San Rafael, Mendoza miércoles 25 de noviembre de 2020

Lo que deja el Premio Medifé-Filba: un mapa de lecturas con voces heterogéneas

Luis Chitarroni.

Luis Chitarroni.

Este jueves se anuncia la obra ganadora, elegida por un juradocompuesto por Eugenia Almeida, Beatriz Sarlo y Luis Chitarroni, de entre las diez novelas seleccionadas.

Las listas de los libros finalistas para el Premio de Novela Fundación Medifé Filba, el galardón que premia una obra publicada y que mañana al mediodía anunciará el texto ganador, refleja un mapa de lecturas de la ficción contemporánea argentina, donde se delinean voces, temas y búsquedas que nutren el fértil escenario literario de estos tiempos, con novelas muy distintas entre sí que van del terror al realismo mágico.
Tanto en su versión larga como en la corta, las novelas que fueron seleccionadas entre unas 200, expresan un cuerpo de narrativas que puede leerse como el reflejo de la producción editorial de 2019: fructífera, arriesgada, de gran calidad literaria, con huellas de lo real y lo autobiográfico y, al mismo tiempo, tan inmensa como la diversidad de autores y editoriales que coexisten en este país, algunos con circulación restringida y otros curiosos fenómenos como «Las malas» de Camila Sosa Villada y «Cometierra» de Dolores Reyes.

En el caso de la lista corta, sobre la cual un jurado integrado por el editor Luis Chitarroni, la ensayista Beatriz Sarlo y la escritora Eugenia Almeida deberá elegir la obra ganadora, conviven dos debuts -«Las malas» y «El último Falcon sobre la tierra» de Juan Ignacio Pisano- junto con «¡Felicidades!», la obra de un autor consagrado como Juan José Becerra ; el policial de terror «La masacre de Kruguer» de Luciano Lamberti y ese cruce entre la historia personal con la historia de la dictadura que narra «Quemar el cielo» de Mariana Dimópulos.

Beatriz Sarlo.

Beatriz Sarlo.

«El mapa muestra territorios ocupados anteriormente y algunos felizmente invadidos. Pocos confines. La tradición es ahora más inevitable que, en apariencia, voluntaria. Un gran libro, cuya temática y tratamiento se refería a esto explícitamente, debió ser relegado a causa de la emergencia de otras voces, otros ámbitos (para citar no muy felizmente a un narrador norteamericano)», sostiene en diálogo con Télam uno de sus jurados, Luis Chitarroni.

«Las malas» (Tusquets) y «El último Falcon sobre la tierra» (Baltasara Editora) son óperas primas pero con recorridos distintos: la de Camila Sosa Villada, que narra la vida de una comunidad travesti en un relato que une la invención fantástica con la desmesura trágica, generó todo un fenómeno editorial y ya se llevó un importante galardón, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz; mientras que «El último Falcon sobre la tierra», de Juan Ignacio Pisano, serpentea entre el futurismo y la distopía para mostrar un mundo derrumbado y desde que integra esta lista y en pandemia suscitó toda la atención.

Por su parte «La masacre de Kruguer» (Literatura Random House) es una novela de horror en la que Luciano Lamberti imaginó un pequeño apocalipsis homicida en un pueblo del sur con una trama policial y misteriosa, algo muy distinto a lo que construyó Juan José Becerra en «Felicidades» (Seix Barral): una novela desopilante y corrosiva sobre la deriva de un especialista en Cortázar que cambia su estabilidad por una vida como ‘homeless’ en Nueva York.

eugenia Almeida.

eugenia Almeida.

Entre la crónica y el testimonio, otro tono de narrativa es la que desplegó la escritora y traductora Mariana Dimópulos en «Quemar el cielo» (Adriana Hidalgo), donde una mujer reconstruye el pasado de su prima desaparecida durante el terrorismo de Estado de los ’70, y cuya estructura se sostiene sobre dos narradores y dos tiempos históricos distintos.

