San Rafael, Mendoza domingo 29 de noviembre de 2020

Argumentos para una política de Estado

Hoy la urea, que es gas con valor agregado, se exporta en forma de trigo y maíz.

La Argentina debe entender los encadenamientos del valor agregado e integrar la Vaca Muerta con la Vaca Viva.

El Consejo Agroindustrial Argentino visitó esta semana al ministro de Economía y volvió a la carga con una oferta concreta: aumentar las exportaciones en 2.500 millones de dólares y crear 160.000 puestos de trabajo en las economías regionales.

Le plantearon a Martín Guzmán que el sacrificio fiscal que permitiría ese ingreso de divisas alcanzaría a 360 millones de dólares, que sería la mitad de la pérdida potencial de recaudación por haberle reducido los derechos de exportación a la minería.

La referencia a la minería nos lleva a poner nuevamente sobre la mesa el debate sobre el “modelo país”. Tuvo mucho impacto mi columna de la semana pasada, en la que planteé la expansión fenomenal de la agroindustria brasileña cuando decidieron darse vuelta y dejar de ser un país costero. Una nueva mirada hacia el interior, 45 años atrás, los llevó a convertirse en la mayor potencia exportadora de alimentos a nivel mundial. En el camino, nacieron y crecieron potentes centros de desarrollo, ciudades prósperas, migración de cerebros del campo a la ciudad, infraestructura (falta muchísimo) y calidad de vida. Fue consecuencia de un plan, una política de estado que atravesó desde el gobierno militar de los 70 hasta el de Lula y Dilma, pasando por Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso. Y ahora Bolsonaro. Nunca dieron marcha atrás. Hoy son número uno en soja, azúcar, café, carne vacuna y porcina, y están en el podio en cuanto producto agrícola consume el mundo. De paso, se dieron el lujo de sustituir el 30% de la nafta por etanol (de caña pero también de maíz) y ahora van por el 15% de corte en el gasoil. Esto es ahorro de divisas, pero también aporte al medio ambiente, con impacto global.

En la Argentina no tuvimos un plan, o más bien hubo uno: capturar la renta de la agroindustria, el sector que supo construir competitividad, para volcarla en otros segmentos de la economía y la sociedad. Pero a pesar de esta exacción, igual el campo y la agroindustria se abrieron paso.

Y en este camino hubo muchos jalones que nos llevan a pensar en lo que seríamos si alineamos los patitos. Fíjense: a mediados de los 90, cuando empezaba a fluir el gas, se instaló en la Argentina la planta de urea granulada más grande del mundo (Profértil). Estaba concebida fundamentalmente para exportación, porque en la Argentina no se utilizaban los fertilizantes. Pero con el uno a uno, la tecnología se había abaratado. También llegaron los híbridos simples de maíz y la genética francesa para el trigo, aumentando drásticamente el potencial de rendimiento.

Consecuencia: en lugar de exportar urea granulada, que es gas con valor agregado, ese fertilizante se volcó en nuestros cultivos. Entonces no teníamos urea para exportar, pero sí más trigo y más maíz. Corolario: exportamos urea, pero con valor agregado, convertida en granos.

Cuando castigamos el precio del maíz y del trigo con retenciones, el fertilizante se encarece. Entonces, se usa menos. La producción es más “extensiva”, más a base de tierra que de tecnología. Consecuencia: los rindes caen, y también la calidad. Ese es el peor efecto de las retenciones, al afectar la relación insumo producto. Lo mismo pasa con cualquier tecnología, y hoy la producción del campo es pura tecnología.

A partir del 2015, cuando se eliminaron las retenciones del maíz y el trigo, la producción se duplicó de inmediato, tanto por aumento del área como por el incremento de los rindes, fruto de un regreso a la alta tecnología, en particular, el uso de urea. Entonces Profértil comenzó a pensar en duplicar la capacidad de la planta, para abastecer el mercado interno y atender la demanda internacional. En particular la de Brasil, que no tiene gas e importa la totalidad de la urea que necesitan cada vez más.

Así, se integran la Vaca Muerta (gas) con la Vaca Viva (productos agroindustriales), no como opciones contrapuestas, sino como una espiral de valor agregado. La Vaca Viva reivindica a la Vaca Muerta, ya que convierte el gas en alimentos. Cuando entendamos estos encadenamientos, todo nos resultará más fácil y placentero.

Fuente:https://www.clarin.com/rural/argumentos-politica_0_XlxI0PEea.html

 

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