San Rafael, Mendoza sábado 05 de diciembre de 2020

Carnavales sarmientinos – Por:.Beatriz Genchi

Siempre se lo ha considerado a Domingo Faustino Sarmiento un hombre serio, pero existen datos históricos que dan cuenta de lo mucho que le gustaba el carnaval y también podía ser divertido. Tanto que en 1869 instauró este festejo en Buenos Aires, y, es más, él mismo fue partícipe metiéndose entre la multitud y hasta alguna vez participo vestido de mujer. Los carnavales ya existían en épocas de la colonia, pero la sociedad conservadora fue prohibiéndolos en el tiempo, por los excesos desmanes y situaciones de libertinaje que generaban, según argumentaban. Pero Sarmiento, decidió instaurar el carnaval luego de un viaje que hizo a Europa donde vio, en Venecia, esa festividad. Fue entonces que recordó, también, los carnavales de su juventud en su provincia natal. Recordó cómo esto generaba el encuentro entre hombres y mujeres, algo tan simple pero que en esa época era inapropiado mezclarse y también eliminaba la brecha entre las clases sociales

Esta fiesta servía para que todos se juntaran en la calle para algo tan simple como echarse agua y ponerse máscaras en igualdad de condiciones. Las comparsas y murgas fueron las primeras en concurrir a los corsos, trajeadas de lujo, al ritmo de tambores, juegos de agua y manifestaciones de alegría. Amplios sectores de la población participan en las suscripciones para solventar los gastos de la decoración de calles y plazas de la ciudad y desfilan en los carruajes ornamentados, con sus disfraces y máscaras. Las «comisiones de corso» ofrecían premios a las diversas sociedades que participan del carnaval.

Se cuenta que una vez instaurado el carnaval, el presidente invitó a tomar el té a la murga más popular de Buenos Aires, que se llamaba “Habitantes de la luna” y en la invitación decía “tendrán la oportunidad de conocer al loco…”. Ésta asistió, y en el encuentro, Sarmiento sabiendo que uno de sus integrantes lo imitaba, pidió que lo hiciera; y entre tanto jolgorio también le solicito que imitara a uno de sus ministros, a Dalmacio Vélez Sarsfield, quien exclamó “Están todos mamaos”.  Sarmiento tuvo mucho que ver con la popularidad de esa murga, de la que formaba parte, entre otros, Francisco Perito Moreno, y quienes, a modo de agradecimiento, en 1873, lo nombraron a Sarmiento “El emperador de las máscaras” y le regalaron una medalla que hoy se exhibe en museos.

Las murgas en esa época empezaron a representar un tipo de movimiento social. Todas las canciones que cambiaban de año a año generalmente tocaban un tema que molestaba socialmente y que el momento de hacerlo público era el carnaval, con canciones de protestas donde se mezclaba lo serio, lo festivo y jocoso.

Sarmiento siempre tuvo presente esta festividad. Antes de instaurar el carnaval en Buenos Aires, siendo gobernador de San Juan apoyó que se celebre el carnaval y en esa época en cada esquina se juntaba gente y se tiraban agua con lavanda, que dependiendo de la predilección que tuviera sobre uno u otro, le echaban agua con lavanda o agua sucia.

Hay una frase de Sarmiento que decía que: “se podía medir el grado moral del pueblo de una manera más eficiente a través del carnaval que a través de la votación o de las cosas que sucedían en la vida íntima de las personas. El carnaval hacía que las personas expresaran abiertamente, lo más profundo que sentían. La máscara les brindaba el anonimato de hacer lo más profundo que tienen las personas.”

Un ingeniero francés, Alfredo Ebelot, de visita en Buenos Aires, describe la frescura y diversión del presidente Sarmiento en carnaval: «…recién llegado a Buenos Aires, me fui a ver el corso… El presidente de la República acertó a pasar en coche descubierto. Lo mojaron hasta empaparlo. El presidente… y los concurrentes se morían de risa. ¡El presidente era aquel Sarmiento! ¡Qué hombre de Estado ni qué niño muerto!… Sentado en un coche tirado por caballos, viejo para que la humedad no pudiese ofender, abrigado con un poncho de vicuña, cubierta la cabeza con un chambergo, distribuía y recibía chorritos de agua, riéndose a mandíbula batiente».

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

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