San Rafael, Mendoza miércoles 28 de octubre de 2020

Eliasson: «En mis obras invito a involucrarse con aquello que construimos y que damos por sentado»

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin - Photo by Jens Ziehe

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin – Photo by Jens Ziehe

El artista danés Olafur Eliasson, uno de los creadores más destacados de la actualidad, quien logró cambiar el paradigma de los museos con su memorable instalación en la Tate Modern en la que simuló un inmenso y anaranjado atardecer, presenta una nueva exposición en Berlín -donde reside-, en la que retoma sus principales preocupaciones, como la percepción, con la que busca «poner en juego aquello que damos por sentado», asegura en una entrevista con Télam.

La galería Neugerriemschneider, de la capital alemana, acaba de inaugurar «Near future living light» (Luz viva del futuro cercano), la octava exposición individual del artista -que permanecerá hasta el 24 de octubre-, en la que da a conocer sus trabajos más recientes que continúan con su larga investigación dedicada a la percepción, la ilusión y los fenómenos ópticos, a través de instalaciones y acuarelas.

De gran magnetismo visual, las flamantes obras de Eliasson (Copenhague,1967) se componen de un conjunto de lentes, espejos y filtros unidos a motores para crear una constelación siempre cambiante de formas, colores, luces y sombras, en una sala a oscuras, una suerte de coreografías abstractas, inmersivas, que mutan con los movimientos del espectador, y que el artista realizó inspirado en experimentos de animación de principios del siglo XX.

Sin dudas, su salto a la popularidad fue en 2003, cuando presentó en la Tate Modern de Londres «The Weather Project», un inmenso sol anaranjado en una sala en penumbras, que el exdirector de la institución, Nicholas Serota, definió como la instalación que cambió el paradigma de los museos: ya que la obra despertó las más diversas e inesperadas reacciones en el público, desde recostarse en el espacio, hasta meditar, o pasarse horas deslumbrado frente a ella.

Siempre me fascinó nuestra capacidad de construir, componer, ensamblar y reconstruir, recomponer y reensamblar. En mis obras de arte, invito a los visitantes a involucrarse, a darse cuenta, de aquello que construimos y que muchas veces damos por sentado

OLAFUR ELIASSON
The Unilever Series 2003: Olafur Eliasson: The weather project - Photo: Tate Photography © Olafur Eliasson

The Unilever Series 2003: Olafur Eliasson: The weather project – Photo: Tate Photography © Olafur Eliasson

De Tokio a Versalles y de Beijing a Nueva York, las obras de Eliasson se han exhibido en los espacios de arte más importantes del mundo, y si bien suele apelar a la ilusión, como en un truco de magia, asegura que en sus trabajos «no hay ningún secreto, siempre se pude ver el detrás de escena, la manera en que la obra fue construida», porque se trata de poner en juego «lo que damos por sentado».

Otra de sus recientes obras en la galería berlinesa, «Collective seaflares» comprende diez paneles de vidrio soplado a mano colocados en una repisa de madera: cada uno varía en color, desde un amarillo brillante hasta un exuberante rosa o azul profundo, que una vez superpuestos crean el efecto de colores cambiantes, aunque unos pequeños huecos revean el verdadero tono, enfatizando la naturaleza ilusoria de la obra.

Cuando fue invitado a exponer en la Bienal de Venecia, en la edición de 2017, que tuvo por lema «Todos los futuros del mundo», Eliasson presentó la obra «Green light», en la que convocó a 80 refugiados, inmigrantes y solicitantes de asilo a participar del montaje de una gran estructura esférica y luminosa creada por decenas de lámparas de materiales reciclables, donde otra vez dejaba en evidencia un anhelo que atraviesa toda su carrera: «despertar conciencias».

