San Rafael, Mendoza lunes 21 de junio de 2021

¡Borbón a las armas! – Por:.Beatriz Genchi

En marzo de 1956, Alfonso (Alfonso de Borbón y Borbón, infante de España) y su hermano Juan Carlos (Juan Carlos I Rey de España) partieron desde España hacia Portugal en el Lusitania Express, para pasar las vacaciones de Semana Santa con sus padres y hermanas en Estoril Portugal. Donde desde principios de 1946 ​el conde de Barcelona, tras su exilio, establecía la residencia familiar.

Entonces el 29 de marzo, festividad de Jueves Santo, Alfonsito, comenzó el día acudiendo junto a toda su familia a la misa matutina. Y a primera hora de la tarde, acudio al Club de Golf, donde competía en la Taça Viscon de Pereira de Machado. ​ Era un apasionado de este deporte, al igual que su padre.

Al regresar, Alfonso y Juan Carlos subieron a la planta alta. Hacia las ocho, jugueteaban con un arma corta, y Alfonso recibió un disparo. La bala provenía de un revólver de pequeño calibre, prácticamente inofensivo; pero a Alfonso le alcanzó la cabeza, por lo que murió de forma casi instantánea. Cuando los condes de Barcelona subieron al cuarto de juegos, su hijo menor yacía sobre un charco de sangre. Pese a los esfuerzos del padre por reanimarle, el infante murió en sus brazos. Acto seguido, don Juan, según diversas fuentes, cubrió el cuerpo de su hijo con una bandera de España que había a mano y, volviéndose hacia Juan Carlos, le espetó: “¡Júrame que no lo has hecho a propósito!”.

Abel Hernandez (biógrafo de la monarquía) transmite la descripción de Doña María: “Alfonsito se las arregla para comprar balas en una armería (…). Pero el peligroso entretenimiento dura poco (…). Don Juan, muy enfadado, les había quitado la pistola, ya que el día anterior habían estado disparando a las farolas. La esconde bajo llave en un cajón de su despacho (…). Me piden insistentemente la pistola. “No es para disparar, mami, sólo para verla”. Harta de tanto ruego, busco la llave del secreter en la chaqueta de mi marido y se la doy (…). La bala le entró a Alfonsito por la nariz y le alcanzó el cerebro (…). Pilar, fue la única que escucho el disparo, y nunca olvidará aquel ruido sordo”.

Años más tarde, Franco, ante el propio conde de Barcelona, justificó con las siguientes palabras su idea de que lo mejor era mantenerle lejos del trono: “Mírese Vuestra Alteza a sí mismo: dos hermanos hemofílicos (Alfonso y Gonzalo), otro sordomudo (Jaime); una hija ciega (Margarita); un hijo muerto de un tiro (Alfonso). A los españoles, tantas desgracias acumuladas sobre una sola familia no pueden agradarles”.

Ahora con motivo del 60 aniversario de esta terrible muerte, es para analizar la relación amor-odio entre los Borbón y las pistolas. Sin embargo, ni aquella muerte del infante frenó los gustos del Rey Borbón por las armas de fuego. Pese a todo, Juan Carlos de Borbón ha seguido ejerciendo como cazador a lo largo de toda su vida. De hecho, el monarca se ha convertido en un absoluto apasionado de las cacerías. De lo que conocemos no pocos incidentes.

Otro episodio en la historia de los Borbones y las armas es el del disparo de Froilán (Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón) en su pie. Y es que, al hijo de la infanta Elena, le encantan los toros y la caza. En la memoria de los españoles aún perdura el gesto contrariado de doña Elena saliendo de la clínica en la que se recuperaba su primogénito del disparo. Lo cierto es que el contexto del accidente, mientras practicaba con su padre Jaime de Marichalar, no le hizo gracia. Es quizá ella, la Borbón con menos afición. Felipe sí, ha heredado los gustos de su padre y se comenta un hecho que denota hasta dónde llegaría su pasión por las armas. El primer regalo que Felipe le hizo a Letizia fue una escopeta (un romántico diría yo).

Y a don Juan Carlos, siempre le quedará esa cicatriz de aquel jueves santo de 1956. Una herida que aún “sangra” por la eficacia de una bala, en su memoria. En el mejor lugar de su despacho privado, mirando siempre con lágrimas en los ojos. Estaba la fotografía de su hermano y le dicea a quien quiera escucharlo: “A nadie le he querido como a él”.

Gentileza: 

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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