Será el jurado que componen Chitarroni, Sarlo y Almeida el que estará a cargo la decisión de esta primera edición del galardón impulsado por Fundación Medifé y Fundación Filba, que toma como modelo al Pulitzer y al Man Booker, el premio inglés que además de elegir una obra ganadora incluye en su proceso de premiación listas de títulos finalistas, primero una larga («longlist») y luego una corta («shortlist»).

Cómo fue la selección

En este caso, a diferencia de la lista corta cuya selección estuvo a cargo de ese jurado, la versión larga, que se dio a conocer en julio, fue seleccionada por un prejurado que eligió un total de diez libros entre los cuales además de los cinco que llegaron a esta instancia estaban «De dónde viene la costumbre», de Marie Gouiric; «El hombre de cristal» de Carlos Bernatek; «Furia de invierno», de Perla Suez; «Hasta que mueras» de Raquel Robles; y «Cometierra» de Dolores Reyes.

«Las diez novelas seleccionadas en la lista larga reflejan algo de la heterogeneidad de la literatura argentina actual. Registros diferentes, temáticas diferentes, miradas diferentes. Eso es lo más valioso de estos últimos años: búsquedas literarias que no se encolumnan atrás de un modelo único, o hegemónico, sino que abren diferentes caminos», asegura por su parte Eugenia Almeida, escritora, periodista y docente cordobesa .

«Entre esas novelas-agrega- hay enormes diferencias en el modo de utilizar el lenguaje, en el modo de ver el mundo y en las temáticas explícitas o implícitas que abordan. En ese sentido, para mí, la diversidad es riqueza. Hago especial énfasis en ´10 novelas´ y no solo en las cinco finalistas porque había también en la ‘lista larga’ novelas que me deslumbraron».

En ese cruce de recorridos, géneros y registros también se pueden identificar algunas líneas, búsquedas o tradiciones, como dice Chitarroni: «Las tendencias comunes aglutinan narrativa y periodismo. Una cantidad de temas que los años precedentes probablemente precipitaron y agudizaron».

En opinión de Almeida, «las variables de «insertarse en una tradición literaria», «romper con ella» o «pertenecer y romper a la vez» no son características positivas o negativas en sí. Cada novela debe ser vista en su esencia, como una obra completa. El modo en que se suma al paisaje literario no es lo más importante cuando la obra tiene su propia fuerza».

Dotado con una sugerente cifra de 300.000 pesos, el Premio de Novela Fundación Medifé Filba incorpora al calendario de premios literarios un galardón que a diferencia de la mayoría no premia obras inéditas sino que trabaja sobre un repertorio de títulos publicados en el marco de un año y en este sentido «aporta algo nuevo al panorama de premios que se entregan en nuestro país», dice Almeida.

Se refiere a que «permite un espacio de mayor visibilidad a diez novelas, rompiendo un poco la velocidad que a veces impone el mercado. Permite recuperar obras valiosas y volver a ponerlas sobre el tapete. Por otra parte, para los autores el premio no es un adelanto de nada, como suele ser en los premios que implican una futura publicación, sino un reconocimiento a un trabajo ya hecho».

¿Qué criterios se tienen en cuenta para un galardón que no va por lo inédito sino por algo que ya está en circulación? Para Chitarroni, «los criterios no siempre son los mismos», mientras que, en el caso de Almeida, no hay «diferencias entre leer una novela inédita o una novela publicada».

«La lectura es sobre la obra en sí, abstrayéndose de otras variables. Una vez hecha esa lectura, viene el debate: trabajar un consenso y sopesar la opinión de los otros jurados junto con la propia para llegar a un acuerdo», completa.

Si bien para la definición hay que esperar hasta mañana al mediodía, Chitarroni anticipa algunos de los motivos que justifican la decisión: «Decidimos armonizar un tema muy singular tratado realistamente por alguien que, pese a trabajarlo con apacible precocidad, lo hace también con una energía asombrosa y un tratamiento sobrio, económico y convincente. Todo un hallazgo».

Por Milena Heinrich

Telam

 

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