San Rafael, Mendoza miércoles 25 de noviembre de 2020

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD -Por:. Dr Oscar Arrieta

Quisiera  llegar con mi mensaje a todos, mis pacientes, amigos, vecinos, a la comunidad en su conjunto: se aproximan momentos difíciles, aún mayores a los que hemos venido transitando desde el inicio de la pandemia. Mendoza, como provincia, y en particular el sur provincial, vemos como progresivamente, y últimamente a grandes pasos, la ola de enfermedad que el COVID 19 desata se acerca.

Lo que quiero proponerles no es esconderse, sino todo lo contrario: Actuar! Que la distancia no sea afectiva, que sea solo física, que los dos metros que debemos de respetar entre cada uno nos acerque al otro, que la sonrisa borrada por el uso del tapabocas, que tanto ayuda a prevenir la diseminación del virus, nos obligue a dar mayores gestos de calidez y solidaridad humana, que el higienizarse permanente las manos, no desemboque en “lavarse las manos” cuando el otro necesita ayuda; que el enemigo invisible contra el que peleamos, no nos prive de ver al que sufre, al más vulnerable.

Como personas hemos valorado la salud solo al perderla. Por alguna razón, que seguramente está en nuestro inconsciente, la salud no ha significado para nosotros un valor a defender y preservar. Si observamos la agenda política de nuestros dirigentes e incluso en sus plataformas proselitistas, acciones vinculadas a sostener, proteger, promover nuestro bienestar biopsico y social ocupan lugares muy recónditos, si es que si quiera es nombrado al menos. No hemos exigidos como sociedad planificación, o acciones concretas a quienes tienen el poder de tomar e implementar medidas acordes.

Es a partir de estos pre conceptos y la posición que cada uno toma al respecto es que,  encontramos opiniones diversas, no solo entre colegas sino también en la dirigencia política, y en definitiva en todos los actores sociales que formamos parte de esta comunidad. Enfrentamos un enemigo invisible pero cuyas consecuencias han determinado muerte, enfermedad, aislamiento, angustia, y caída económica aún en países fuertemente desarrollados.

No es tiempo de dicotomías irreales ni discusiones estériles. No existe eso de trabajo versus salud, esto no es real.  Ésta última, como concepto integral incluye el trabajo como dignidad de sustento. He podido observar que el espacio en medios de comunicación a veces es ocupado por personas irresponsables que en su interés particular apuestan a la generación de conflictos irreconciliables con el bien común. Nuestros dirigentes políticos, legítimamente constituidos a partir de procesos democráticos deben conciliar con distintos espacios y esforzarse para poder mediar entre las inquietudes de distintos sectores que se ven menoscabados y amenazados en su subsistencia ante la pandemia. Mientras no podamos utilizar una vacuna eficaz o tratamiento específico, todo nuestro esfuerzo es en prevenir no solo la infección sino su diseminación.

Está claro que si bien las consecuencias letales del virus puede ser a cualquier edad, existen grupos de riesgo definidos: adultos mayores, hipertensos, diabéticos, tabaquistas, enfermedad pulmonar previa, enfermedad cardiovascular, hepática, renal, inmunodeprimidos entre otros. Es así que sabemos a quienes cuidar, todos y cada uno de nosotros tiene por lo menos una persona importantísima en nuestra vida que cumple con alguno de estos criterios, sino es que nosotros mismos somos parte de ese grupo.

No podemos, no debemos ser pasivos, indiferentes, irresponsables. Cada uno en nuestro rol que desempeñamos en nuestra comunidad, policías, comerciantes, enfermeros, empresarios, empleados públicos, docentes, centros de asistencia a adultos mayores, actividades turísticas, periodistas, políticos, funcionarios…TODOS debemos mancomunadamente trabajar activamente por el bien de todos. Y todos somos todos, el bien común debe primar siempre, con la particularidad que debemos como sociedad esforzarnos aún más en proteger al más débil, al más vulnerable.

Y por si fuera poco, las demás enfermedades siguen su curso, no se detienen en su avance y daño. Si las perdemos de vista, si no nos controlamos, si nos descuidamos las complicaciones surgen y con todo su peso nos golpearán. En un sistema de salud, que enfrenta la posibilidad de colapsarse, las respuestas y tratamiento oportuno se pueden ver retrasadas e incluso impedidas y sin duda que el precio será muy caro para nuestra integridad.

Solo si somos solidarios, si prima la fraternidad al egoísmo, si las decisiones de funcionarios y dirigentes son basadas en el mayor sustento científico, si en común unidad los que formamos parte esta sociedad que nos cobija a todos, asumimos la responsabilidad que nos pertenece, podremos avanzar. Avanzar a una mejor realidad, a un futuro que nuestros hijos se encargarán de potenciar.

Gentileza: 

Dr Oscar Arrieta

Médico Cardiólogo

Mat. Prof 7710

drarrieta@piukesalud.com.ar

 

 

 

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