San Rafael, Mendoza jueves 24 de septiembre de 2020

Palabra de Presidente

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No, señor Presidente, no es cierto que no hay cuarentena. Hay una cuarentena heroica de millones de compatriotas.

¿Lo ha visto usted, Presidente? ¿Vio al nene que a los 8 años volvió a hacerse pis en la cama como cuando tenía 4 porque está convencido de que sus amiguitos no lo quieren ver más? Dígale, dígale eso de que no hay cuarentena. Dígale a la maestra pero no la llame un viernes que es el día que la seño se toma para telefonear a cada uno de sus alumnos para que no se sientan tan solos.
Seguro que no vio, Presidente, a la abuela que murió incomunicada sin una sola señal de consuelo después de que la llevaron, sin decirle nada tampoco, desde el geriátrico donde ya hacía meses que no podía recibir visitas. Cuéntele a los hijos, los yernos, las nueras, los nietos, las nietas, los hermanos, los amigos de la abuela.

Tómese un tiempo, Presidente, y escuche al mozo que le servía a cada parroquiano lo que ya sabía que quería y cuando lo llame por teléfono, no se preocupe, seguro que el buen hombre le tira con un “¡Hola, Juan!” “¿Qué tal, Pedro?” porque imagina que vuelve a hablar con alguno de aquellos feligreses que siempre lo escucharon más que usted. Cuando hable con el mozo piense en los 20.000 colegas del señor que sólo en Buenos Aires están en la misma situación. Llámelo también a don Juan y a don Pedro, pregúnteles cómo llenan su soledad de jubilación achicada estos 160 días que no tuvieron ni la compasiva compañía de las bochas. Y ya que está pregunte por don Néstor, quizás pueda darle unos pesos para que pague el alquiler porque como no pudo salir con el taxi, está en problemas para juntar la plata. Si pregunta por La Rambla en Recoleta, El Trapiche, la Parrilla la Porteña, el Sottovocce, La Parolaccia, el Rey del Vino, el Ravello, el Clara en Plaza Serrano, La Tekla de Paraguay y Talcahuano, no le van a atender porque como otros 1.200 lugares gastronómicos de Capital Federal ya no existen.

La lista de los negocios que cerraron para siempre por esa cuarentena que no existe recorre todo el país: el boliche Grita Silencio de Chacras de Coria o el Cuarto Intermedio en Mendoza; el Café Argentino y al De La Música en Villa María, Córdoba, provincia que perdió el 30% de sus bares para siempre y que ve cerrarse hoteles emblemáticos como el Dorá, el Ducal, el Interplaza, el Fader; el Ópera de Río Cuarto; el Libertador, el Americano y el Mediterráneo de San Francisco.

Pregunte, Presidente, a ver qué le dicen de la cuarentena los 20 servicios de catering que cerraron en Mendoza según la Asociación de Salones de fiesta. O mejor, intente en Bahía Blanca hablar con Marisu, la mujer del negro Scarano que había recuperado una casona frente al paseo de las Esculturas en Bahía Blanca y lo había convertido en el restaurante El Águila, al que le iba tan bien que en la última noche que estuvo abierto, el 14 de marzo, juntó 114 comensales pero que ahora por esta cuarentena que usted dice que no existe tuvo que cerrar para siempre o con la gente del Santino, o ya que está ahí pregunte por Osvaldo, el cervecero que tuvo que cerrar la cervecería Colonial.

Usted que habla de los científicos, quizás tenga tiempo para ver a la investigadora que estaba con su marido y su pequeña hijita trabajando en una beca de estudio en Madrid y terminó durmiendo en el piso del aeropuerto de una ciudad a la que no podía volver porque estaba todo cerrado mientras nadie le decía cuándo tendrían un avión para regresar, si es que podían pagar un nuevo pasaje.

Pregunte por Luis Espinoza. Pregunte por la familia de Luis Espinoza.

¿Se enteró, presidente, de la tía que no conoce aún a su sobrina que tiene ya cinco meses? ¿Y del nene que no quiso salir un domingo con sus papás al parque y se quedó escudriñando por la mirilla a ver si veía al monstruo?

