San Rafael, Mendoza sábado 25 de septiembre de 2021

“Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, Séneca (año 56 DC) y Alberto Fernández (2021)

Una de las imágenes del festejo en Olivos en plena cuarentena Una de las imágenes del festejo en Olivos en plena cuarentena

Muchas veces el hipócrita no quiere engañar conscientemente, sino que usa el engaño o la mentira como un mecanismo inconsciente de defensa

Fue un hecho hipócrita. No hay otra manera de calificarlo. Firmar un DNU encerrando a la sociedad para evitar contagios en medio de una pandemia y brindar con diez personas sin barbijos ni distancia social en la intimidad de Olivos no es solamente un error. Es un acto que denota percepción de impunidad. Sonreír para la foto es, además, impunidad total.

Año 56 después de Cristo. Corte de Nerón. Sentado en el banquillo de los acusados está Séneca, el filósofo estoico, líder indiscutido de debates sobre la moral en la época, enfrentando un juicio por conspiración:

– “Porque yo no hablo de mí, sino de La Virtud”, aclara Séneca.

– “Es decir, que ¿habla de una manera y vive de otra?”, insisten los jueces.

– “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, sintetiza el filósofo en su defensa.

La célebre frase llegó hasta nuestros días como síntesis perfecta del concepto de hipocresía. Un hipócrita es quien se comporta de forma contraria a los principios que pregona. Como pasó con Séneca.

Para el lingüista y analista social Noam Chomsky, la hipocresía es la negativa a aplicar en nosotros mismos los valores que aplicamos en otros, y es uno de los males centrales de la sociedad moderna. (Un buen ejemplo serian los libertarios que marchaban el año pasado en contra de las restricciones y hoy se rasgan las vestiduras porque el Presidente terminó haciendo lo que ellos pregonaban).

Pero, para el Olivos Photo Gate que sacudió este inicio de la campaña electoral, más interesante que la definición de la Real Academia Española o de los analistas políticos, es la interpretación freudiana. Visto desde el punto de vista psicológico, muchas veces el hipócrita no quiere engañar conscientemente, sino que usa el engaño o la mentira como un mecanismo inconsciente de defensa.

Es un emergente de su propia debilidad. El mismo mecanismo que lo lleva a mentir (“no recuerdo haber estado en una foto así”, le dijo a alguno de sus colaboradores el miércoles) y a buscar afuera la responsabilidad principal (”un brindis de mi ‘querida’ Fabiola”).

“Haz lo que yo digo y no lo que yo hago” (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)
“Haz lo que yo digo y no lo que yo hago” (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

Obviamente que llevado al sillón presidencial —no al sillón del analista— la interpretación psicoanalítica tampoco sirve de atenuante. Es probable que a Alberto Fernández no le alcancen los dos años que le quedan de mandato para recuperar la credibilidad y autoridad moral que tuvo en medio de la pandemia. La sanción social, hasta puede ser exagerada o injusta. Pero es lo que hay.

El episodio pegó de los dos lados de la grieta. Del lado de la oposición se están haciendo un festín. Consiguieron alinearse en medio de su propia balacera. Los tiros entre Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales desaparecieron. Pero también los protagonistas del espacio se radicalizaron.

La vorágine de las redes sociales a la que son tan adictos los llevó hacia el extremo. Hoy no hay espacio para los moderados. Hasta el pedido de juicio político, que saben que no prosperará, les parece poco. El problema no sería que asumiera Cristina. La ley de acefalía empieza a correr después de los dos años de mandato. Así que, si destituyeran a Fernández hoy se debería llamar a una nueva elección. Toda una elucubración política que queda en el terreno del marketing, la exageración y la fantasía.

Pero las esquirlas pegaron también en el electorado propio. Si bien fueron los comunicadores más alineados con el Gobierno los que se animaron a las primeras autocríticas, los más perjudicados —lejos— fueron los militantes.

El Presidente dejó a la intemperie y sin argumentos a los miles de chicos y chicas que están recorriendo las calles de tierra del conurbano profundo buscando el voto para el Frente para la Victoria. Ahí no hay bronca. Hay decepción y tristeza.

