San Rafael, Mendoza sábado 23 de enero de 2021

La idea de regalo de navidad Tudor -Por:.Beatriz Genchi

«El sombrero de Bristowe» se cree que una vez perteneció a Enrique VIII (el mismo que ordeno decapitar a Ana Bolena), que se lo regaló a su empleado de vestuario Nicholas Bristowe en ocasión de una navidad. Este regalo fue tan importante que la familia Bristowe se ocupó del sombrero durante siglos, viendo lo bien que se ha conservado hasta hoy.

Se dice que el sombrero es el mismo que fue arrojado al aire en triunfo, por Henry VIII cuando capturó Boulogne y fue rescatado y guardado como recuerdo de la victoria por uno de sus cortesanos (Bristowe).

Está hecho de lujosos materiales, incluyendo plata y seda, adornado con una pluma de avestruz y tiene hoy, una ordenada hilera de agujeros donde una vez habría piedras preciosas.

Durante el reinado de Enrique VIII, las joyas de estilo medieval dieron paso a los diseños renacentistas, entre los que destacaba los camafeos y los grabados con motivos clásicos. Muchas joyas estaban adornadas con motivos de la naturaleza, y gran número de ellas eran marcadamente simbólicas y con frecuencia daban cuerpo a alusiones visuales o juegos de palabras.

Las joyas eran imprescindibles para definir el status social de una persona, incluso más que la indumentaria, por eso la importancia que tenía para mozo de vestuario. En la corte, ambos sexos hacían gran ostentación de joyería, la mayor parte de la cual era obra de orfebres londinenses o se importaba de Italia, París o Brujas.

Enrique VIII poseía una enorme colección de joyas, mayor que la de cualquier otro rey inglés. Parte de ellas eran heredadas, pero muchas las hicieron por encargo, algunos diseños eran del propio monarca. A Enrique le encantaba enviar agentes al extranjero en busca de piezas raras.

Los collares y sombreros de Enrique eran increíblemente espléndidos, con incrustaciones de piedras preciosas de altísimo precio. También era dueño de noventa y nueve anillos de diamantes.

Buen número de joyas suyas fueron robadas, «se perdieron a espaldas del soberano» pero muchas las regalaba voluntariamente. Parte de la colección de joyas del rey Enrique tenían un significado religioso, tales como los relicarios, insignias para sombrero, crucifijos, corazones, devocionarios y colgantes de «IHS» o «Jesús», pero con la llegada de la Reforma estas cosas pasaron de moda.

El rey se aseguró de que sus sucesivas esposas estuvieran bien provistas de joyería. La reina de Inglaterra poseía dos colecciones: sus joyas oficiales, que había heredado de las anteriores consortes y entre las que había algunas piezas muy antiguas e históricas, y sus joyas personales, que valían una fortuna.

Actualmente se conservan pocas joyas de la Casa Tudor. Al cambiar los gustos, las piezas se fundían para hacer otras, por lo que la mayor parte de la información sobre estas piezas procede de fotos y de documentos escritos.

Retomando con el sombrero enjoyado, siempre se creyó daba buena fortuna, y parece que se la dio al propio Bristowe, quien demostró ser un sobreviviente igualmente extraordinario. Y pasó a trabajar con la corona muchos años. Entendiéndose bien con Henry y luego, a través del tumulto religioso y político que siguió a su reinado, trabajando para Edward, Mary y Elizabeth.

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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