San Rafael, Mendoza lunes 21 de septiembre de 2020

La mujer y los conflictos armados: la violencia sexual en las guerras – Por:. José Ignacio Teruel-Licenciado en Relaciones Internacionales

La violencia sexual ha sido un arma de guerra desde la Edad Antigua. Mayormente (pero no exclusivamente) esta ha sido ejercida contra mujeres y niñas, ya que son vistas como reproductoras y como cuidadoras de las sociedades. Humillándolas se humilla a una sociedad entera y dañándolas se daña a al menos 2 generaciones.

Dentro de la violencia sexual, la violación como táctica en las guerras puede tener diversos objetivos. Cuando se trata de conflictos étnicos, generalmente es utilizada para redibujar las fronteras étnicas; en las guerras tradicionales se usa como método de humillación contra el enemigo; gobiernos de factos la han ejercido para imponer su poder, violando mujeres que contarán su experiencia y amenazando al resto de no desafiarlos o les sucederá lo mismo; el terrorismo también utiliza esta práctica de una forma similar, pero con otros fines. Para ellos, la táctica no consiste en violar a todas las mujeres, sino solo a algunas que después extenderán su experiencia, generando miedo y el sentimiento de inseguridad bajo el cual se alimenta el terrorismo.

Por su parte, hay dos elementos para que la violencia sexual sea considerada un crimen de lesa humanidad:

“1. Que el autor haya invadido [aquí nota al pie que reza: ‘El concepto de “invasión” se utiliza en sentido amplio para que resulte neutro en cuanto al género.’] el cuerpo de una persona mediante una conducta que haya ocasionado la penetración, por insignificante que fuera, de cualquier parte del cuerpo de la víctima o del autor con un órgano sexual o del orificio anal o vaginal de la víctima con un objeto u otra parte del cuerpo.

  1. Que la invasión haya tenido lugar por la fuerza, o mediante la amenaza de la fuerza o mediante coacción, como la causada por el temor a la violencia, la intimidación, la detención, la opresión sicológica o el abuso de poder, contra esa u otra persona o aprovechando un entorno de coacción, o se haya realizado contra una persona incapaz de dar su libre consentimiento. [Aquí nota al pie que reza: ‘Se entiende que una persona es incapaz de dar su libre consentimiento si adolece de una incapacidad natural, inducida o debida a la edad.’]”

Existen muchos ejemplos contemporáneos de la violencia sexual que sufren las mujeres en las guerras, pero sin dudas hay algunos que se destacan por sobre otros por su dimensión y por haber sido una táctica central en el conflicto:

  1. Bosnia y los campos de concentración femeninos:

Entre 1992 y 1995 cerca de 60.000 mujeres fueron violadas en Bosnia. Esto no obedecía solo a un acto criminal realizado durante la guerra, sino que funcionaba como una táctica: las mujeres eran violadas por serbios y serbiobosnios para perpetrar una limpieza étnica contra los bosnios, en su mayoría musulmanes. Fue tal la magnitud de esta práctica que incluso existía una amplia red de campos de concentraciones femeninos a lo largo del país.

Cabe destacar que este tipo de estrategia se dividía en 3 prácticas: en primer lugar, a las embarazadas se las mantenía cautivas por alrededor de 7 meses para que no pudieran practicarse un aborto. Por otro lado, se mutilaba a mujeres para que no pudieran tener más hijos. La última práctica consistía en ejercer humillación religiosa y cultural para dejarles secuelas que algunas sufren incluso en la actualidad y razón por las que muchas de ellas se han suicidado o han intentado hacerlo.

En la actualidad solo 700 mujeres (poco más del 1%) recibe asistencia económica y el 90% no tiene acceso a terapia sanitaria. Además, los hijos, resultado de violaciones, son víctimas dobles: la política social los desfavorece y el estigma social los condena.

  1. Ruanda

En 1994 sucedía un hecho trágico para la historia ruandesa pero también para la mundial, un genocidio en el que murieron 1 millón de personas y 500.000 mujeres fueron violadas. De ellas, el 70% de las sobrevivientes contrajo sida y el 80% se encuentra fuertemente traumatizada. Los hutus usaron la violación como arma de guerra contra los tutsis con el objetivo de degradar, humillar y aterrorizar a la etnia. Muchas veces obligaban a los hombres a violar a las mujeres con VIH para “provocarles una muerte lenta y dolorosa” a ambos dos.

Lamentablemente la táctica hutu dio resultado. Un gran número de víctimas murió en los años siguientes por sida y solo un reducido grupo tuvo acceso a un tratamiento retroviral. Por otro lado, las personas con la enfermedad son vistas como “inmorales” e “improductivas”. Con las víctimas estigmatizadas y apartadas de la sociedad, los hijos producto de estas violaciones se ven desprotegidos y las milicias locales aprovechan la situación para reclutarlos en sus filas, por lo que el problema es aún más grave.

  1. Nigeria

En Nigeria, el grupo terrorista “Boko Haram” usa la violencia sexual para extender el miedo en la población. La instrumentalización de la mujer en el contexto de crisis es una táctica terrorista eficaz dado que impacta tanto en la víctima como en su familia y su contexto social.

Ciertamente, esta situación se ve favorecida por las costumbres y la tradición social. Durante la época precolonial la mujer no tenía el status del hombre, pero poseía independencia económica. La llegada del Imperio Británico y el comienzo del extractivismo generó que se demandara mayor mano de obra masculina y que la mujer fuera relegada a tareas del hogar y a la agricultura. Al pasar los años, las estructuras patriarcales reforzaron estos roles y generó, entre otras cosas, baja escolaridad femenina, debido a que ellas se dedican a las tareas domésticas y es el hombre al que se lo prima a la hora de acceder a educación. Es fundamental dar esta explicación para entender la base de la problemática: es ese rol reproductivo y familiar que se le da a la mujer y que es de gran importancia para la comunidad lo que utiliza Boko Haram como técnica terrorista. Básicamente, la estrategia de la organización se basa en secuestrar mujeres, venderlas como esclavas y en violar a algunas, no a todas, y dejarlas volver a su comunidad, ya que ellas extenderán el temor en su contexto y el grupo podrá imponer su poder por medio de la amenaza.

Lo que se puede ver en los diversos casos es que el problema de base es relegar a la mujer al papel familiar y reproductivo. Este rol la hace aún más vulnerable en los conflictos, sobre todo en los irregulares, ya que el enemigo busca generar un daño futuro en la etnia, cultura o sector social y humillarlas a ellas, pero también a los hombres, quienes tienen el papel de protegerlas ante la “vulnerabilidad” que la misma estructura patriarcal generó.

Gentileza:José Ignacio Teruel-Licenciado en Relaciones Internacionales

jose.e9712@gmail.com

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