San Rafael, Mendoza domingo 05 de abril de 2020

Enseñanzas de la peste – Por:.Beatriz Genchi

En el siglo XV, la peste había acabado con prácticamente un tercio de la población de Europa. Mientras se analizaban las causas y se sopesaban las consecuencias, se empezó a cuestionar la organización de las ciudades. A finales del siglo XV, hace ya más de 500 años, atendiendo a esto, Leonardo da Vinci diseñó su ciudad ideal. Yo diría: ¿Quién sino?

El paso del mundo medieval al renacentista propició que los pensadores dejaran de mirar tanto hacia arriba y atender a los mandatos divinos para centrarse en los problemas y las necesidades que se presentaban, y por montones, a nivel de la tierra. Sistemas anárquicos repletos de calles estrechas, sucias y poco ventiladas, en las que se acumulaban personas, animales y desechos. Entornos poco salubres en los que era fácil que se desarrollasen y contagiasen las enfermedades.

La higiene no era el único de los problemas. El transporte empezaba a complicarse en las áreas urbanas, frenando el desarrollo del comercio. Replantear la forma y los objetivos de las ciudades se convirtió en una prioridad. La organización se tornó racional y basada en la planificación. El ideal renacentista daba importancia a los espacios públicos, que ganaban peso en relación a las edificaciones privadas. Las calles pasaron a ser más amplias y a organizarse alrededor de plazas y entornos abiertos.

Durante la década de 1480, Leonardo da Vinci dedicó parte de su trabajo a resolver problemas de planificación urbana. Ideó una ciudad ideal que terminaría tanto con los problemas de salubridad como con las dificultades de transporte. Sin embargo, la urbe pensada por el inventor renacentista nunca llegó a construirse y se cree que parte de sus invenciones han caído en el olvido. No obstante y gracias a algunos trazados presentes en el manuscrito B de París y el Codex Atlanticus es posible reconstruir algunas de sus ideas más innovadoras.

Según indica Martin Civiera en ‘Apuntes de Leonardo Da Vinci para una ciudad ideal’, la ciudad que imaginó el genio italiano podría albergar un máximo de 30.000 habitantes y sería abierta, sin murallas de contención. El agua es un elemento muy presente en toda la obra de Da Vinci y juega también un papel fundamental en su planificación urbanística.

El inventor, arquitecto e ingeniero renacentista tuvo en cuenta uno de los grandes retos de las ciudades actuales: la separación de las vías para el tráfico rodado de las peatonales. Su solución, una ciudad que cuenta con varios niveles. Uno inferior, pensado para el comercio y el transporte, y otro superior, amplio y ventilado, para el uso y disfrute de los ciudadanos. De esta forma, la parte superior de la ciudad serviría, de forma casi exclusiva, para el desplazamiento de los peatones.

La separación de las vías comerciales de las peatonales se presentaba como una solución para descongestionar las calles. Podría terminar, también, con los problemas de limpieza propios de las ciudades medievales. Parte del plan de Leonardo era que las aguas residuales se vaciasen de forma subterránea. La parte superior de la ciudad se situaría a más de tres metros por encima del nivel del canal. Sus calles tendrían un ancho igual o superior a la altura de sus edificios, para garantizar una correcta ventilación, buena iluminación y reducir los daños en caso de desastres naturales como terremotos. Contarían, también, con pendientes y desagües para evacuar el agua de lluvia.

Gracias a máquinas hidráulicas, todas las habitaciones de los edificios y los talleres artesanales contarían con una red de distribución de agua. Algo fundamental para mantener la higiene y que

 hubiese supuesto un gran avance en pleno siglo XV.  El trabajo urbano de Leonardo da Vinci combina (como tantos otros) inventiva, técnica y arte. La organización de la ciudad parte de la lógica y la funcionalidad, situando al hombre en el medio de sus cálculos. De la ciudad imaginada por el urbanista italiano donde tanta prioridad le daba al agua y a la libre circulación de aire, no tenemos más que bocetos. Al realizar los bocetos de su ciudad ideal, da Vinci se estaba adelantando, una vez más, varios siglos a su época.

Toda esta planificación maestra, nunca se llevó a cabo. Entonces cada vez que ocurren cosas importantes que movilizan y reposicionan al mundo, busco en el pasado y medito: ¿nunca vamos a aprender? ¿Siempre repetiremos los mismos errores?

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

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