San Rafael, Mendoza viernes 23 de octubre de 2020

Rechazo social a la senectud – Por:.Beatriz Genchi

Sófocles escribía Edipo, una de sus numerosas célebres tragedias, a sus noventa primaveras, esto es, dos años antes de morir. Giuseppe Verdi compuso su gran Falstaff, sobre el clásico de Shakespeare, su última ópera, a los ochenta. Igmar Bergman estrenó su último y magnífico filme Saraband a los ochenta y cinco. Oscar Neimayer también había pasado los cien cuando proyectó el Centro de Santander que lleva su nombre… ¿Más?

Esa eventual relación de destacados personajes de las artes y la literatura que alumbraron, y aún alumbran, obras maestras a una edad provecta podría ser infinita. Y a pesar de vivir en una sociedad en la que el progreso y la vejez se han democratizado, una sociedad de la información en la que la gente tiene presentes esos referentes culturales, la tendencia hoy es construir la peor idea que sobre la vejez se haya podido perpetrar. ¿Por qué?

John Lee Hooker dio lo mejor de su blues a los ochenta largos, la misma edad con la que Clint Eastwood se perfecciona aún hoy como actor y director… o la misma que tenía José Saramago cuando comenzó a recoger laureles, claro que en su caso tuvo mucho que ver el hecho de recibir el premio Nobel. “Mal menor” de la pandemia

Lamentablemente la crisis sanitaria mundial ha venido a confirmar esa realidad, pues más allá de que el Fondo Monetario Internacional, gobernantes y algún que otro senil actor, considere abiertamente a las personas mayores como un problema y una amenaza para la economía, vivimos demasiado, se ha cruzado una frontera moral cuando dirigentes de algunos países europeos han valorado como un mal menor inevitable que la senectud perezca en esta epidemia. Sin atisbo de rubor, se ha puesto sobre la mesa una suerte de selección natural muy conveniente y hasta algunos piensan que es propiciado.

“Y si no hemos reaccionado con mayor contundencia es porque, por desgracia, tenemos muy interiorizado el darwinismo, con su ley del más fuerte y su selección natural, como una mecánica de la naturaleza a la que no podemos oponernos. Y, sin embargo, la verdadera civilización es una creación contra natura, contra la natura tal como la entienden las ideologías sociales que tratan de justificarse desde ese darwinismo”. asegura el escritor, de “De senectute Política”, el libro en el que propone un diálogo profundo con Cicerón sobre la filosofía en el ocaso de la vida.

 “No consiste en aceptar la ley del más fuerte –añade el escritor–, sino en ponerle límites para que pueda darse la justicia. No consiste en aceptar la competitividad sin ley para que opere libremente la selección natural, sino en fomentar la colaboración y refrenar el egoísmo para que los derechos y los bienes fundamentales puedan existir y alcanzar para todos. Lo que ese darwinismo llama naturaleza no es sino barbarie”, concluye.

De ser considerada sinónimo de experiencia, templanza y sabiduría, aunque, esta última no es una condición inherente a la vejez: es una conquista conjunta del cultivo, de la voluntad, de la experiencia, de la actitud crítica y de la humildad, la senectud ha pasado a asociarse a conceptos como el de carga social –o parking social–, deterioro físico, inutilidad, aislamiento, dependencia, enfermedad, mala memoria, analfabetismo digital, bailes de salón… Aaah, y cuida nietos.

Se trata de la generación que luchó por la libertad y la democracia, por la igualdad y contra el racismo. Y ahora se ve obligada a luchar contra el viejismo, rompiendo los estereotipos y los cánones que les rodean: “No queremos una segunda juventud, esa etapa ya está superada”, alega el movimiento Stop Viejismo. Porque estar orgulloso de haber llegado a la vejez no es algo que encuentre su encaje en una sociedad que envía estímulos constantes en favor de la belleza y la juventud que construyen a fuego una imagen peyorativa de la vejez.

Y si, para muchos, la llamada tercera edad sigue siendo un territorio denostado, es porque nuestra sociedad sigue valorando la vida conforme a dos patrones que encierran gran peligro para nosotros mismos: el de la juventud como valor supremo y el de la productividad como criterio incuestionable. La creatividad en edades avanzadas contradice el rechazo a la senectud.

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com
Museóloga – Gestora Cultural – Artista Plástica.

 

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