San Rafael, Mendoza lunes 02 de agosto de 2021

Donde todo es barato – Por:.Beatriz Genchi

 Es sorprendente el origen de algunas cosas que consideramos que siempre han existido. Y, como todos los otros vicios, el de comprar puede ser incentivado y exacerbado. Hay personas que detestan entrar a un shopping o incluso en un gran supermercado, pero hay otros que consideran esto un gran placer.

Naturalmente, las tiendas departamentales son el lugar donde uno consigue de todo: desde un alfiler hasta un elefante. Pero no crea que esto de las tiendas departamentales fue algo que existió siempre. En el pasado, cuando uno se quería comprar un par de zapatos, tenía que ir a una zapatería, cuando se quería comprar una camisa tenía que ir a una tienda dedicada a ello y así sucesivamente.

El ancestro de la tienda por departamentos tenemos que irlo a buscar al año 1838 en una primera pequeña tienda en París que se llamaba Au Bon Marché. Pertenecía a dos hermanos, Paul y Justin Videau. Su tienda tenía varios mostradores donde se vendían telas, mercería, paraguas y colchones. Más tarde se unió un joven que había llegado a la capital francesa, de origen extremadamente modesto, Aristide Boucicaut (se pronuncia Bucicó). Fue él quien tuvo nuevas ideas que hicieron que el volumen de negocios de la tienda de los hermanos Videau creciera exponencialmente.

Tal fue el ascenso de las ventas, que los hermanos Videau tuvieron miedo y vendieron a Aristide todas sus partes de negocio a un muy bajo precio. Ya para esta fecha, Aristide era secundado por su esposa Marguerite. Los orígenes de Marguerite Boucicaut eran humildes y hasta analfabeta. Comenzó como lavandera y después trabajó como camarera en un café donde conoció al que sería más tarde su esposo.

Fue el año 1863, con la venta de las acciones de los hermanos Videau, que comenzó el gran auge de Au Bon Marché. A partir de ese momento, Aristide y Marguerite se dedicaron a expandir su negocio. Pidieron la astronómica suma de 2 millones de francos a un amigo que había hecho fortuna en Nueva York en el mundo de la repostería. Así comenzó su sueño. No se trataba de vender… se trataba de inspirar el deseo de comprar. Las innovaciones fueron numerosas e históricas.

Hasta ese momento, una persona que quería hacer una compra en una tienda tenía que ser atendido por el vendedor. Los vendedores eran exclusivamente hombres. No se podía tocar la mercancía. Por otra parte, si usted entraba a la tienda se consideraba que forzosamente iba a comprar. Entre las innovaciones de los esposos Boucicaut estaba el poder entrar a la tienda, pasearse y no estar obligado a comprar. También se mostraba el precio al público porque, antes de Aristide y Marguerite, el precio era según la cara del cliente.

Otras de las novedades era vender barato (de hecho “Au Bon Marché” se podría traducir como “Donde todo es barato”). Ellos consideraban que de esta forma el stock se agotaba pronto y los compradores vendrían más adelante a comprar novedades. Fueron ellos los que impusieron la venta de los saldos.

Fueron ellos los que impusieron la venta por catálogo. Para estas fechas, medio millón de catálogos se imprimían y enviaban a medio mundo por barco. Las elegantes del planeta escogían su modelo en el catálogo, seguían las instrucciones que se les daban para tomarse las medidas. Se enviaba el pedido con el pago por correo y en el próximo barco de París llegaba de vuelta el vestido a la medida en un paquete… “Vestido hecho especialmente para mí en París”.

Aristide y Marguerite fueron los creadores del famoso “Satisfecho o reembolsado”. Crearon el mes de venta de blancos y también fueron los creadores de probarse la prenda antes de comprarla. Como las damas no querían que fueran hombres los que se ocuparan de ayudarlas en esta tarea, se contrataron jovencitas que llegaban de las provincias. En el último piso de la tienda se acondicionaron pequeños departamentos, donde eran alojadas. De 16 horas de trabajo al día la bajaron solo 12. Instauraron un día de descanso a la semana pagado, seguro de enfermedad y, después de 20 años de servicio, jubilación.

Como cada vez era mayor la cantidad de mercadería que se vendía en la tienda y mayor la cantidad de clientes, Au Bon Marché se vio en la necesidad de aumentar sus espacios de forma continua, participando en ello importantes arquitectos franceses. Uno de ellos fue Gustave Eiffel. En 1923 se abrió una gran tienda de productos alimenticios adjunta a Au Bon Marché llegando a vender hasta 40 toneladas de alimentos al día. Para 1910, Marguerite consideró que era necesario un hotel de lujo en la orilla izquierda de París, Le Lutetia. El único gran hotel de esta parte de París y a pocos metros de su tienda para que las acaudaladas señoras de provincia y el extranjero tuvieran un lugar adecuado donde alojarse al visitar la tienda. Primero falleció Aristide y después Marguerite. Como no tenían descendientes ni herederos, Marguerite legó como herencia el equivalente de 300 mil euros de nuestros días a cada uno de sus empleados.

El célebre escritor francés Emile Zola, fue testigo del inmenso éxito que tuvo esta tienda y del importante hecho de sociedad que habían ocasionado las innovaciones de los esposos Boucicaut. Zola y consideraba esta tienda como “un palacio babilónico” donde las señoras podían venir para salir del estricto límite que le imponían las paredes de su casa para pasar una tarde agradable, comprando o no, solo viendo cosas agradables a la vista. Durante semanas interrogó a los vendedores de la tienda para poder crear su novela “Au bonheur des dames”, testimonio de primera mano el inicio de la era del consumismo.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

 

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