Pregunte por Valentín Correas, en Córdoba, perseguido y asesinado por policías que estaban haciendo controles por ese sistema que no existe. Pregúntele a la familia de Valentín y a sus amigos.

¿Alguien le habló del albañil del conurbano, muchacho joven, buen tipo, laburante, amoroso con sus dos hijitas, que recibió la llamada del arquitecto que le dijo: “por ahora no puedo hacer nada” y del llanto escondido de la esposa del albañil en la cola de la olla popular del Ejército?

¿Sabe la historia de Juan Manuel, que se recibió en diciembre pasado de psicólogo y que se encuentra en el limbo porque su título universitario, como el de tantos, no sale, perdido entre la universidad y el ministerio mientras la cabeza de los habitantes de cuya salud usted se dice obsesionado explota como pochoclo cada tarde? A Nacho que está terminando Medicina le pasa igual. No se permiten actividades educativas presenciales, los casi médicos no pueden hacer su práctica y vamos a tener un agujero de médicos en medio de la catástrofe sanitaria. Por la cuarentena que no existe y su obsesión por nuestra salud.

La chica (¿le hablaron de ella?) del interior de la provincia de Chubut que se fue a Buenos Aires a estudiar, por primera vez viviría sola y hoy no aguanta y llora y quiere largar todo y no se maquilla para que cuando hace un Skype con su mamá no la vea con el rimmel corrido. ¿Algún asesor le contó?

¿Quién le habló del médico intensivista que estuvo dos meses repasando clases, enseñándole a otros profesionales, pagándose su propio equipamiento y el departamento al que se mudó para no volver a su casa y poner en riesgo a su familia?

¿Le contaron cuando hacían las filminas que eso que usted señaló como meseta es sólo un pico y que los camioneros dejan el alma cada vez que pasan de una provincia a la otra sin saber cuánto tiempo deberán esperar, qué delirio de qué Napoleón de Fernet deberá aguantar?

¿Qué sabe del pibe que se pagaba sus estudios trabajando en un salón de juegos y que hace desde junio que ya no cobra nada y ni sabe si podrá volver a su trabajo y por lo tanto a su estudio, con su sueño cortado quizás para siempre?

¿Vio lo de la chica venezolana que llegó al país con un contrato para trabajar en un spa y sus dos mellizitas de cuatro años escapando de una dictadura que usted insiste en decir que no es una dictadura y que al llegar al país se encontró conque el spa ya no existía porque no soportó tanto tiempo cerrado y hoy se acurruca con sus hijas en la puerta de una iglesia?.

Venga, hable con el muchacho emprendedor que ya no sabe cómo va a pagar los créditos que sacó para pagar los sueldos de sus empleados.

Y si puede, ya que nunca dijo nada no debe saber, pregunte por Florencia Magalí Morales, la chica que salió en bicicleta en su pueblo de San Luis, que fue parada por la Policía por violar este sistema que ahora no tiene nombre y que apareció muerta en la cárcel del pueblo.

Pregunte por sus familiares y amigos.

Y ya que está pregunte por el chico Francisco Gastón Maranguella, de 16 años, que estaba sentado en la vereda de su casa en Villa Mercedes San Luis y que apareció muerto en la cárcel esa misma noche. Quizás los policías recuerden sus palabras, Presidente, aquello de “al que viole la (bueno, en aquél momento usted lo decía, disculpe, eh, yo porque usted lo dijo) cuarentena caigámosle con todo el rigor. Si lo entienden por las buenas me encanta, sino me han dado el poder para que lo entiendan por las malas” (lo dijo el 25 de marzo, presidente, por si no se acuerda, en Telefé, en lo de su amiga, la esposa del Corcho Rodríguez, el muchacho éste que fue a juicio oral acusado de vulgar coimero).

Por ahí no tiene tanto tiempo para hablar con tanta gente, alcanza conque vea ese videíto viral de la policía decomisando a un verdulero en la ruta y sienta vergüenza.

