San Rafael, Mendoza viernes 23 de julio de 2021

Las pasionales cartas de un romance escrito – Por:.Beatriz Genchi

Más allá de sus obras literarias, los escritores Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán mantuvieron una correspondencia romántica de lo más intensa hace más de un siglo.

Nos ponemos en situación, estamos a finales del siglo XIX con dos de los nombres más importantes de la literatura en castellano y en gallego (en el caso de ella). Además de sus obras, la vida de ambos escritores es intensa y muy interesante.

Todo comenzó, según se estima, sobre el año 1881 cuando Emilia Pardo Bazán comienza a escribirle a un escritor más experimentado en busca de consejo. «Ilustre maestro y amigo» o «Querido y respetado maestro», son algunos de los encabezamientos de las cartas que se conservan.

Su relación se iniciaba así de una forma amistosa y profesional, pero fue derivando con los años en algo mucho más intenso. Asentada ya en Madrid, donde Benito Pérez Galdós vivía también, Emilia Pardo Bazán se separa de su marido, José Quiroga, en 1883 al no verse apoyada en su carrera en la prensa. Su esposo le habría exigido que se retractase de algunos de sus artículos publicados y que eligiese entre la literatura y su matrimonio. Pues Pardo Bazán lo tuvo claro, y eligió las letras.

Así, a partir de 1884 comienza a cartearse y verse de forma más asidua con el autor, con el que mantiene una admiración mutua. Un tiempo donde en sus cartas podemos leer encabezados como ‘Amigo querido e inolvidable’ o ‘Amigo querido y no digo más’.

Una amistad que va creciendo entre las calles de Madrid y sus constantes viajes y que va un paso más allá en torno a 1888, cuando entre ellos estalla la chispa del amor. A pesar de lo que pueda parecer para algunos, todo (o casi) estaba inventado en esta cuestión hace siglos. Así que los mensajes eróticos, el conocido sexting de las aplicaciones, ya triunfaba en el siglo XIX en formato postal, como nos demuestran estos grandes autores.

Algunas de ellas son muy subidas de tono, pero centrándonos en las palabras más románticas, nos podemos encontrar con algunas de las frases que el libro ‘Miquiño mío’ (mote cariñoso de la gallega para el escritor que sería como ‘mico mío’ o ‘pequeño mío’) recoge: «Ratonciño querido», «Te muerdo un carrillito y te doy muchos besos por ahí, en la frente, en el pelo y en la boca». «Me están volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jamás escribiste con tanta sencillez, con una gracia más bonita y más tierna. No sé las veces que he leído esta última epístola, ni el bien que me hizo, ni cuánto se me humedecieron los ojos… Un beso del fondo del alma», encontramos también en las letras de la gallega.

Aunque, como en toda buena novela o serie romántica, los protagonistas se enfrentaron a un duro golpe a su amor. Alrededor de 1889 Galdós descubre que Emilia Pardo Bazán tiene una aventura con José Lázaro Galdiano, el empresario y coleccionista de arte.

Por suerte para nuestros literatos enamorados, la reconciliación no tardó en llegar. Así que de nuevo por las cartas que encontramos de la autora, volvió la conexión más íntima entre ellos. «Pánfilo de mi corazón: rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos dulcemente de literatura y de la Academia y de tonterías. ¡Pero antes morderé tu carrillito”, manda en una carta Bazán a Galdós!

Unas letras que nos transmiten la felicidad de la pareja, y nos permiten conocer el lado más personal de estos dos increíbles escritores. Por ejemplo: «Mi bien, mono, compañerito, que te acuerdes mucho, mucho, de mí, y con las mismas saudades que yo de ti». «Que sueñes en renovar horas tan venturosas, y que vayas tramando el modo de realizarlo en compañía de tu Peinetita, que te besa un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo», como se expone en el espacio virtual que el Instituto Cervantes le dedica.

Unas semanas después, nos encontramos con: «Ven a tomar posesión de estos aposentos escultóricos. Aquí está una buitra esperando por su pájaro bobo, por su mochuelo. Hay en mí una vida tal afectiva y física, que puedo sin mentir decir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y más que nada porque nunca me habías perdido; porque te quise ayer y te querré mañana».

Sin embargo, a partir de 1890 la cosa comienza a cambiar en esta relación epistolar. Aunque se sigue manteniendo un tono cariñoso, con expresiones como «ratoncito mío», sus encuentros comienzan a desaparecer. Todo parece indicar que se debe a que Galdós había dejado embarazada a Lorenza Cobián, una nueva relación con la que tuvo una hija en Santander en 1891.

 Así, aunque su relación amorosa quedará rota mantuvieron una correspondencia postal muy amistosa hasta 1915, cuando se cree que la débil salud del autor (ciego por cataratas y con secuelas de una apoplejía) le hizo dejar de escribir tan a menudo. Aunque quizás, sencillamente, es que no se conserven. Lo que sí sabemos, como analizan en el Instituto Cervantes, es que Pérez Galdós era muy discreto con su intensa vida privada, prefería contar la historia de otros, por lo que no sorprende que no dejara cartas tras su muerte. «Nada de esto merece que se le cuente al público», escribió a su amigo Leopoldo Alas Clarín.

Benito Pérez Galdós falleció en 1920 a los 76 años en Santander, mientras que solo un año después fallecería su querida Emilia Pardo Bazán a los 69 años en Madrid por complicaciones en su diabetes.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

 

 

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