San Rafael, Mendoza jueves 16 de septiembre de 2021

Como si fuera nuestro – Por:.Beatriz Genchi

El 2 de agosto de 1921 a las 9 de la mañana falleció en el Hotel Vesubio de Nápoles una celebridad mundial Enrico Caruso, víctima de una terrible septicemia. Las primeras manifestaciones de salud del tenor, fueron a fines del año anterior en Nueva York donde había cantado en el Metropolitan el 24 diciembre su última ópera “La Juive”.

El 30 de diciembre era operado (según lo relata Pedro E. Rivero en su libro “Enrico Caruso en Córdoba”), por el afamado médico John Erdman, en su suite del hotel convertida en quirófano, “al practicarse la incisión brotó un líquido oscuro con tal violencia que salpicó la pared opuesta. Se le extrajo 4 litros”.

El velatorio se hizo en la planta baja del hotel, donde se levantó un catafalco, y previamente había sido embalsamado. Las exequias fueron imponentes, el cuerpo fue colocado en un ataúd de cristal, pero en 1927 fue reemplazado por uno de bronce, ya que comenzaban a notarse algunos signos de descomposición.

Buenos Aires no fue ajena a la impresión por su muerte. Había conquistado al público porteño, desde su llegada aquel 3 de mayo de 1899 en que a bordo del “Reina Margarita”, un diario ese mismo día publicó esta nota: “¡Enrico Caruso! Sois famoso de la Scala de Milán, de San Petersburgo, de Mosca, en Fedora, en Fausto, en la Bohéme, en Lucía, en Traviata, en Cavallería, noi saremo amici”. Y si fue un gran amigo, volvió en 1900, 1901, 1903, y en 1915 y 1917, en los últimos tres años también Montevideo lo aclamó.

La avenida Corrientes donde estaba el teatro de la Opera, fue el escenario de las cuatro primeras temporadas y las dos últimas el teatro Colón.
De la temporada de 1899 quedan numerosos testimonios en los medios, La Prensa afirmaba el 8 de agosto: “Cavalleria Rusticana (título original en italiano), que se dio anoche, fue bien ejecutada en conjunto y de una manera sobresaliente por el tenor Caruso, a quien se le pidió repetir La Siciliana del primer acto y cantó tres veces el brindis”. El 10 de agosto en los cultos a Santa Filomena en la iglesia de San Miguel, habría de cantar Caruso el Ave María. Era casi la víspera de su partida del país.

En mayo de 1900 apenas llegó, La Prensa comentaba: “El Señor Caruso ha vuelto con su bella voz, generosa, a veces en exceso y por momentos dominada con habilidad y buen gusto”. Como presentaban varias operas unas semanas después afirmaba: “Diremos que el señor Caruso revela en esta obra haber progresado como cantante y como actor. Su mezza voce se liga hoy con más facilidad con las notas de pecho, siempre brillantes y de buen timbre. Tanto la Serenata del primer acto que tuvo que repetir, como toda su parte en el segundo fueron bien interpretadas”.

El 10 de agosto cantó en los funerales que se hicieron en la Catedral de Buenos Aires en honor del Rey Humberto I, y el 12 de agosto participó de una velada organizada por las Damas de Caridad con la finalidad de recaudar fondos para los asilos maternales. La velada se realizó en el Club del Progreso, en el inmenso salón cuyos salones “daban a la calle Perú, se colocaron butacas con ornamentaciones florales”. La orquesta del teatro de la Opera estaba dirigida por el maestro Vittorio Vanzo, y actuaron las sopranos Valentina Mendioroz y Avelina Carreras, la contralto Virginia Guerrieri, el barítono Eugenio Giraldoni y Caruso. La velada fue un éxito especialmente por los dos números que accedieron gustosos los artistas al pedido de las damas presentes. El 15 de junio, la compañía abandonaba Buenos Aires después de una gira coronada por el éxito.

Caras y Caretas en un reportaje presentó al personaje con todas las aficiones que tenía, fotografía, pintura, coleccionista de antigüedades y además un eximio esgrimista. Cuando el periodista le preguntó que le parecía el país contestó: “Bellísimo, yo quiero a Buenos Aires como si fuese mi patria. Y me parece que estando en el no he salido de Italia”. El cronista le replicó: “Si, pero es triste y monótono”, a lo que replicó: “Ustedes hablan siempre así de satisfechos que están. Mire, si yo no fuera tenor, me quedaba en Buenos Aires”.

Caruso tenía un tío Liberato Baldini, hermano de su madre casado con Angela Meola, instalado en Buenos Aires desde 1882 aproximadamente. De profesión zapatero, apenas llegó trató de encontrarlo, la presencia de este hombre gravitó positivamente en el ánimo del tenor, le traía los recuerdos de su madre fallecida cuando él era muy joven, el trato con primos hermanos y la franca camaradería en esas largas mesas que convocaba a parientes y amigos.

Apenas los encontró, no dejó jamás de enviarles entradas para el teatro en todas las giras que realizara a Buenos Aires. En una de esas visitas a la casona familiar se encontró con Manuel Aulitta, esposo de su prima hermana Sara Baldini, consultando la famosa sábana que informaba los premios obtenidos en los sorteos de la Lotería de Beneficencia. Don Manuel nada había ganado y Caruso sin problema le quitó la sábana y con el arte del lápiz que también poseía le hizo un retrato.

A raíz de un artículo publicado en La Prensa sobre los 80 años del general Mitre, y la velada que le organizaron en el Teatro de la Opera en la que se puso en escena “Rigoletto” con la actuación de Caruso, una amable lectora la señora Alicia Baldini, nieta de Eduardo Vicente Francisco Baldini (primo hermano de Caruso) tuvo la gentileza de ponerse en comunicación, como descendiente de un hermano de la madre del tenor.

Se le pregunto sobre que representa todavía hoy en la memoria y en la tradición familiar Enrico Caruso y esto es lo que escribió especialmente: “Cada vez que visitaba Buenos Aires convocaba a la familia, y tenía una especial atracción con los niños. En una oportunidad llevó a uno de los sobrinos a un ensayo general de “I Paglicci” en el Colón, festejo que continuaba después del espectáculo con regalos, golosinas y mimos al niño. El chico asistió emocionado y cuando Caruso tomó el cuchillo para asesinar a la infiel esposa, el niño gritó: “¡Tío, no la mate!”.

Gentieza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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