San Rafael, Mendoza miércoles 30 de septiembre de 2020

¿Cómo funciona el voto indirecto aplicado en Estados Unidos? Por:. José Ignacio Teruel-Licenciado en relaciones internacionales

El 3 de noviembre de 2020 se celebrarán las 59as elecciones estadounidenses, país gobernado actualmente por Donald Trump, quién se presenta nuevamente como candidato republicano, teniendo en cuenta que hay un límite de una reelección para la presidencia.

Para entender cuál es el panorama político norteamericano, tenemos que comprender primero cómo funciona su sistema electoral. La constitución estadounidense establece un sistema electoral de elección indirecta, es decir que la población no elige directamente al presidente, sino a “representantes” que delegan su voto. Estos representantes se llaman “electores”, quienes pasan a formar parte del Colegio Electoral. En total se votan 538 electores provenientes de todos los Estados. Hay que destacar que son los mismos partidos quienes eligen a quienes ejercerán esa función, mediante la formulación de una lista de “potenciales electores”.

Otro dato de fundamental importancia es que no todos los Estados tienen la misma cantidad de electores, sino que este número se calcula en proporción a la población y a la cantidad de congresistas que lo representan. Así, por ejemplo, mientras a California le corresponden 55 electores, a Nueva York 27 y a Vermont solo 3.

Ahora bien, el día de las elecciones, la gente vota a su candidato presidencial y los votos se cuentan a nivel Estatal. En 48 Estados y en Washington D.C. rige el sistema de “El ganador se lleva todo”, es decir que el candidato más votado se queda con todos los electores que le corresponden al territorio. Existen 2 excepciones a dicha regla: Maine y Nebraska, donde los votos electorales se definen por quién gane en cada distrito legislativo. Esto significa que allí, a pesar de no ser el más votado en el Estado, un candidato puede ganar algunos electores.

Para alcanzar la presidencia, el candidato debe obtener, al menos, 270 electores, es decir, la mitad más uno. Generalmente se refieren a este número como “el número mágico”. Si ninguno de los candidatos alcanza el número mágico, el encargado de elegir al próximo presidente es la Cámara de Representantes. Por su parte, el Senado es el designado para elegir al vicepresidente si esto sucediera.

La única vez que sucedió fue en el 1824 cuando John Q. Adams fue elegido por la Cámara de Representantes luego de que ningún candidato obtuviera la mayoría de los votos en el Colegio Electoral. También solo una vez hubo un empate entre dos candidatos, fue en el 1800 cuando Thomas Jefferson y Aaron Burr obtuvieron la misma cantidad de votos. En esta ocasión la Cámara de Representantes eligió a Jefferson.

Otra posibilidad es que un candidato gane en el voto popular, pero pierda en el Colegio Electoral, por lo que algunos consideran a este sistema como “defectuoso”. Para explicarlo pondremos un ejemplo: un candidato pierde por muy pocos votos en Estados con gran cantidad de electores y en los que se funciona el sistema de “se lleva todo” (California y Florida, por ejemplo), y por lo tanto no obtiene ningún elector en ellos, y a la vez gana otros Estados por amplia diferencia. Así, dicho postulante ganaría en la cantidad total de votos, pero no en los electores y no sería elegido Presidente de Estados Unidos. Solo 5 veces sucedió, la última vez fue en las elecciones de 2016 cuando Donald Trump obtuvo casi 63 millones de votos y 306 votos electorales y Hillary Clinton fue votada por cerca de 66 millones de personas, pero solo ganó 227 electores.

Ciertamente es un sistema complejo de entender, pero tuvo en sus orígenes un fundamento sumamente válido.  Fue establecido por los “Padres Fundadores estadounidenses” debido a que, por la extensión territorial y las dificultades en la comunicación, no se podía realizar una campaña electoral a nivel nacional, por lo que la gente votaría a los candidatos locales y serían los grandes Estados quienes dominarían el país. Hoy este sistema es duramente criticado por activistas, políticos y ciudadanos, pero cambiarlo supondría una modificación constitucional, hecho que en la actualidad se ve sumamente improbable.

Gentileza: Por:. José Ignacio Teruel-Licenciado en relaciones internacionales 

(jose.e9712@gmail.com)

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