San Rafael, Mendoza sábado 16 de enero de 2021

Las siestas de Thomas Edison – Por:.Beatriz Genchi

Edison trabajaba duro todos los días en busca de inventos valiosos para el mercado. Una de las áreas de su investigación incluyó cómo maximizar su productividad y su pensamiento. Una forma de lograr ambas cosas era tomar una siesta: “Disfruto trabajando unas 18 horas al día. Además de las breves siestas que tomo cada día, y duermo entre cuatro o cinco horas por noche en promedio”, afirmó Edison.

Durante algunas de sus sesiones de siesta hizo más que recargar sus baterías internas, usó su imaginación para trabajar en problemas creativos. Las siestas de trabajo requerían sentarse erguido en una silla. Sentarse le dificultaba dormirse por completo y le permitía mantenerse ligeramente consciente durante estas sesiones. Para asegurarse aún más de que no se quedaría dormido, sostenía un cojinete de bolas de acero en cada mano. En el suelo, colocado directamente debajo de su mano cerrada, habría un platillo de metal. Si se quedaba completamente dormido, sus manos se relajarían y cada rodamiento de bolas caería al suelo, golpeando el platillo de metal, haciendo un ruido lo suficientemente fuerte como para despertar a Edison.

Con esto Edison estaba utilizando lo que se llamó hipnagogia. La hipnagogia es el estado (en realidad, una variedad de estados) que se puede experimentar mientras nos aferramos a la conciencia y avanzamos hacia el sueño. Implica la relajación corporal y la relajación del control del enfoque cognitivo/emotivo. En la hipnagogia obtenemos el beneficio de una especie de deambulación emocional y cognitiva. Este deambular se puede guiar suavemente, como hizo Edison, o dejarlo abierto para ir a donde quiera ir. La deambulación guiada tiene la ventaja de tener presente un tema de nuestro interés para poder observarlo desde nuevos ángulos y aprender cosas nuevas. Edison hablaba en serio al establecer las condiciones para poder permanecer en este estado durante largos períodos.

El enfoque de Edison funciona perfectamente bien, pero aquí hay dos formas más que no requieren bolas de acero.

Método 1 – Acuéstese en una cama, boca arriba y apoye la parte superior del brazo (desde el hombro hasta el codo) con el codo plano sobre la cama. Doble el codo y mantenga la parte inferior del brazo (desde el codo hasta la punta de los dedos) apuntando hacia el techo. Cuando te duermas, tu brazo caerá sobre la cama y llamará tu atención. Despierta un poco y luego regresa a la deambulación hipnagógica.

Método 2: use una alarma de despertador ligeramente modificada: obtenga una alarma de alerta de sueño para el automóvil por unos pocos dólares. Cubra el pequeño altavoz que suelta una alarma cuando detecta la caída de la cabeza hacia abajo al quedarse dormido. Esto hará que el sonido sea tolerable, ya que no es necesario que sea muy fuerte. Hay que poner el dispositivo sobre la oreja y sentarse en una silla como Edison. Mantener la cabeza nivelada. Relajarse física y mentalmente y dejar que la mente divague.

En la hipnagogia todo puede arremolinarse: visiones, pensamientos, sentimientos, sensaciones físicas y quién sabe qué más. Pasarán tantas cosas que no es posible que recordar todo, por lo que se necesitará alguna forma de recordar lo que es más importante. Entonces hay que Intentar tomar algunas notas durante el proceso o poco después de finalizar la sesión. Todo esto requiere práctica, pero … dicen que es sorprendente lo rápido que puede dominarse la entrada en la hipnagogia. Nos espera un viaje placentero y fructífero a los futuros Einstein.
«Para inventar, necesitas una buena imaginación y un montón de basura». A.E.

Gentileza

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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