San Rafael, Mendoza domingo 24 de enero de 2021

La primavera de las Matrioshkas – Por:. Beatriz Genchi

En abril plena primavera rusa, los árboles de tilo tienen sus troncos llenos de savia, temporada que los torneros aprovechan para salir al bosque y obtener la madera ideal (suave y ligera) que les permita fabricar sus matrioshkas, mamushkas o babushkas, esas muñecas encajadas unas dentro de otras y que son el souvenir más popular de Rusia.

Al maestro tornero le toma dos años preparar la madera. Pasado el tiempo, tomará sus cinceles y comenzará a tallar las matrioshkas: primero, la más pequeña, la que dará la medida para hacer la parte inferior de la siguiente muñeca; después, hará la parte superior de ésta y así continuará hasta completar una serie de cinco, ocho, 10, 25 o 30, todo dependerá de su ingenio y dedicación.

La técnica básica de elaboración de las matrioshkas requiere mucho tiempo y esfuerzo y no ha cambiado con el tiempo. En pintarla a mano pueden tardar de tres minutos a tres horas, o aún más, semanas o meses de trabajo. Al principio, se enceraban, pero más tarde los artesanos empezaron a cubrirlas con laca que conservaba el color y las preservaba. A principios del siglo pasado, cada artista aportaba algo de su propio mundo a la muñeca que estaba haciendo: se dibujaban niñas con falda, con pañuelo en la cabeza, con cestas y ramilletes variopintos y además, la cantidad de figuras que llevaran dentro también era una marca personal del artista. En 1913 se talló una que tenía 48 figuras y hoy en día hay juguetes con cien muñecas dentro. A veces llevaban un secreto adentro. Así, en las entrañas de la muñeca “Novio y novia” se encontraban múltiples parientes; otras estaban dedicadas a eventos o personajes históricos, o a los protagonistas de los cuentos rusos.

La matrioshka aporta la idea de maternidad, fertilidad, riqueza y vida eterna y es un símbolo de la tierra rusa. Simboliza la familia grande y unida, la infinidad del mundo. Refleja la cultura filosófica de Rusia, donde los mitos y los cuentos populares se proyectan en el arte, por eso un artesano que hace muñecas tiene que conocer muy bien el folclore ruso. Quizás, ahí se esconda la metáfora: para entender la verdad y la esencia del alma rusa uno tiene que quitar todas las “capas” que contienen a los descendientes de la memoria histórica del pueblo. Para entender a un ruso hay que ir “sacando” las capas superficiales para finalmente alcanzar el alma.

Hay diferentes creencias sobre ellas; por ejemplo, existe la idea de que, si se pone dentro un papel con un deseo, con toda seguridad se cumplirá, y cuanto más tiempo dedicó el artesano a crear el juguete, más rápido se cumplirá el deseo. También se dice que representa el calor del hogar y es un símbolo que lleva a casa amor y esperanza.

La muñeca se ha usado desde su aparición como un juguete creado para los niños, pero no solo podían los niños jugar con ella, también podían darle un uso muy práctico ya que a menudo ayudaban en el proceso de aprendizaje de cálculo en las aldeas rusas.

Las primeras tuvieron mucho éxito en países europeos tales como Francia y Alemania y se vendían ahí a precio muy alto. Hace 100 años ganaron en la Feria Internacional de París su primera medalla de oro por su originalidad. Ahora son los extranjeros los que poseen las colecciones más completas. Se conoce que un coleccionista norteamericano tiene unas 6000 muñecas y que hay grandes colecciones de matrioshkas en Austria.

En 2001, abrió en Moscú el Museo de la Matrioshka, el único en el mundo. Expone copias de las primeras mamushkas rusas que se pueden comparar con las modernas, con las de finales del siglo XIX con ocho “hijos” adentro y con las figuras japonesas de Fukuruma. La colección del museo cuenta con setenta trajes de diferentes épocas (desde finales del siglo XIX-XX), que los coleccionistas buscaron por todas las regiones de Rusia.

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

 

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