«Siempre me fascinó nuestra capacidad de construir, componer, ensamblar y reconstruir, recomponer y reensamblar. En mis obras de arte, invito a los visitantes a involucrarse, a darse cuenta, de aquello que construimos y que muchas veces damos por sentado», dice Olafur Eliasson a Télam, desde Berlín.

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin - Photo by Jens Ziehe

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin – Photo by Jens Ziehe
Entrevista


– Télam:
 La exposición que acaba de inaugurar en la galería Neugerriemschneider se denomina «Luz viva del futuro próximo», una oración que oscila entre lo informativo y lo poético. ¿Cómo llegó a ese título?

– Olafur Eliasson: Son palabras que resuenan de diferentes maneras en muchas de mis obras de arte. La luz ha sido un interés clave para mí desde que empecé a hacer arte, y es el eje de esta muestra, por supuesto. La luz es crucial para todo lo que hacemos, la luz es la vida. Poder captar los matices de la luz es realmente entrenar nuestras habilidades perceptivas. Y con un conjunto refinado de habilidades perceptivas surge un compromiso diferente y profundo con nuestro entorno. Luego está el «futuro» que, debido a la pandemia, se ha vuelto incierto. Aunque esto es cierto a escala local, para nuestra vida cotidiana, y a escala mundial, para el futuro cercano de nuestro planeta. El cambio climático ya no es un desafío lejano, es aquí y ahora. Hoy estamos forjando íntimas conexiones con el futuro; para frenar el cambio climático, debemos imaginar muchas versiones posibles del futuro y elegir la mejor para orientar nuestras acciones. Y mientras hacemos esto, creo que debemos mantener la esperanza y creer en un cambio positivo. Para mí, la luz encarna la esperanza.

– T: En la exposición presenta obras recientes, donde el público verá coreografías abstractas basadas en experimentos de principios del siglo XX. ¿Qué es lo que más le atrajo de ese período?

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin - Photo by Jens Ziehe

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin – Photo by Jens Ziehe

– OE: Cada cierto tiempo vuelvo a Hans Richter, el artista y cineasta experimental alemán, que con su obra seminal «Rhythmus 21», moldeó las relaciones entre el plano, la profundidad, el movimiento y la luz. Y luego me atrae Harold Edgerton, por la forma en que trató el tiempo en la fotografía, que es única. También me fascinó durante mucho tiempo el trabajo de Eadweard Muybridge, que capturó personas y animales en movimiento. La forma en que trabajó con la relación entre el movimiento, el paso del tiempo, y nuestra percepción -de un animal o de otra persona- es fascinante.

– T: ¿Por qué le interesan las ilusiones y los efectos ópticos? ¿Le gusta cuestionar aquello que tiene sello de «real»?

– OE: Siempre me ha fascinado nuestra capacidad de construir, componer, ensamblar; y de reconstruir, recomponer y reensamblar. En muchas de mis obras de arte invito a los visitantes a involucrarse en la naturaleza de aquello que construimos y que damos por sentado. En 2003, por ejemplo, cuando instalé un sol gigantesco en la Tate Modern (The Weather Project) era una especie de ilusión, aunque también ofrecí un vistazo del detrás de escena, para que cualquiera pudiera ver cómo se había construido ese sol. No había ningún secreto. Todo estaba presente para los visitantes -la ilusión inmediata y la transparencia de la construcción- esperando a que todos lo vieran. El hecho de que el sol fuera construido no lo hacía menos real. La obra de arte solamente se hizo «realidad» por la presencia de los visitantes, sus cuerpos y movimientos reflejados en el enorme espejo instalado en el techo. Aquella obra de arte se convirtió en una caja de resonancia social, si se quiere, una invitación a considerar lo que el estar juntos en un espacio, en una obra de arte, hace a ese espacio y a esa obra de arte.

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin - Photo by Jens Ziehe

© Studio Olafur Eliasson courtesy the artist and neugerriemschneider, Berlin – Photo by Jens Ziehe

Por Mercedes Ezquiaga

Telam

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