San Rafael, Mendoza domingo 27 de septiembre de 2020

Desveladas teorias conspirativas. II – Por:.Beatriz Genchi

Bariloche 01/12/19 Torre Sarracena (Antu-malal) construida por Alejandro Bustillo, en la Península San Pedro, a unos 20 km del centro de Bariloche. Foto: Marcelo Martinez

De la flotilla salida de Noruega, dos submarinos habrían desembarcado a Hitler en el sur, que se convirtió en jinete, y luego fueron hundidos. Como prueba, Burnside cita la expedición montada por el diario Ámbito Financiero para buscarlos con un “magnetómetro a protones” en 1998, que encontró una masa ferrosa en caleta de Los Loros. Según parece, a nadie se le ocurrió que bien puede haber algo hundido en ese cementerio de buques que es el litoral patagónico, pero

ese “algo” no necesariamente es un submarino alemán.
“En un día del invierno austral de 1945, Hitler se embarcó en la playa de la estancia San Ramón, cerca del cerro Leones, y cruzó el lago Nahuel Huapi en toda su longitud hasta su punto más lejano y aislado”, escribe Burnside. La San Ramón era una estancia de alemanes, que fuera administrada por el barón Von Bulow, que en 1915 le dio techo y comida al joven oficial Canaris. El punto más lejano del Huapi es el brazo Ultima Esperanza, cerca de Villa La Angostura, donde está la casa Inalco, en la que se habría asentado Hitler. Curiosamente, la Inalco –una mansión de fuste restaurada en 1994 después de muchos años de abandono– fue construida por el arquitecto Alejandro Bustillo, el mismo del Llao Llao y el Centro Cívico de Bariloche. Otra obra de Bustillo, la torre Sarracena, (ya hemos hablado de ella).

Burnside relata que Hitler se encontraba muy cómodo en Bariloche. Le hacía bien el aire de montaña, le gustaba el paisaje que le recordaba a los Alpes y la tranquila vida de campo y aislamiento. Sus fuentes son cuatro “avistamientos” de Hitler en la región: uno de una polaca al pie del Tronador (Rio Negro); otro de una enfermera en un hospital de Comodoro Rivadavia(Chubut) Hitler visitaba un paciente; el tercero de un carpintero empleado por Ante Pavelic, el líder nazi croata, en Mar del Plata Buenos Aires), y el cuarto de una doméstica en casa de alemanes en Cervantes, un pueblito del valle del Río Negro. Este último es el más romántico e incluye una fiesta de nazis emocionados saludando con el brazo en alto “al señor y la señora Hitler”.

Los Hitler tuvieron, sin embargo, que mudarse. Bariloche fue creciendo y perdió ese aislamiento tan conveniente, por lo que la familia se fue a la estancia Valle Huemules, en Lago Blanco (Chubut), cerca de la frontera chilena. Esto duró unos años, y la mudanza final fue a la estancia Altavista, cerca del monte Fitz Roy (Santa Cruz). Allí, en otra “mansión espectacular” frente a las montañas, jura Burnside que murió Hitler en 1959.

Una inexorable ley del periodismo dice que donde hay un éxito, enseguida aparece un refrito. El argentino Abel Basti, periodista con base en Bariloche, decidió tomar el libro de Burnside y componer una guía turística, Bariloche Nazi, que lleva el subtítulo de “Sitios históricos relacionados al nacionalsocialismo”, aclara que se incluyen los lugares donde vivieron Hitler y Eva Braun “cuando escaparon de Berlín” y muestra en su tapa un fotomontaje donde el führer es el monumento en el Centro Cívico. Parte del pequeño libro, en mi opinión, es una pobre recorrida por las direcciones de vecinos barilochenses más que reales, como Priebke, de instituciones en su momento fuertemente asociadas a los nazis, como el Club Andino, y del cementerio donde yacen varios criminales de guerra. El resto es un interesado eco del libro de Burnside.

También está la torre de Bustillo, definida como “observatorio nazi” junto a los refugios del Club Andino, la casa Inalco, “mansión patagónica de Adolf Hitler”, y cosas improbables como “el búnker”, una losa de hormigón abandonada cerca del Llao Llao que, como nadie se acuerda para qué fue construida, seguramente debe haber servido para algún propósito siniestro.
Me hizo acordar a esos mapas de las Estrellas que se venden en Hollywood para mirar la mansión a Madonna, sólo que con otro elenco.

En el enredado mundo conspirativo, la vieja técnica de citar una publicación para validar otra es exprimida hasta el fondo. Por ejemplo: Pravda cita a Carlos de Napoli y Juan Salinas, “investigadores argentinos”, que en su momento escribieron que en mayo de 1945 Hitler mandó una flota de 20 submarinos cargados de oro rumbo a la Argentina. El recorte de Pravda es tomado como prueba de la seriedad de la “investigación” por otras publicaciones, que le agregan que Ambito Financiero anduvo buscando submarinos por la Patagonia. En algún momento, se cuela “un oficial alemán que contactó al diario argentino y le dio su nombre entero y en alemán”, y completó que los dos submarinos habían sido hundidos a propósito y eran parte de una flotilla enviada para fundar el Cuarto Reich en Argentina.

Por suerte hay otras fuentes. Por ejemplo, los ufólogos que coleccionan informes sobre avistamientos de platos voladores con esvásticas pintadas en el fuselaje. O los “abducidos” –esa pobre gente que jura que fue secuestrada por extraterrestres, o que vieron “seres reptiloides y humanos en uniforme nazi trabajando juntos en experimentos”. Nazis y reptiles parecen tener una base cómoda.

Se habla de una montaña ahuecada de los nazis en la zona de Bariloche que tiene una sucursal subterránea en las Georgias del Sur. Según los “investigadores”, la lucha por mantenerla en secreto fue la verdadera causa de la guerra de Malvinas. El truculento torturador Alfredo Astiz, al mando de las tropas argentinas que tomaron el lugar, habría sido entonces enviado por los alemanes, “que controlan desde la Antártida vastas extensiones de Argentina”, para sacarse a los ingleses de encima. Los “investigadores” norteamericanos, en especial uno muy insistente y prolífico que firma “Branton”, muestran como prueba las memorias de Alexander Haig, negociador de Reagan que buscó parar la guerra. Haig escribió que el detonador fue un desembarco de argentinos civiles en las Georgias, una posesión británica “a unos grados del círculo antártico”. Agrega Branton: “¡¡¡Apuesto a que ustedes pensaron que la guerra de las Malvinas fue por la posesión de las Malvinas!!!”.

Con tanta tecnología por todos lados, no extraña que los extraterrestres hayan aportado algo más “soft” a sus socios nazis. Según “anónimo”, una fuente supersecreta que jura haber trabajado en la inteligencia naval norteamericana y es citada con devoción, Hitler no sólo vivió en la Antártida, sino que sigue viviendo, genéticamente alterado por sus socios reptílicos de las Pléyades. Su principal actividad es pintar a la acuarela el paisaje blanco y falsificar dólares para financiar su Reich. FIN.

“Cosas vederes Sancho que non crederes.”
Frase tan legitima de Don Quijote, como los testimonios de estas dos últimas notas.

 

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

Puerto Madryn – Chubut.

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