San Rafael, Mendoza martes 24 de noviembre de 2020

La visita de Roosevelt a la Argentina – Por:.Beatriz Genchi

Cuando el crucero pesado de los Estados Unidos, “Indianápolis” ingresó al puerto de Buenos Aires escoltado por los acorazados argentinos “Moreno” y “Rivadavia”, fue objeto de una cálida bienvenida, de la que participaron representantes de partidos políticos, empresarios, organizaciones intermedias, que se codeaban en el muelle pujando por un lugar de privilegio en el besamanos.

Era un gran acontecimiento: a bordo venía Franklin D. Roosvelt, el presidente norteamericano. Era la primera vez que un jefe de gobierno de ese país visitaba Argentina en el ejercicio de su investidura. En 1913 había estado su primo en quinto grado, Theodore Roosevelt, quien había terminado su período en 1909, mientras que a Herbert Hoover lo haría en 1928, una vez electo, pero antes de asumir.

El presidente norteamericano, de 54 años, era acompañado por su secretario de Estado, Cordell Hulk; su asesor en política exterior, Sumner Wells; y su hijo James, una de las personas a las que más prestaba atención a la hora de los consejos.

Era una época en la que Argentina era un país con un peso específico en la región y Roosevelt deseaba atraer con su política de buen vecino. El presidente era un ejemplo de superación. En agosto de 1921, cuando contaba 39 años, contrajo poliomelitis. Lejos de resignarse a vivir postrado, se sometió a diversos tratamientos y a buscar caminos para seguir adelante. Terminaron adaptando sus piernas y caderas con abrazaderas de metal, lo que le permitía levantarse, estar de pie y caminar unos pocos pasos, auxiliado por un bastón. Durante toda su vida fue sumamente cuidadoso a la hora de mantener fuera de las cámaras y de testigos indiscretos su silla de ruedas. En ese estado, resultó electo gobernador de Nueva York en 1928, donde su familia hacía más de doscientos años que residía y desarrollaría una carrera política que lo llevaría a la Casa Blanca en 1932.

Del puerto a la Casa Rosada fue acompañado hasta la Casa de Gobierno por el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas. Allí lo aguardaba el presidente Agustín P. Justo, en el Salón legendario el magnetismo del balcón, ya que Roosevelt solicitó saludar desde ahí a la gente que se había reunido en Plaza de Mayo. Roosevelt y su comitiva se alojaron en el Palacio Bosch, embajada de Estados Unidos y residencia del embajador desde 1929. Y el día siguiente, a las 18 horas, participó de la ceremonia inaugural de la conferencia de paz, que tuvo lugar en el Congreso Nacional. Con un par de sorpresas.

Lo que los organizadores del encuentro no se percataron es que el hijo díscolo del presidente Justo, Liborio, había conseguido que su madre, Ana Bernal, facilitara su acceso a la ceremonia. Pasando desapercibido, se ubicó en una de las bandejas. Cuando Roosevelt, ubicado en el estrado junto al general Justo, estaba por dar la bienvenida a las delegaciones de 21 países, se escuchó claramente: «Abajo el imperialismo». El norteamericano, con su mano derecha, hizo el típico gesto de calma mientras que el presidente argentino murmuró: «Este fue Liborio».

Liborio, a sus 34 años, era un militante trotskista que se había desencantado de Estados Unidos. Llevó una vida de aventuras, en las que retrató tanto en el papel como en la fotografía sus impresiones que pueden leerse en los 16 libros que publicó. Había estudiado tres años medicina, participó en la Reforma Universitaria en 1918; fue obrero en Misiones y en Paraguay, de donde su papá lo mandó a buscar. Realizó varios viajes a Estados Unidos, donde, por ejemplo, se ganaba la vida vendiendo diarios en Harlem.

Detenido en el Departamento Central de Policía, se lo dejó en libertad y llevado a pasar una temporada a una estancia en La Pampa. ¿Qué hizo su papá, el presidente Justo? Tuvieron una fuerte discusión, celda de por medio, donde la crudeza y los reproches del hijo hicieron que el padre perdiera todas sus esperanzas por encaminarlo según su modo de vida. Liborio explicaría: «Desde entonces, y hasta que terminó el período de su gobierno, dejamos de vernos».

La noche del 1º de diciembre el gobierno ofreció una cena de gala en la Casa de Gobierno y a los postres se brindó con champán. Cerraron la velada sendos discursos de Justo y de Roosevelt. Esa misma noche, en otro lugar, con otros asistentes, ocurriría un hecho desgraciado.

August Adolph «Gus» Gennerich era un ex policía de Nueva York de 49 años que había comenzado a trabajar como custodio de Roosevelt desde los viejos tiempos en que pugnaba por ser gobernador. En 1933 se había incorporado al servicio secreto y, además de ser custodia de Roosevelt, lo ayudaba en sus problemas de movilidad. Se había convertido en su amigo, del que valoraba sus buenos modales y su gentileza para con todos. La noche del 1º de diciembre salió a divertirse con sus colegas de la Policía Federal, y en un local bailable sufrió un ataque al corazón y falleció. Lo llevaron a su país en un cajón … argentino.

El 2 de diciembre, bajo una fuerte lluvia, Agustín P. Justo lo acompañó hasta el puerto y lo despidió en la cubierta del “Indianápolis”.

Roosevelt pasaría a la historia por ser el único presidente en ganar cuatro elecciones presidenciales consecutivas. «Lo único que debemos temer es al miedo mismo», decía.

Gentileza

Beatriz Genchi –beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

 

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