San Rafael, Mendoza domingo 20 de septiembre de 2020

PANDEMIA COTIDIANA 9  por Susana Vargas

¡Andá a saber! ¿No?

Veo por la ventana del comedor a un hombre que corre y que da un grito seco…Un camión  arranca de golpe y yo que salgo disparada hacia mi patio para levantar como puedo una bolsa de 20 kg tratando de llegar a la calle, atravesando cocina, pasillo, comedor, entrada y garaje…Pero el camión está en la otra esquina. Se fue y el frío me atraviesa. Es muy temprano y está casi oscuro. De repente, una voz me congela. Viene de atrás y me detengo en seco…

-¡No corra, señora, déjemela a mí! ¡Lárguela ahí nomás!

Me doy vuelta y dejo caer todo el peso y agradezco aliviada…Una vez más vuel a decir ¡Gracias! Y otras dos más…¡Pucha que me emociona haberme sacado de encima otra tanda de desperdicios del fondo! Y allá va el hombre de guantes sucios que revolea la bolsa de restos plásticos, metálicos…de todo… Y lo arroja acertivo…¡ Plaaaf! Y chau basura. Un poco menos de desorden en mi vida.

Bien digo, desorden en mi vida, porque “Lo que es arriba es abajo. Lo que es adentro es afuera”. Me repito esta ley universal que me viene ayudando tanto…Sobre todo desde que caí en la cuenta de que estamos –todos- viviendo…obligados (porque todavía no caemos) en un Nuevo Orden.

Es que, nos guste o no nos guste, lo que estamos viviendo es diferente. Es otra cosa. Es como una película de suspenso que día a día nos da nuevas órdenes (otra vez la palabrita) para seguir funcionando en el mundo en que a partir del comienzo del 2020  ya es Otro Mundo.

¿Existirán otros mundos? Tal vez. Yo creo que sí, pero a mí me ha tocado éste, que es el mismo tuyo,  tangible y conocido. Y por lo tanto es el mundo restringido de mi cuadra, en San Rafael, donde una vez por semana, como siempre, hay un ser humano como vos y como yo,  que trabaja juntando lo peor de “nuestras” vidas cotidianas. Esas que se van amontonando de a poco en el fondo del patio, del placard, del bajo mesada, o arriba del techo. Y sigo pensando a consciencia que, como desde siempre en mi historia terrenal, ahora globalizada y observada como con una gigantesca lupa que me hace pensar en la cantidad de esos hombres que se hacen cargo de las mugres urbanas más íntimas…ese hombre que me alivió la carga –y que siempre parece el mismo tipo- se hace cargo de “mi” basura…

Me dicen que estoy obsesionada por “sacarme cosas de encima” Así es ¡Y qué privilegio éste de que alguien te ayude! ¿O no?

Es que a mí nunca me tocó tener que acarrearla por varios kilómetros…o separarla en medio de un enchastre inmundo, lleno de alimañas. Ni siquiera sé el olor que tiene. Sólo me ha tocado chocar contra ese hedor nauseabundo muy de vez en cuando y por azar. En algún viaje por algún lugar de clima tropical donde los restos domiciliarios no soportan ni tres horas para pudrirse en las veredas.  Nunca tuve que hacer como estos “recolectores” que lidian a diario con la basura. ¿Te das cuenta? Da para seguir pensándolo…

Y me extiendo y explayo en el tema porque, en  ninguno de mis tantos domicilios dentro y fuera del país, vi a alguno de éstos “recolectores” (antes se los llamaba basureros) con otro trato que no fuera amable y servicial.

Recuerdo que durante mis años de universidad en La Plata, la empresa encargada de la recolección de residuos, contrataba a estudiantes de Medicina ¿Qué tal? ¡Muy bien estudiado el asunto! Se aseguraban -los empleadores- un personal que no debía ser aleccionado en higiene y salud, por lo tanto se ahorraban accidentes y juicios laborales. A su vez, los estudiantes se aseguraban un “gimnasio móvil” que les permitía despegar sus traseros de la silla y sus mentes de los libros. Y además, les pagaban. Nunca voy a olvidar cuando, ante mi sorpresa, uno de aquellos impecables estudiantes agregaba esto a su relato:

-¿Sabés qué…? Cuando te movés oxigenás la cabeza, producís endorfinas, tus tripas funcionan mejor y…¡Ni te cuento de lo bien que se acomodan tus neuronas! Dormís como un bebé y te despertás con más ganas de seguir metido en los libros.

¿Triste paradoja? De ninguna manera. A los recolectores también los veo alegres. Y servicialmente agradecidos cuando vos les das una mano y separás la mugre para no afectarlos en su salud. Ni a los del acarreo ni a los de los que trabajan en los basurales. Ellos no te muestran lo demás, claro, eso que es muy probable que duela de una tarea tan riesgosa.

A propósito ¿Ya estás separando plásticos, residuos orgánicos y vidrios? Te pido que lo hagas. O mejor… ¿Podré exigirlo? Y no sólo a vos, sino a los que plantean las normas municipales, que bien podrían de una vez por todas –y ahora que hay tiempo de sobra- “legislar multando” si no se hace la separación en tres bolsas: una para lo orgánico, otra para los plásticos, otra para los vidrios. No, no, no me mal interpreten los políticos municipales…Ya sé que hay sitios con grandes y hermosos tachos para poner la basura por separado y a donde vos podés ir a hacer el depótiso. Tampoco quisiera que se vean haciéndoles  un monumento a los recolectores porque son trabajadores que realmente se lo merecen. Tampoco se pongan en un proyecto para ponerle a una calle el nombre de “Recolectores Sanrafaelinos”. No, porque hay que evitar los amontonamientos que implicarían esos eventos en cetentena.  A mí me gustaría mucho porque con éste día a día de incertidumbre, nadie sabe si por ahí, en una de esas…Y andá a saber… si no es el de recolector el trabajo que le vaya a tocar a uno de nuestros hijos…o de tus nietos, sobrinos, hermanos,  cuando la pandemia defina ya el Nuevo Orden. Y no te ofendas, porque seguro que a vos te encantaría –como a mí- que alguno de tus descendientes llegue a estudiar Medicina o a tener, además,  un físico de atleta haciendo mucho ejercicio por las noches, con ropa adecuada, barbijos especiales y guantes a prueba de vidrios rotos… Qué se yo, se me ocurre… ¡Andá a saber lo que les espera! ¿No?

Mientras tanto sigo pensando en la basura que todavía me falta sacar de mi fondo del patio y de interior al que, por lo pronto, no le veo el fondo.

Gentileza: Susana Vargas

054-260154570343
Periodista Profesional-Matrícula nº 12.384 Act.-Ley 12.903
Profesora de Portugués
Egresada del Instituto Superior de Fundación Brasília
de la Ciudad de Mendoza
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