San Rafael, Mendoza domingo 01 de agosto de 2021

Va de perlas…Por:.Beatriz Genchi

Perlas o también llamadas “lágrimas de alegría de Venus/Afrodita”. En la antigua Roma eran consideradas como el más alto símbolo de posición social. A las mujeres de rango inferior se les prohibía llevarlas. Las romanas de clase alta dormían con ellas para tener presente su riqueza al despertar. Calígula, aquel emperador que tanto quiso a su caballo de carreras “Incitatus”, entre otros excesos lo adornó con riendas de perlas.

Desde siempre se ha considerado la perla una de las gemas más preciosas y por esto ha sido identificada como símbolo de poder y prestigio. Hace más de 2000 años atrás en la antigua Roma eran el objeto más precioso que se pudiera adquirir con dinero. Julio Cesar, general romano, dictador y amante de ellas hizo aprobar una ley en el siglo I a.C. que impedía a las clases sociales no consideradas nobles usaran perlas.

Parece que la costumbre de adornarse con perlas tuvo origen en la India y otros puntos de Asia donde los fenicios la propagaron por Europa. Los griegos llamaron a la perla margarites, pero no parece que se generalizara su uso hasta después de la guerra de los persas y de las conquistas de Alejandro. En Asia Menor se extendió su empleo después de la conquista de Lidia por Ciro. En los Proverbios se habla repetidas veces de las perlas, lo cual indica que los hebreos las conocían. Durante la dominación de los Ptolomeos en Egipto, el uso de las perlas adquirió proporciones extraordinarias, y más tarde los grandes señores de las cortes de Europa se servían de las perlas no sólo para adorno, empleadas en collares, brazaletes, pendientes, sortijas, etc., sino para bordados de vestidos. La reina Elizabeth I sentía tal fascinación por las perlas que fue incluso llamada “Reina de las Perlas».

Entre las motivaciones de Julio César para aventurarse a la conquista de Gran Bretaña estaba el control del comercio de perlas de Escocia. Cuenta la leyenda que la propia Cleopatra apostó con Marco Antonio a que era capaz de preparar la cena más fastosa del mundo, más incluso que las que se organizaban en Roma. Marco Antonio incrédulo, aceptó la apuesta y cuando llegó a la cita, en la que no faltaban viandas y sirvientes quedó poco impresionado por el festín y así se lo comunicó a su anfitriona. Cleopatra, entonces, cogió una de las perlas de sus pendientes y la sumergió en vino hasta que se disolvió. Bebió de ese particular vino de perla y Marco Antonio tuvo que admitir que había perdido la apuesta.

La apreciación histórica de las Perlas está documentada además en las religiones. En el Nuevo Testamento (Mateo 13, 45-46) Jesús compara el Reino de los Cielos a una “espléndida perla”, mientras en el Corán (35:33) el Reino de los Cielos cuenta con “jardines de perpetua felicidad y quién entrará será adornado con brazaletes de oro y perlas”.

Lo más interesante de esta gema de una belleza extraordinaria, que ha sido una fascinación sin tiempo y clásico en la joyería; es su origen. Que es orgánico, sin dudar una maravilla de la naturaleza.

Las Perlas son una reacción natural de algunos moluscos (sobre todo ostras pertenecientes a la familia Pteriidae) defendiéndose de elementos extraños: cuando una substancia irritante, como un minúsculo fragmento de coral o un parásito se insinúa en el delicado tejido del molusco, éste pone en acción un mecanismo de defensa que consiste en una reacción que cubre lentamente la partícula con una mezcla de cristales de carbonato de calcio y una proteína, formando la sustancia conocida como nácar, que es la sustancia que recubre las paredes interiores de las valvas.

Con el tiempo, en algunos casos, este proceso dará nacimiento a una Perla que tardará aproximadamente 10 años en crearse. Hasta principios del siglo XX el único modo de obtenerlas era bucear a grandes profundidades, extraer la ostra, abrirla y comprobar si había habido suerte y una perla ocupaba su interior.

Eran las familias más pobres de los mares orientales los que realizaban esta ardua tarea. Se calcula que para obtener una perla natural realmente valiosa es necesario extraer 200.000 ostras, por lo que no es difícil imaginar lo poco gratificante de la tarea, por no hablar de los riesgos que corrían estas personas que se sumergían a pulmón a grandes profundidades.

La demanda de perlas llevó al práctico agotamiento de las reservas a finales del siglo XIX, así que el sector se puso a investigar otros modos de obtenerlas. En 1908 tuvo lugar el primer cultivo de perlas a cargo del japones Kokichi Mikimoto: un primer cultivo rudimentario había sido experimentado en China en el siglo V, pero fue Mukimoto, llamado “el Rey de las Perlas” a obtener perlas perfectamente redondas. A partir de los años 60, las perlas cultivadas se han difundido en el mercado y consecuentemente se han vuelto más accesibles para todos, aunque las perlas formadas de forma natural, siguen muy raras y difíciles de conseguir y, por tanto, las más valoradas. Con precios que pueden superar el millón de dólares.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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