San Rafael, Mendoza domingo 27 de septiembre de 2020

Soneto a una napolitana – Por:.Lucio Ravagnani Navarrete (Lic. en Letras)

En el basto recetario del pueblo argentino, la milanesa tiene un lugar insuperable. Este manjar es el equivalente gastronómico del amigo de toda la vida. En los mejores momentos, comparte las alegrías de la familia unida o de un encuentro fraternal cualquier día de la semana. Cuando las penas abundan, es un instante de alegría que disfruta de cualquier acompañamiento. Es una alianza implícita entre nuestra rutina y los recuerdos más bellos de nuestros días más comunes. ¿Alguna vez han visto a alguien estar triste mientras se come una milanesa? De existir esa situación, rayaría en lo surrealista. ¡Es que incluso su metamorfosis se adapta a cada gusto y deseo! Para quien anhela lo saludable y precaliente el horno o para quien sueña con el chisporroteo del aceite a punto. Para quien gusta del cítrico baño post cocción o quien la viste con varias capas hasta transformarla en una experiencia tan única que unió dos caminos italianos: la milanesa a la napolitana.

Hace ya un largo tiempo, estas reflexiones zumbaban en mi cabeza un mediodía mientras volvía de la facultad. Además de un hambre ya conocida, algo más esperaba ser saciado. Un anhelo fervoroso por homenajear a este platillo compañero que ya es emblema de una nación entera. De esta manera, surgió este poema.

 

Cuando se cumple la mitad del día
y desde el fondo nuestro ser aúlla,
se presenta con sutil alegría
y su fragancia a la nariz arrulla.

De figura muy delgada y morena,
amarillo manto su espalda cubre.
Ante los ojos se muestra serena,
cierto rubor su piel también descubre.

Llega a ser punzante fuego en la boca
cuando sin su permiso se la besa,
pues un soplido su defensa derroca.

¡Oh, Napolitana sobre la mesa!
Tal deseo tu presencia provoca
que el paladar a tu esencia le reza.

 

 

AUTOR: Lucio Ravagnani Navarrete (Lic. en Letras)

E-MAIL: ravagnani.lucio@gmail.com

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