó por tercera con el príncipe Reuss von Plauen, con quien convivía desde 1986. Su casamiento con el príncipe Reuss le abrió las puertas de la Corte Real sueca. Y desde entonces, la niña noruega que fue concebida en el marco de un experimento nazi para crear una raza superior, la niña huérfana que sufrió el destierro y el rechazo de su pueblo, ahora detenta el título de Su Alteza Serenísima la princesa Anni-Frid de Reuss, condesa de Plauen.

En la actualidad Frida reside en Zermatt, Suiza, y se dedica a obras de caridad, en especial, la prevención de drogas y temas ambientales. Y también graba cada tanto algún que otro disco como solista.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

 

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