San Rafael, Mendoza sábado 16 de enero de 2021

Jack desde el infierno – Por:.Beatriz Genchi

«Desde el infierno, Señor, os envío la mitad del riñón que saqué a una mujer y he conservado para vosotros»…Con estas sencillas pero crueles palabras, empezaba la famosa carta que envió Jack el Destripador a la policía inglesa tras haber cometido el cuarto de los cinco asesinatos que perpetró en las calles londinenses de Whitechapel.

«Jack el Destripador», fue el sobrenombre con el que se dio a conocer el tristemente famoso asesino en serie que actuó en Londres entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888, y que tuvo en jaque a Scotland Yard y atemorizado al barrio de Whitechapel, uno de los distritos más pobres del Londres victoriano. Todas las víctimas de Jack fueron mujeres de clase baja, prostitutas que ejercían en la calle a altas horas de la noche. Se le reconocen cinco víctimas oficiales, aunque hubo otros seis cadáveres en la misma época que nunca se le pudieron relacionar.

La policía recibía cartas del asesino riéndose de ellos porque decía, no lo conseguirían atrapar nunca, y aunque varias de estas cartas se demostraron falsas, en la más famosa de estas misivas, (la única que se cree auténtica), conocida como: «Desde el infierno», incluía medio riñón (real) de una de sus víctimas. El autor, que hasta entonces carecía de nombre, firmó la carta como, «Jack, el Destripador».

La primera víctima de Jack fue Mary Ann Nichols, encontrada muerta de madrugada por un cochero. Entre otras mutilaciones, la desdichada Mary apareció con la garganta cortada dos veces de izquierda derecha. Durante la investigación del caso de Nichols, apareció un segundo cuerpo en un callejón, Annie Chapman, también prostituta, encontrada a las 6 de la mañana. La policía comenzó entonces a hablar de un posible asesino en serie, debido a la similitud de ambos casos, ya que Annie también tenía la garganta seccionada de izquierda a derecha, además de estar destripada.

Tiempo después, otras dos víctimas fueron encontradas una misma noche en dos lugares muy diferentes. La primera, Elizabeth Stride, apareció en un callejón sobre un charco de su propia sangre provocada por un corte en la garganta, igual que en los anteriores casos, pero al no tener más daños, la policía dedujo que el asesino fue interrumpido en mitad del acto, por lo que tuvo que escapar insatisfecho de su obra. Esto quedó claro cuando se descubrió un segundo cadáver tan solo 45 minutos después, Catherine Eddowes. Fue asesinada de la misma forma que las anteriores, con el ya famoso corte en la garganta, pero en este caso el asesino mutiló su rostro yyyy … no sigo intentando ahorrarles algún detalle (mas) macabro, un «modus operandi» similar al segundo asesinato, el de Annie Chapman. A 500 metros de donde se encontró el cuerpo de Catherine, se halló un trozo ensangrentado de su ropa, y escrito con tiza en una puerta la frase: «Los judíos son los hombres que no serán culpados de nada».

En este punto de las investigaciones, las autoridades dedujeron que el asesino tenía un conocimiento de la anatomía elevada, ya que conocía la ubicación concreta de los órganos, y sus cortes eran limpios y seguros. Varios médicos corroboraron esta teoría.

El quinto y último cuerpo fue uno de los casos más espantosos y depravados de la historia de la criminología, pues Jack se ensañó en desmedida con él, tanto, que logró conmocionar a todo Londres. De hecho, el hombre que encontró el cadáver dijo que no era obra humana, sino de un demonio.

La mujer se llamaba Mary Jane Kelly, era una joven prostituta que dejó el oficio cuando comenzaron los asesinatos. El último testigo que la vio con vida fue un obrero amigo suyo, quién describiría al acompañante que en ese momento iba del brazo con Mary como un sujeto muy elegantemente vestido, y según sus propias palabras:» Con pinta de extranjero».

Cuando la descubrieron muerta en la cama de su habitación únicamente llevaba puesto un menguado camisón que dejaba ver el atroz estropicio infringido a su organismo. Después de este crimen no se supo más del asesino Jack, y aunque existieron muchas teorías y sospechosos, jamás se dio con él, (incluso se especuló con que todos estos asesinatos habían sido perpetrados bajo una conspiración de la monarquía británica, pero nunca se demostró).

Ya en 2014, y gracias a una prueba de ADN de las ropas de una de las víctimas, se descubrió que el terror de Whitechapel podría haber sido un inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, un joven de 23 años que sufría de esquizofrenia y de alucinaciones auditivas. Aun así, según algunos expertos científicos, esta prueba no es definitiva, y la identidad del verdadero asesino continúa bajo un interrogante.

Gentileza:  Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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