San Rafael, Mendoza jueves 01 de octubre de 2020

La sonrisa del millón de dólares – Por:.Beatriz Genchi

Un famoso productor de películas de Hollywood estaba ocupado en la selección del protagonista de su próximo film, y se encontraba al borde de la frustración porque ninguno de los actores que se habían presentado hasta entonces parecía satisfacerlo. De repente entró al foro un joven mensajero, entregó su mensaje y se despidió con una sonrisa.

El productor registró toda la escena desde la distancia. Llamó a su asistente y le pido que alcanzaran al joven mensajero y lo hiciera regresar «Ya tengo al próximo protagonista», aseguró. Al casting se habían presentado actores de renombre, algunos ya consagrados, sin embargo, este productor se veía entusiasmado por un joven mensajero, al que ni siquiera le habían tomado una prueba de actuación.

Mientras tanto su asistente había dado alcance al joven mensajero, pero tuvo que esforzarse en convencerlo de que no estaba bromeando cuando le dijo que un productor de películas lo había mandado a buscar.  Aquel joven había tomado el puesto de mensajero porque era lo único que pudo conseguir para estar cerca de su íntimo sueño de ser actor de cine.

Ahora, el productor y el mensajero estaban frente a frente. El primero le explicaba al segundo cuál era su convicción y el segundo no podía creer lo que oía. Se estaba reponiendo del shock justo cuando llegaron a la parte donde debían acordar el salario.

– «Te pagaremos U$ 11.000 dólares»- dijo el productor. No estaba mal por un par de semanas de trabajo, pero el joven mensajero estaba recién divorciado y tenía una pequeña hija a quien pasarle su pensión de alimentos, por lo que tomó coraje, abrazó al productor y, para que nadie más notara que estaba rogando un aumento le dijo al oído:

– «Podrían ser U$ 11.500? Por favor, tengo una hija pequeña a quien alimentar»

-«¡Hijo, entonces serán U$ 12.500!» – «Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Jamás me olvidaré de esto!» – le prometió el mensajero al oído.

Con las vueltas de la vida, se convirtieron en amigos entrañables. Aquel productor arriesgado más tarde cayó en desgracia, mientras que el mensajero dueño de la sonrisa del millón de dólares se convirtió en un gran actor, muy afamado. Su amigo, el mensajero que había prometido NO OLVIDARSE JAMÁS, sabiendo de la baja del productor lo llamo para pedirle que lo acompañe a una entrega del Oscar. – «Quiero que camines esa alfombra roja a mi lado» – le había dicho por teléfono. Esa noche después de la ceremonia, el actor camino mesa por mesa con su mano apoyada en el hombro del desafortunado productor como para devolverle la confianza en sí mismo, diciendo a quién quisiera escucharlo:

– «Éste es el mejor productor que hay en la industria, él es mi amigo»

El productor recuerda esa noche como uno de los mejores momentos de su vida. Aunque hubo otros. En otra ocasión, el productor sufrió un derrame y mientras aún permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos, ve a su amigo, al afamado actor parado en la puerta con su sonrisa. -«Vas a estar muy bien. Muy pronto» – le dijo.

Dos enfermeras y un encargado de seguridad llegaron hasta ahí y le ordenaron que abandone el lugar. El actor, lejos de intimidarse, miró a su amigo convaleciente y guiñándole un ojo le dijo:

-«Regreso en veinte minutos». Exactamente en ese tiempo regresó su amigo con veinte pizzas, se sentó con las enfermeras, los que hacían la limpieza y los encargados de seguridad y las compartió con todos ellos.  Aquel consagrado actor, famoso mundialmente, en lugar de estar en un lugar glamoroso, disfrutando de su vida privilegiada, estaba allí, compartiendo una pizza con trabajadores anónimos para poder ganarse el derecho de estar al lado de su amigo.

El otro momento inolvidable que al productor le fascina mencionar es el siguiente:

Cuando la vida lo golpeó fuerte tuvo que tomar una de las decisiones más tristes de su vida: Vender su hermosa mansión, donde había vivido por casi veinte años. Sin embargo, cuando la rueda empezó a girar para el lado bueno, sintió que una excelente manera de completar el ciclo era recuperar su añorada mansión. Se comunicó con el nuevo dueño varias veces, pero éste, un acaudalado francés, presidente de una gran compañía, se negaba sistemáticamente. Un día, compartió esa frustración con su amigo, el dueño de la sonrisa del millón de dólares. Al tiempo, el millonario francés, accedió a venderle la propiedad al productor. Cuando éste reingresó a su mansión, se encontró con un dibujo de su amigo actor que decía: «De vuelta en casa. ¡Hermoso!»

El ahora nuevamente afamado productor, cuando encontró la ocasión, le preguntó si tenía algo que ver con el cambio de opinión del francés y el actor le confesó que sí, que había volado a Montecarlo, pidió hablar con el multimillonario, y éste accedió a atenderlo solo por quince minutos… mientras se afeitaba. Allí estaba este actor, igualmente multimillonario, mundialmente reconocido, en el baño con un desconocido rogándole que le regresara su mansión a la persona que le había dado su primer trabajo importante como actor… En determinado momento se arrodilló y le pidió por favor que accediera a su pedido. El francés no terminaba de entender la situación (aunque le sirvió para presumir todo el verano de ese hecho inusual) por lo que le preguntó:

«Ud. me está diciendo que voló desde su casa hasta aquí solo para pedirme que le venda mi casa a su amigo?» -«Eso es exactamente lo que estoy haciendo» – contestó el actor.

-«Prometo pensarlo»- dijo. Hasta que finalmente accedió.

El productor es Robert Evans y el actor de la sonrisa del millón es Jack Nicholson.

¡La amistad es un legado para hacer nuestra carga más ligera!

Gentileza: 

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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