El problema no es la posible doble moral. El tema es la contundencia de la prueba. En un mundo visual, las fotos inoportunas son lápidas. Posiblemente la denuncia sobre la deuda externa, el blanqueo de capitales de amigos y familiares autorizado por Macri en contra de la ley del Congreso, las cuentas off shore de los Panamá Papers, etc, signifiquen muchos millones más que la plata que José López tenía en los bolsos la noche de su paranoia. Pero las imágenes del convento y el relato de los vecinos fue concreto y real.

Una noche antes del cumpleaños de Fabiola, Mauricio Macri se iba en una misión insondable hacia Paraguay en plena restricciones. Pero no sonrío ni se dejó sacar ninguna foto.

Algo de esto parecen haber entendido los más jóvenes de la coalición oficialista. Después de la bronca inicial, La Cámpora salió ayer en férrea defensa de Alberto Fernández. “Con la mitad de la indignación mediática de estos días aplicada a otras fotos nos hubiéramos ahorrado el endeudamiento de las próximas décadas”, tuitearon, acompañando una foto en el mismo comedor del cumple de Fabiola, donde se veían sonrientes a Macri, Juliana Awada, Nicolás Dujovne y Cristine Lagarde.

Está claro que la coalición oficialista quiere dar vuelta la página. Encerrar el tema en la grieta. Y volver a su esquema de campaña.

Después de la bronca inicial, La Cámpora salió ayer en férrea defensa de Alberto Fernández con esta imagenDespués de la bronca inicial, La Cámpora salió ayer en férrea defensa de Alberto Fernández con esta imagen

El martes será el turno del apoyo de Cristina. Compartirá acto con Alberto y seguramente ya no se hablará de los “errores humanos”. Después de las primeras horas, cuando el núcleo del albertismo cayó en lecturas conspirativas de todo tipo (esto es fuego amigo), cuando el vocero presidencial quedó en el centro de las criticas por la forma en la que se filtró la información y el kirchnerismo se replegó en el silencio, anoche ya estaban todos dispuestos a remontar la cuesta.

La idea es ganar la elección (“no por mucho”) y barajar y dar de nuevo el día después. El “no por mucho” es casi un deseo. Un triunfo contundente reafirmaría a Fernández en sus zonas erróneas. El es el único que está conforme con la efectividad de sus colaboradores. Cristina, Máximo, Axel y Sergio Tomás son críticos en mayor o menor medida del elenco ministerial. Por eso piensan en un triunfo “por poco” y hasta hay a quien no le da miedo —aunque no la anhelan- una derrota. El kirchnerismo está acostumbrado a esos sinsabores de medio término. Y siempre los aprovecharon para despertar.

Esa sería la consigna. Que el Gobierno despierte después de la elección. O que Cristina que hasta ahora fue totalmente respetuosa a pesar que de lejos se publicite lo contrario, tome el toro por las astas para evitar que se sigan cometiendo errores amateurs.

Los cañones apuntan a varios flancos. La operatividad de la Jefatura de Gabinete y a la falta de visión estratégica en el Ministerio de Economía. “Que termine su trabajo y se vaya”, se volvió a escuchar entre los más ultras anti Guzmán. Pero también al entorno más intimo de Alberto. Ese que falló —alegan— a la hora de cuidar al Presidente de sí mismo.

“No son profesionales, se nota que llegaron sin sudar la camiseta, no entienden el poder’, son las frases lapidarias que se replican entre quienes no están todos los días en la residencia de Olivos. Desde el albertismo se defienden. “Con nosotros no, que nosotros no tenemos que andar explicando nuestro patrimonio”, replican en una espiral que termina siempre en lodazal.

Por lo pronto, entre el muro de la Residencia anoche se apuntaba contra los “catones de la moral”. Aquellos críticos severos de la conducta de los otros. Un término que en tiempos del Imperio Romano era visto como una mala palabra.

Fuente:https://www.infobae.com/opinion/2021/08/15/haz-lo-que-yo-digo-y-no-lo-que-yo-hago-seneca-ano-56-dc-y-alberto-fernandez-2021/

 

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