O vea el video de los dos helicópteros merodeando al remero que sólo quiso poder mantener su estado para representar al país internacionalmente y fue tratado como un delincuente.

Seguro que tiene contacto con la gente de la CAME, ¿no? La Confederación Argentina de la Mediana Empresa. Hable con ellos para que le cuenten que en los primeros siete meses del año el comercio minorista pyme lleva una caída del 31,6% con respecto al año pasado todo por esa entelequia que usted asegura que no existe.

Pregunte por Fernando Astudillo a quien la policía de la provincia de Buenos Aires paró dos veces por esa cuarentena que ahora dice que no existe.

Claro, ojo, yo lo entiendo, eh, yo entiendo cuando usted dice que no hay cuarentena, que “seguimos hablando de cuarentena sin que en Argentina exista una cuarentena”.

A usted no le pasó.

Usted viajó en avión de una punta a la otra del país mientras que nosotros todavía no podemos movernos de nuestro barrio sin pedirle permiso y llevar en los celulares una tobillera electrónica.

Usted usa cuando quiere el helicóptero que nosotros pagamos pero a nosotros nos sacan la Sube si usamos el bondi.

Usted no perdió un peso de su sueldo (ese que, mire qué casualidad, nosotros le pagamos) como millones de sus compatriotas sí lo hicieron.

Usted pudo ver a su pareja y a su hijo, muchos no pudieron y no saben cuándo podrán.

Usted se abrazó con sus amigos sin barbijo mientras nos retó a todos los demás.

Usted paseó por los jardines de una mansión hermosa que nosotros le pagamos.

Usted no tiene la incertidumbre de saber si el mes que viene tiene trabajo.

Usted decidió caprichosamente que los jubilados cobren 7,5 de “aumento” cuando les hubiera correspondido 9,88 según la ley del neoliberalismo, en un “aumento” que pierde contra esa ley, contra la inflación y contra los salarios mientras engorda la “bola de leliq” como le gustaba decir.

Usted y su muletilla “van a tener que entender” quiso imponer una cuarentena imposible de sostener en el tiempo e inútil sin acompañarla con el testeo, la trazabilidad y el aislamiento que todos aconsejaban desde enero.

No, señor Presidente, no es cierto que no hay cuarentena.

Hay una cuarentena heroica de millones de compatriotas que han dejado su salud, sus bienes, sus sueños en ella.
Hicimos lo que pudimos pese a un liderazgo que no supo explicar, que prefirió pelearse con otros países, seguir adelante con políticas mezquinas, internas feroces, suelta de violadores y sobreprecios en la comida de los pobres.

¿Para dónde mira, Presidente, que no ve el sacrificio que estamos haciendo?

Usted se elogia y se enoja con ese dedito autoritario que tanto le gusta mostrar para marcarnos un camino que no nos lleva a ninguna parte.

Si todavía le interesa lo que sus compatriotas piensan de usted, mire a los ojos a toda esa gente y pida perdón. Por si no sabe dónde encontrarlos, quizás mañana muchos vayan a visitarlo porque aún sabiendo que la peste está ahí afuera, vencerán ese miedo para enfrentarse a pestes que consideran mayores. Pídales perdón. No llame “anticuarentena” a gente que hizo todo lo posible durante 150 días, es demasiado cinismo, incluso para sus estándares. Pídales perdón. A los chicos sin clases, a los que perdieron el trabajo, a los que no tienen qué comer, a los que les explota el alma, al personal de salud, a los que les bajaron el sueldo, a los que no pueden más, pídales perdón.

Será un buen comienzo.

O mejor ¿sabe qué? Siga así. Póngale el nombre que quiera a lo que estamos obligados a hacer porque usted firmó los DNU de la cuarentena. ¿No le gusta “cuarentena”? Dele, póngale el nombre que quiera: Zapallo, Pelapapas, Mequetrefe.

Las palabras importan según quien las dice.

Y algo aprendimos en estos meses.

Su palabra tiene poco valor.

Por:Osvaldo Bazán@osvaldobazan

Fuente:https://www.elsol.com.ar/palabra-de-presidente

 

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