San Rafael, Mendoza jueves 26 de noviembre de 2020

¡Las máquinas de baño victorianas … próximamente! – Por:.Beatriz Genchi

Estas máquinas de baño se utilizaban para entrar al agua sin exponerse a la vista del público.
Definitivamente ninguna cultura ha sido tan extremadamente pudorosa (puertas afuera), como la sociedad victoriana de los siglos XVIII y XIX, la burguesía más decorosa de cuantas ha conocido la vieja Europa y los Estados Unidos. Y es que ya se sabe que la moral y el decoro del ser humano es algo muy frágil y el mundo podía llegar a desestabilizarse si alguien enseñaba demasiada pantorrilla. Sin embargo, las cabezas pensantes de la época pronto idearon diversas soluciones para preservar la modestia e intimidad de las féminas, siendo las máquinas de baño una de las más originales. No me pregunten por qué se llamaban máquinas de baño si no tenían maquinaria alguna, pero ese era su nombre. Este artilugio no es más que lo que ve, una suerte de vestuario sobre ruedas que permitía que las mujeres principalmente, aunque los hombres también, pudieran cambiar su ropa en la más estricta intimidad. Y es que de casa no se podía salir sin un traje completo, y desabrochar semejante despliegue de telas no debía ser una tarea fácil.

Las “bathing machines” no estaban habitualmente en la orilla, sino que eran transportadas hasta allí tiradas por caballos en los momentos de apogeo turístico y se retiraban después. Estas casetas, hechas con gruesas paredes de madera o con lonas que cubrían un armazón de madera, tenían una puerta que daba directamente al mar, con unas escaleras para facilitar el descenso.

En su interior sólo había un banco y algunas toallas. La única iluminación que tenían era la luz natural que entraba por las aberturas del techo o por pequeñas ventanas de la estructura.

Si en la playa no existían bathing machines, las mujeres utilizaban capas largas hasta los pies para cubrirse hasta llegar a un lugar donde cambiarse. Muchas de esas capas llevaban incluso capuchas para que la mujer pudiera ocultar su rostro.

Obviamente la primera medida para preservar el pudor no fueron las máquinas de baño sino las playas segregadas por sexo, lo que hacía el veraneo mucho menos interesante.

Las máquinas de baño fueron un recurso utilizado por la industria del turismo, quienes, para ganar clientela, ofrecían estos cubículos con la esperanza de convencer a las señoras y caballeros de que gracias a ellos la inocencia prevalecería.

No es que vaya a explicarles aquí cómo desvestirse y ponerse un traje de baño, no creo que sea necesario, y sinceramente tampoco sé si podría, pues estoy segura de que un traje victoriano debía llevar manual de instrucciones y montaje.

No, en realidad quería contar cómo funcionaban estas «máquinas de baño», pues como ven tienen ruedas. Tirados por caballo o arrastrados por los trabajadores, estos vestidores entraban y salían del agua según el cliente conviniese.

Caminar en traje de baño por la playa tampoco era algo deseable, por eso, después de cambiarse de ropa, las señoras eran transportadas dentro de la máquina de baño hasta el agua. Una vez allí, podían descender y disfrutar del mar, así como broncear sus medias piernas, cuello y brazos. Con tanto ir y venir, pronto se decidió dejar las máquinas de baño dentro del agua por largos períodos de tiempo y transportar en carro a los bañistas.

Conforme los años pasaron, la sociedad fue abriendo su mente y las máquinas de baño fueron cayendo en desuso. Desposeídas de sus ruedas, la mayoría fueron reutilizadas como vestidores, un elemento característico aun hoy de muchas playas.
Lo que se me ocurre pensar que con tanto asilamiento preventivo y por lo que se va proyectando en lugares turísticos de playa … si no volverán ¿las “bathing machines”?

Gentileza: 

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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