San Rafael, Mendoza martes 07 de julio de 2020

La historia del espejo de obsidiana – Por: Beatriz Genchi

En un rincón del British Museum, lejos de la famosísima Piedra Rosetta, de los mármoles del Partenón y las hordas de turistas que los rodean, hay un objeto discreto y oscuro, cuyo origen se rastrea hasta el México de la Conquista. Las leyendas que rodean esta curiosa pieza, un espejo azteca, plano y circular, hecho de obsidiana, y su viaje hasta tierras inglesas, nos descubren historias de misterio y profecías, de reinos, hechizos, brujos y también de escritores.

El espejo de obsidiana fue llevado a Inglaterra desde México, entre 1527 y 1530, después de la caída de Tenochtitlán. Según varias versiones de la historia, en algún momento este objeto llegó a las manos del doctor John Dee, alquimista, filósofo, matemático, astrónomo, astrólogo, vidente y hechicero, uno de los consejeros preferidos de la legendaria Reina Isabel I de Inglaterra, y una de las figuras más geniales de su era, un hombre que habitó en la frontera entre las prácticas metafísicas y la racionalidad científica (que en su época comenzaba a tomar forma).

En el afamado museo de la capital inglesa, el espejo se encuentra exhibido al lado de otros artículos personales de John Dee, como su bola de cristal y una placa dorada que usaba como talismán y que había sido un regalo de su socio Edward Kelley.

Se dice que John Dee utilizó este espejo para predecir el futuro, invocar espíritus y hablar con los ángeles —incluso, habría de escribir libros sobre sus conversaciones con estos seres. Según algunos, este negrísimo objeto fue uno de sus artículos preferidos; no es una casualidad, pues seguramente él sabía que en la América prehispánica estos espejos eran utilizados por los brujos y sacerdotes para hacer conjuros e invocar visiones del futuro; su símbolo y apariencia estaban conectados con Tezcatlipoca (cuyo nombre podría traducirse como “espejo humeante”), una deidad azteca relacionada con una infinidad de conceptos como el cielo nocturno, la obsidiana, la brujería, la belleza, la guerra y la adivinación.

Con la muerte de Dee y el paso de los siglos, el espejo llegó a manos del inglés Horace Walpole (1717-1797), afamado escritor gótico y autor de la conocida novela “El castillo de Otranto”. El estuche de cuero del espejo, también exhibido en el British Museum está grabado con el verso de un poema del inglés Samuel Butler (1835-1902), en el que se menciona a Edward Kelley, el legendario compañero de John Dee en las artes de la magia y la adivinación. Se cree que la inscripción del poema en el estuche fue obra de Walpole, así como la etiqueta, también en la superficie del estuche, donde se lee: “La piedra negra en la que el Doctor Dee conjuraba a sus espíritus.”

La excéntrica historia de este objeto y su nunca comprobado paso por las manos del legendario mago isabelino John Dee y sus leyendas posteriores, es tan oscura como su superficie: ésta tiene una gran cantidad de espacios en blanco, como quién lo fabricó y con qué fin, o quién lo llevó a Europa y quiénes han sido sus dueños. Al final, la importancia y encanto de este espejo radican en su misterio y en su singular destino: se trata de una piedra de poder de una cultura doblegada que cruzó el mar para llegar a un lugar donde su negrura y poder habrían de producir nuevas leyendas y profecías.

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

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