San Rafael, Mendoza domingo 27 de septiembre de 2020

El hombre que vio demasiado -Por:.Beatriz Genchi

Tal es el título del documental alemán que tal vez sea el que mejor describe a este maestro de la fotografía de sucesos, que lo ha visto casi todo en su vida. Enrique Metinides mejor conocido como «El Niño» (por ser el más joven fotógrafo y reportero de la prensa), es famoso por su interés en inmortalizar a través de imágenes sensacionalistas accidentes, violencia, crímenes, asesinatos y muertes. Su manera de retratar estos sucesos es tan detallada y estéticos que hacen que el espectador sienta impacto, enojo, asombro y belleza al mismo tiempo.

Es leyenda en la fotografía de la llamada «nota roja» en su país México y en el resto del mundo. Con 86 años, él todavía suele decir que tiene 133: los que resultan al multiplicar las 7 vidas de un gato y las 19 veces que estuvo a punto de morir desde que comenzó su carrera como reportero gráfico, a los 11 años, con una cámara Brownie. Desde entonces lo llamaron “El Niño”, porque era el fotógrafo de prensa más joven en su momento.

Él cuenta muchas historias, pero la que más me impacto fue la siguiente: “La pequeña hija de la humilde mujer que aparece en la foto, fue atropellada por un camión, al ir por el cuerpo al Instituto de Ciencias Forenses de México, D.F. dice que no tiene dinero para contratar servicios funerarios, los funcionarios le dicen que no pueden hacer nada para ayudarla al respecto y que no puede retirar el cuerpo sin un féretro. Acudió a una casa de venta de ataúdes y empezó a rezar y a pedir ayuda. Al cabo de un tiempo, se vio rodeada de gente. Entre todos reunieron algo de dinero. Por fin logra juntar lo suficiente para comprar un pequeño ataúd y rápidamente se dirige por el cuerpo de su niña, tras cumplir los trámites necesarios abandona el lugar con su pequeña dentro del ataúd, y cansadamente se aleja rumbo a su casa en el entonces lejano San Juan de Aragon.” La foto no está fechada y Enrique Metinides no especifica el año en que la tomó, él fue fotógrafo activo de 1949 hasta 1979.

Metidines siente una especial fascinación por el «mirón», el «chismoso», la gente que observa la tragedia ajena desde la distancia. «Si me preguntan porque miran, es porque sienten alivio de que son los testigos y agradecen que no son la víctima, o su curiosidad es simple fascinación por la muerte. Pienso que es mucho más simple que todas esas teorías. No importa de donde venga la gente, les gusta entretenerse y les gusta el espectáculo y el chisme».

El jovencito autodidacta, que a los 11 años disparó por primera vez una cámara, comenzó su carrera en el periódico La Prensa, famoso por su cobertura de sucesos en la Ciudad de México. A este le siguieron Zócalo y Alarma, la publicación de la nota roja más emblemática en la historia del periodismo mexicano moderno.

Sin embargo, hoy su obra transita por museos y galerías de distintas partes del mundo –la Casa de América en España, The Photographers´Gallery en Londres y la Galeria Anton Kern de Nueva York, entre otras–, y una delicada selección está contenida en el libro «101 Tragedias de Enrique Metidines», que en 2012 editó la galería Aperture, de Nueva York, como parte de una muestra de su trabajo. «Pienso que la más importante influencia de mi trabajo siempre han sido las películas norteamericanas, las películas de gángsters. De niño yo iba al cine y me sentaba, a veces veía la misma película si podía. La calle donde yo vivía, San Juan de Letrán, tenía muchos cines y me gustaba ir solo, y ver las películas de Edward G. Robinson y Humphrey Bogart. Pienso que el cine y la luz de esas películas fueron lo que más me impactó. A veces fotografiaba alguna tragedia en la ciudad y me preguntaba si estaba en México o en alguna de esas películas». Es su homenaje al cine de la infancia que educó su mirada atenta y respetuosa del dolor de las víctimas, porque en su imagen hay sobre todo humanidad, más que escándalo.

Hoy retirado y muy reconocido en el mundo de la fotografía, Metinides goza de la fama ganada a lo largo de sus 50 años de carrera, la que comenzó cuando el fotógrafo Antonio Velásquez, del periódico La Prensa, vio a aquel niño de 11 años en una estación de policía con su cámara en mano y le pregunto:

¿Qué haces tomando fotos aquí?
Son para mi colección –le respondió el niño.
Llévamelas mañana al periódico y veo tu trabajo.

Se las llevé y le gustó tanto que me hizo su asistente… Así empezó mi carrera, en vez de jugar con una pelota jugaba con una cámara y quién me iba a decir que esa sería mi profesión».

Gentileza:

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

 

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