San Rafael, Mendoza viernes 05 de marzo de 2021

Algunas mujeres … – Por:.Beatriz Genchi

Fue la Reina Victoria de Inglaterra y la culminación del imperio británico.
Cuando en 1830 la princesa Victoria –tatarabuela del rey Juan Carlos y de la reina Sofía– fue reconocida como presunta heredera al trono británico, la prensa la llamó la “Rosa de Inglaterra”. Sólo tenía doce años y encarnaba la regeneración de una monarquía minada por los escándalos de sus últimos titulares. Criada en el palacio londinense de Kensigton en un ambiente recogido, siendo una adolescente tan simple como piadosa, Alexandrina Victoria, a la que por entonces llamaban Drina, a todos les parecía hija de clérigo alemán.

Mas el día de su coronación, a los dieciocho años, en la abadía de Westminster, el 28 de junio de 1838, sorprendió por su dignidad y, luego, por la inteligencia demostrada en sus primeras intervenciones oficiales. No era para menos, ya que quien había de ser reina del Reino Unido y de Irlanda hasta el día de su muerte –y luego primera emperatriz de la India desde el 1 de enero de 1877– enseguida reveló un gran instinto para los asuntos de gobierno.

Poco después de convertirse en primer ministro, Benjamin Disraeli la llamó “Reina de las Hadas”. Ciertamente, Victoria, diminuta y vivaracha, parecía salida de un cuento infantil. Ahora bien, la monarca sabía mandar, y lo hizo durante los 64 años que duró su reinado, el más largo de la historia de Gran Bretaña hasta ser superada por la reina actual, Isabel II.

La época victoriana marcó la cima de la Revolución Industrial británica y el apogeo del Imperio. Cuando Victoria se convirtió en reina, Inglaterra era agraria y rural; a su muerte, el país estaba industrializado y conectado por una moderna red ferroviaria.

El suyo fue un tiempo en el que se dieron cita avances culturales, políticos, económicos y científicos, como las teorías de Darwin, y también la doble moral puritana y los asesinatos en serie de prostitutas londinenses a manos de Jack el Destripador.

Nada pudo la fuerte personalidad de Victoria ante el fallecimiento del príncipe consorte, Alberto, víctima del tifus en 1861. Tras su muerte, la soberana se recluyó para idealizar el recuerdo de su amado. A partir de entonces, la vida de la reina parecía de una monotonía abrumadora, sólo interrumpida por las labores oficiales yyy … por su simpatía por un criado escocés llamado John Brown. Se ha dicho que entre ambos hubo un romance y que incluso llegaron a contraer matrimonio en secreto.

Victoria murió el 22 de enero de 1901 en Osborne House, en la isla de Wight, a los 81 años. Tras el duelo oficial, el 2 de febrero Victoria fue sepultada en el Mausoleo de Frogmore junto a los restos de su marido. Cuando el cadáver de la reina fue depositado en el ataúd, le acompañaban dos recuerdos: al lado derecho, uno de los trajes de gala de Alberto; en su mano izquierda se colocó un mechón de pelo de Brown, junto con un retrato del criado. En cierto modo, y a tenor de los insistentes rumores, había fallecido también la “Señora Brown”.

Es importante no olvidar que fue muy bien secundada por su Príncipe Alberto, quien, por ejemplo, la llevo a conocer las bondades de la industrialización. Ya es muy conocida su exposición industrial en el Palacio de Cristal. Visitada por tres millones de personas destacando su interés internacional, ya que por entonces Inglaterra contaba con dos millones de habitantes.

La Reina encarnó la regeneración de la monarquía británica y de su mano, Inglaterra llegó a ser primera potencia mundial.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica

Puerto Madryn – Chubut.

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