San Rafael, Mendoza lunes 26 de octubre de 2020

El Malbrán – Por: Beatriz Genchi

Mucho hablamos y oímos de “El Malbrán” por estos días. ¿Pero cuanto sabemos de él?

Formalmente es la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos Malbrán” un organismo público descentralizado dependiente de la Secretaría de Gobierno de Salud del Ministerio de Salud de la Nación que fue fundado en 1916.
Homenajea en su nombre a Carlos Malbrán: el médico que luchó contra las epidemias, impulsó la vacunación obligatoria y vivió obsesionado por la salud pública. En una época donde la medicina enderezaba su rumbo hacia una concepción más social, Malbrán fue un gran impulsor de políticas de Salud Pública en la Argentina. Fue un médico catamarqueño desvelado por una salud pública de un país en donde todo estaba por hacerse.  Y entendía la importancia que había que asignarle a la salud pública cuando la Nación y las instituciones municipales se estaban consolidando. Sugiero que le den una mirada a su obra que es realmente admirable. Demasiado extensa para desarrollarla aquí.

Despuntando el siglo XX las ideas europeas de prevención sanitaria habían prendido en Malbrán, quien impulsó entre muchas otras cosas, la creación de un instituto que se abocara al problema naciente de los sueros y las vacunas. Así logró que el directorio del Banco Nacional, en ese momento en liquidación, otorgara unos terrenos en el barrio de Barracas, sobre la avenida Vélez Sarsfield a la altura del Camino al puente Victorino de la Plaza, para construir el Instituto de Bacteriología y Conservatorio de Vacunas, que luego anexó los predios vecinos. En 1904 se colocó la piedra fundamental, pero, como tantas otras veces, el edificio debió esperar muchos años para su inauguración, que se concretó en 1916.

En una superficie de 38.000 m2 se construyeron varios pabellones de acuerdo con los cánones de la época, en una obra que estuvo a cargo del ingeniero Miguel Olmo y del arquitecto Jacques Dunant. Tres sectores (conservación de vacuna, laboratorio de investigaciones comunes y pabellón de laboratorio y establos para estudio de enfermedades pestíferas) dominaban el plano principal, acompañados de la infraestructura adecuada. Durante su funcionamiento, el establecimiento sufrió continuos cambios de denominación. En una etapa inicial, pasó a llamarse Instituto de Bacteriología, Química y Conservatorio de Vacuna Antivariólica. En 1941, bajo la asistencia del vicepresidente de la Nación, Dr. Ramón S. Castillo, nacido en Catamarca al igual que Malbrán, un decreto lo bautizó como Instituto “Carlos G. Malbrán”; en 1957, se convirtió en el Instituto Nacional de Microbiología; en 1963, el gobierno de facto del general Onganía lo llamó Instituto Nacional de Microbiología; en 1996, el decreto del Poder Ejecutivo N.º 1628 dispuso que formara parte de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS).

La actual estructura organizativa está conformada por el Instituto Nacional de Parasitología “Dr. Mario Fatala Chaben”, el Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación en Endemo-Epidemias, el Centro Nacional de Control de Calidad de Biológicos, el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, el Instituto Nacional de Producción de Biológicos, el Centro Nacional de Genética Médica y el Centro Nacional de Red de Laboratorios (todos estos ubicados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), junto al Instituto Nacional de Epidemiología “Dr. Juan H. Jara” (Mar del Plata), el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Dr. Emilio Coni” (Santa Fe), el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio I. Maiztegui” (Pergamino) y el Centro Nacional de Investigaciones Nutricionales (Salta).

El continuo cambio de denominaciones padecido por esta institución obligó a que el imaginario popular optara por la forma más simple y conocida y que siempre permaneció hasta hoy por la mayoría de los argentinos: “el Malbrán”. Un apellido que, además de referenciar a una persona, es una marca registrada de salud pública.

Es que en la Argentina en particular y en América Latina en general los movimientos independentistas del siglo XIX presentaron a sus líderes el reto de la conformación de nuevas nacionalidades. Esto representó mucho más que el establecimiento de fronteras y gobiernos estables, implicó también la creación de comunidades «imaginadas» dentro de las cuales se articularon los significados de la nacionalidad y se trazaron los vínculos que unían a los distintos grupos y personas. La medicina, la literatura, la religión y la ciencia jugaron un papel decisivo en la formación de esta comunidad imaginaria.

En este contexto las epidemias se constituyeron en un estímulo para la ampliación de la autoridad del Estado en el área de la salud, pues no siempre estuvo bajo su responsabilidad. Además, y es buena saberlo en el contexto que estamos viviendo, las epidemias sirven como una lente de aumento para observar los temores, los prejuicios, las normas y los estereotipos que, sobre los enfermos, el cuerpo humano, el género, los grupos étnicos y las clases sociales se formaban en ese período. Los temores y el desequilibrio ecológico que provocaban las pestes ayudaron a idear una comunidad donde todo tipo de conflicto era zanjado por la vía de la medicalización de la sociedad, lo que incluía un tratamiento tanto físico como social de la enfermedad que ayudaba a la integración social.

¡En este contexto Malbrán! Nacido en Catamarca en 1862 egresado de la Facultad de Medicina de Buenos Aires con una tesis sobre “La patología del cólera”.

En el mismo año de su graduación fue enviado por el gobierno de la Nación a Mendoza, donde se había desatado un brote de cólera, con la misión de estudiar la enfermedad y colaborar para combatirla. Actuó luego en diversos hospitales y, respondiendo a su inquietud por los temas relacionados con la Salud Pública, fue miembro del Comité de Limpieza de la ciudad de Buenos Aires, Inspector Técnico de Higiene de la Municipalidad y Jefe del Laboratorio del Departamento Nacional de Higiene. En 1892, otra vez el gobierno le encargó un viaje, esta vez a Europa para investigar el uso de los sueros antituberculosos y antidiftéricos. representó al país en la Convención Sanitaria Internacional entre la Argentina, Uruguay y Paraguay. También concurrió a congresos médicos sanitarios en Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro. presidió la Conferencia Nacional de Lucha Contra la Malaria; en 1906 presidió la Conferencia

El semanario Caras y Caretas lo calificó entonces de “uno de los médicos jóvenes del país que más se han distinguido en estos últimos tiempos por su preparación y su actividad”.

Fue pionero en la construcción de una política de salud pública y que pasaría a la historia como uno de los precursores en la implementación de políticas y programas de salud pública en nuestro país. Malbrán falleció el 1 de agosto de 1940. Su co-provinciano, el vicepresidente Ramón Castillo, fue el que propuso, en 1941 que el instituto llevase su nombre. El, en definitiva, es el responsable de que hoy sea popularmente conocido como “el Malbrán”,

Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com – 

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

 

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