San Rafael, Mendoza lunes 10 de mayo de 2021

En el velódromo francés – Por:.Beatriz Genchi

La premisa histórica de no ponerse de acuerdo con las cifras, no se cumple en el que fue uno de los actos más vergonzosos cometidos por la Francia del mariscal Philippe Pétain: la redada del Velódromo de Invierno sucedida el 16 y el 17 de julio de 1942. En ella, el mismo político que fue condenado tras la Segunda Guerra Mundial por colaborar abiertamente con la Alemania nazi hizo que los gendarmes galos arrestaran exactamente a 12.884 judíos afincados en el país. De ellos, 4.051 eran niños, 5.802 eran mujeres y 3.031 eran hombres.

La triste historia de Francia en la Segunda Guerra Mundial comenzó a mediados de mayo de 1940, cuando los germanos dieron comienzo a la conquista del país galo. Donde la nación se vio obligada a capitular frente a la esvástica. Las razones para ello fueron una mezcla de antisemitismo, miedo y ansias de poder. A Pétain le prometieron que la ocupación iba a ser muy breve, y que tras ella podría recuperar Francia. El mariscal pensó que, cuando acabara la guerra, podría gobernar todo el país sin oposición. El poderío alemán ocupo el norte, la región más rica y productiva de Francia e hizo que el gobierno de Vichy (y Philippe Pétain, al frente del mismo) se mostrara totalmente dócil durante toda la Segunda Guerra Mundial.

Desde allí, y a partir del 17 de junio de 1940 (cuando se le dieron plenos poderes a Pétain), la Francia de Vichy hizo algo que no se había visto en el país desde antes de que la revolucionarios de 1789 ascendieron al poder: imponer una serie de ideas ultraconservadoras que solo sobrevivían en las zonas más rurales del país. A partir de ese momento, en la “France” proliferaron decenas de leyes antisemitas que secundaron la locura nazi.

La del Velódromo fue una deportación masiva planeada con la colaboración del gobierno de Vichy y que fue denominada “Operación viento primaveral”. A cargo del comisario general de asuntos judíos del país. Este movilizó, nada menos, que a unos 9.000 gendarmes, funcionarios y policías galos de todo tipo de la “France” colaboracionista.

A partir de las cuatro de la mañana este improvisado ejército francés sacó a hombres, mujeres y niños de sus casas. Las órdenes eran que no se dejasen convencer por las súplicas de nadie. Los franceses incluso se extralimitaron llevándose a los niños de entre dos y doce años. Algo que los nazis no querían porque les resultaba un estorbo tener que ocuparse de ellos.

En palabras del historiador y escritor Mario Escobar (autor de «Los niños de la estrella amarilla», una novela histórica que narra la resistencia de un pequeño pueblo galo ante el nazismo), la mayoría de estos judíos eran extranjeros que habían llegado a Francia a partir de 1933, cuando Hitler ascendió al poder y empezó a poner en práctica sus políticas antisemitas. “Muchos habían tenido niños en Francia que, por tanto, ya tenían la nacionalidad francesa. El gobierno de Vichy les quitó antes de esta redada la nacionalidad para poder arrestarlos y deportarlos sin problemas”, explica.

Tras el arresto, el gobierno colaboracionista dividió en dos grupos a los presos. Una parte (principalmente los hombres solteros y sin familia) fueron llevados hasta campos de internamiento como el de Drancy, al norte del país. El resto (mayoritariamente mujeres y niños) fueron trasladados en autobuses hasta el Velódromo de Invierno de París.

Aquel lugar habitualmente de jolgorio se convirtió durante varios días en un auténtico infierno. Así queda corroborado en el informe que una asistente social que accedió al velódromo y publicó en 1942 “Los contados w-c que hay en el Velódromo, están atascados y no hay nadie que los arregle. Todo el mundo está obligado a hacer sus necesidades a lo largo de los muros. Abajo han colocado a los enfermos. Los barreños que tienen al lado rebosan porque no hay donde vaciarlos. […] La gente no bebe ni se puede lavar. El abastecimiento consiste en un cazo de leche por niño de menos de dos años (y tampoco llega para todos) y dos rebanadas de pan de 2 cm de grosor para todo el día (y no todos la consiguen). De momento se aguanta porque la gente ha traído provisiones de su casa, pero de aquí a pocos días no respondo de lo que pueda pasar”.

Finalmente, a partir del 18 de julio los presos empezaron a ser deportados hacia Alemania o hacia otros campos intermedios galos. Muchos de los “reos” no regresarían jamás, pues su destino serían las cámaras de gas.

Posteriormente este horror trató de esconderse: Todo fue indiferencia y silencio durante generaciones. Esta fue la cara más amarga de un país que, desde entonces, ha intentado excusarse ante el mundo exacerbando la imagen de La Résistance (el mítico grupo de combatientes que se enfrentó a Adolf Hitler y ayudó a los aliados a reconquistar París tras el Desembarco de Normandía). Por desgracia, aquel deplorable hecho fue el culmen de una extensa lista de políticas antisemitas que, tras la invasión germana, fueron instauradas por el gobierno colaboracionista francés. El cenit de un pueblo que aceptó de buen grado las exigencias de la Alemania nazi y cuyo triste legado ha sido ocultado durante décadas.

Al menos, desde hace unos cuatro años, y ya fuera empezado por el presidente Jacques Chirac en los años noventa, Emmanuel Macron (2017)  ha señalado durante el 75 aniversario de este infame suceso la importancia que tiene para su país aceptar su pasado colaboracionista: “Es Francia la que organizó la redada y la deportación y, por tanto, la muerte de las 13.152 personas de confesión judía arrancadas de sus domicilios el 16 y el 17 de julio de 1942. No hubo un solo alemán que ayudase en la redada”.

Gentileza: 

Beatriz Genchi  – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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