San Rafael, Mendoza miércoles 02 de diciembre de 2020

La difícil tarea de ser hombre – Por:.Rogelio López Guillemain

El machismo es a la masculinidad,

lo que el hembrismo es a la feminidad.

Quizás resulte paradójico e incluso algunos consideren provocativo  el título de este artículo así como su contenido apenas pasado el día de la mujer,  y están en lo cierto, aunque solo pretendo ser provocador desde lo marketinero.

No es mi interés realizar comparaciones.  Hombres y mujeres somos distintos.  De nada sirve hacer competir peras con manzanas, ambas tienen en común su condición de fruta, pero gracias a sus distinciones son compatibles y complementarias para preparar una ensalada fresca y dulce.

Del mismo modo, todos nosotros tenemos en común la condición de seres humanos y son nuestras diferencias las que acrecientan nuestros valores individuales, no nuestras coincidencias.

Al pensar en lo distinto, es importante no confundir lo igual con lo idéntico.  La igualdad es una de las formas de la diferencia. 1+1 es idéntico a 1+1 pero es igual a 2.

Cada individuo es único e irrepetible, y por su sola condición de ser humano, merece respeto e igualdad en el trato.  Siguiendo el ejemplo numérico del párrafo anterior, todos valemos 2, aunque podemos tener distintas formas de expresarlo.

Este valor individual fundamental, no implica que olvidemos o desconozcamos particularidades que pueden aunar individuos en conjuntos.

Asi como los asiáticos tienen ojos rasgados y los de raza negra tienen la piel oscura, también los hombres tienen condiciones biológicas en común y las mujeres otro tanto.  Repito nuevamente: esto no altera el valor intrínseco de la persona, sólo representa distintas formas de expresión del mismo.

Hombres y mujeres tienen distintas formas de expresar su valor humano y las condiciones propias del conjunto (sexo) al que pertenecen.  No voy a referirme a las expresiones fenotípicas tales como los órganos sexuales por ser empíricamente inapelables.

También existen diferencias psicológicas, de preferencias y de comportamiento que tienen relación con la biología; sin que eso signifique superioridad o inferioridad alguna.

Estas diferencias se expresan en la vida en sociedad.  Por ejemplo: la elección de hobbies, de trabajos, de temas de estudio o de conversación, de género de cine, etcétera.  ¿Esto quiere decir que ciertos trabajos son privativos de un sexo?  De ninguna manera.  Pero las estadísticas acerca de las diferentes tendencias individuales en elecciones libres entre hombres y mujeres son apabullantes.

Ciertamente hay un componente cultural en muchos de nuestros actos, algunos de ellos sin otro fundamento más que las costumbres y la tradición.  Pero también hay otros tantos que pueden ser rastreados en nuestra naturaleza.

También resulta innegable que el avance tecnológico presente en las condiciones de vida actual,  permite que tanto hombres como mujeres compartan espacios de trabajo fuera y dentro del hogar.

Pero imaginemos por un momento que sucede un cataclismo y perdemos todos los avances de la sociedad.  Imaginemos que volvemos a las épocas de las cavernas y que tenemos que pelear con palos y piedras contra animales salvajes.  ¿Quién estaría en mejores condiciones?, ¿un hombre o una mujer?

También sería necesario identificar y recolectar frutas que no sean venenosas, además habría que administrar y acondicionar una cueva para convertirla en un lugar apto para sobrevivir.  ¿Quién estaría en mejores condiciones para realizar estas tareas?, ¿un hombre atolondrado, o una mujer meticulosa?

¿Alguna de estas tareas es superior a la otra? No, para nada.  Sólo definiría quién ha de ejecutar cada una de ellas, las condiciones propias individuales que favorezcan el éxito de todos.

Las diferencias entre los sexos se expresan de muchas maneras y tanto en unos como en otras, tenemos nuestros beneficios y también nuestros costos.

Actualmente se piensa en todo lo malo que le sucede a la mujer.  Algunas cosas son ciertas, otras no y sin dudas es deber de todos combatir estos males.  No por ser mujer, sino por ser humana, y este principio ético y moral se aplica de igual forma al hombre.

Porque ser hombre también tiene sus bemoles.

Me gustaría que reflexionáramos acerca de qué características del hombre atraen a una mujer.  Sin dudas lo primero que dirán es que sea una buena persona, eso se aplica a cualquier sexo, raza o credo.  La pregunta es sobre el varón en particular.

Me atrevo a decir que la masculinidad (no el machismo) es lo prioritario y por ende, la principal “arma” de seducción.  ¿Y qué es la masculinidad?, buena pregunta.

A riesgo de equivocarme, me animo a enumerar algunas de sus particularidades: fuerte (no necesaria ni exclusivamente en lo físico), lindo, inteligente, considerado (desde caballeresco hasta romántico), seguro, estable, firme, exitoso, ambicioso (hablo de una ambición sana) y responsable.

Todos estos “requisitos” no son fáciles de reunir, no son fáciles de desarrollar.  La presión que soporta el hombre es muy grande ¡y no estoy diciendo que la mujer no!, lo aclaro antes de que alguien salte.

Sólo quiero dejar en evidencia que en esta descabellada y ridícula carrera por ver quién es más empático con las mujeres, no sólo nos estamos olvidando de los hombres, sino que hay muchas mujeres fanatizadas con las ideas posmodernistas, que han tomado al varón como el enemigo.

El machismo es a la masculinidad, lo que el hembrismo es a la feminidad.

En lo personal, reivindico las virtudes estéticas (no sólo las físicas) de las expresiones de cada sexo, y estoy absolutamente convencido que somos muchos (genérico) quienes pensamos así.  Estoy absolutamente convencido que somos una amplia mayoría

Por ello, es tiempo de que nos expresemos y de que terminemos con esta ridícula “batalla de sexos” que pretenden imponernos.  ¡Basta de ser políticamente correctos!, exijamos que se defienda a las personas de bien y se castigue a los malos, esa es la única diferencia que debemos reclamar.

Gentileza: Rogelio López Guillemain – rogeliolopezg@hotmail.com

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