San Rafael, Mendoza martes 29 de septiembre de 2020

La realidad de ser joven en Argentina – Por:. José Ignacio Teruel-Licenciado en relaciones internacionales

Todos sabemos los desafíos de vivir en Argentina, con un salario que vale cada día menos (el salario real pasó de 448 dólares a cerca de 200 en solo 2 años), un desempleo en aumento y cada vez más pobreza. Ahora imaginemos si a todo esto se le suma un factor de vulnerabilidad, como ser joven, por ejemplo.

En nuestro país, ser joven tiene grandes desventajas, nuestra tasa de desempleo joven es del 19% y, si tenemos en cuenta la informalidad, 6 de cada 10 personas menores a 29 años trabajan de forma precaria.

Por supuesto, estos problemas tienen como trasfondo una pésima gestión económica y la ausencia de razonamiento básico. Durante el gobierno de Macri cerraron casi 20 mil empresas y, desde enero de 2019 a agosto del mismo año, cerraron un promedio de 43 por día. Siguiendo esta línea, uno de los problemas que enfrentan las empresas es que tenemos la segunda presión impositiva más alta del mundo, la cual alcanza un 106% (el Estado se lleva incluso parte de sus beneficios) y es superada solo por la de Comoras. Ahora bien, cuando se destruye a todo un sector productivo solo para recaudar y a eso se le suma también un escenario inflacionista, sucede algo obvio, pero de lo que muchos parecen no tener ni idea: no solo comienzas a recaudar menos en términos reales, también aumentan el desempleo y la pobreza, eso mismo nos pasó a nosotros.

Así, a pesar de que es un problema que enfrenta todo el país, nosotros los jóvenes lo sufrimos más. Tenemos menos oportunidades laborales y más competencia por los nuevos desempleados, quienes además tienen mayor experiencia que nosotros. Este es el dilema del sistema argentino en su esencia, te obliga a buscar integrarte porque la situación económica así lo requiere, pero a la vez se hace cada vez más exclusivo.

Entonces ¿Qué opciones nos quedan? Seguir buscando y esperar a poder conseguir algo digno, resignarnos a trabajos informales o irnos. Y quiero hacer un pequeño paréntesis en la última opción mencionada. “Cobardes los que se van, hay que quedarse a pelear” se escucha cuando se habla del problema que sufrimos. Qué triste que su concepto de valentía sea quedarse en situaciones de precariedad y decadencia solo por una imagen nacionalista utilizada para manipular masas. Sepan que esto no es cuestión de cobardía y que atacarnos entre nosotros es tapar el sol con las manos, ya que en realidad es cuestión de que el Estado se plantee su eficiencia y las repercusiones de sus acciones, porque es simple estar en la élite del sector público y tomar decisiones que afectan en la situación de los otros, mientras que tu trabajo goza la mayor de las estabilidades.

Ahora sí, volviendo al eje central quiero destacar una opción que no mencioné y capaz mientras leían ni se dieron cuenta de que no estaba: la necesidad de movilización. Pienso que acá no lo hacemos porque no somos conscientes del poder que tenemos y porque siempre vemos con malos ojos los levantamientos sociales, como si quedarnos callados nos hiciera mejores ciudadanos. Sin embargo, si protestáramos podríamos obtener los que nos proponemos. Esto no es una utopía. Alrededor del mundo los jóvenes se han organizado por distintas razones, pero con la misma determinación por generar un cambio. Así, vimos grandes movilizaciones como el 15M en España, por una democracia más participativa; Ocuppy Wall Street en Estados Unidos, contra la desigualdad social; el Movimiento YoSoy132 de México, por la libertad de prensa; Nuit Debout en Francia, en contra de la ley laboral y la Primavera Árabe, la cual empezó justamente con jóvenes quemándose a lo bonzo (una forma de inmolación en la que las personas se queman a sí mismas) para protestar contra el desempleo joven y en pos de la democracia

La realidad es que la necesidad de cambio es inminente, y si la élite política plantea ayudarnos realmente y en verdad cree que los jóvenes somos el futuro, tienen que crear más políticas enfocadas en nosotros: deben darnos mayor participación, incentivar las inversiones y el sector privado para generar más empleo, adaptar la educación en base a las necesidades del mercado y fomentar los emprendimientos, y así crear las condiciones básicas para que nos podamos desarrollar en el mismo país. No pedimos ninguna locura, solo ser respetados y tener las oportunidades que necesitamos

Gentileza:José Ignacio Teruel-Licenciado en relaciones internacionales

Jose.e97@gmail.com Joseteruel jose.e9712@gmail.com

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