San Rafael, Mendoza martes 27 de octubre de 2020

Magallanes y Elcano por nuestras costas patagónicas. Parte II – Por:.Beatriz Genchi

Continuando con el derrotero que me toca más de cerca, sigo contándoles. La expedición de Hernando de Magallanes constaba de cinco naos (la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Santiago y la Victoria), pero la única que regresó a España, tres años después, semidestruida cual, si fuera un fantasma, fue la nao Victoria.

El 31 de Marzo de 1520 ancló la flota en San Julián, Santa Cruz, tras lo cual se produjo un infructuoso motín que concluyó con una decapitación, dos destierros y la condena a muerte de 40 hombres. Claro que esta última no se hizo efectiva ya que uno de ellos, Elcano, sería quien finalmente consumara la vuelta al mundo al mando de la Victoria. Es por esto que, al visitar el centro de la ciudad de San Julián, es ineludible hacer escala en el museo temático Nao Victoria, una réplica en tamaño real del único barco de la Flota Magallánica que logró dar la primera vuelta al mundo.

Siguieron avanzando y después de sobrevivir al invierno y a los muchos meses de búsqueda infructuosa, Magallanes y sus hombres finalmente encontraron el paso al otro lado de América del Sur.

El 28 de noviembre de 1520 entraron en lo que Magallanes bautizó como mare Pacificum (mar Pacífico). Magallanes pensaba que la parte más difícil del viaje ya había pasado y solo restaba un “breve crucero” hasta las ricas Islas de las Especias. Pero la combinación de malos mapas, malos cálculos y el hecho de que fue el primer europeo en estar en estas aguas, convirtió este “breve crucero” en una pesadilla de 100 días de hambre, escorbuto y muerte. Magallanes había utilizado mapas y globos terráqueos que subestimaban la circunferencia de la Tierra. No podía ni imaginar la escala del Pacífico, un océano que tiene el doble del tamaño del Atlántico y que abarca un tercio de la superficie de la Tierra.

«Así pasaron los siguientes tres meses cruzando el Pacífico en busca de tierra. Las condiciones eran horribles y el escorbuto comenzó a devastar a la tripulación», así lo relató Antonio Pigaffeta, uno de los tripulantes cuyas crónicas a bordo se convirtieron en uno de los relatos más conocidos de la travesía:

“Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos.

  • Comíamos bizcocho, aunque ya no era bizcocho sino polvo mezclado con gusanos y lo que quedaba apestaba a pis de ratas.
  • Bebíamos agua amarilla que llevaba podrida muchos días. También comíamos algunas pieles de buey que cubrían la parte superior del patio principal.”

Y para empeorar la situación, es ese el momento cuando Magallanes se da cuenta del tamaño del Pacífico y le queda claro que las Islas de las Especias no están en la esfera de influencia castellana. Entonces decide tomar otro objetivo: las islas Filipinas.

«Cuando toca tierra en Filipinas y toma contacto con los caciques y los reyes locales, ve que aquella tierra tiene recursos, oro… y decide meterse en la política local de esas islas para sacar partido», cuenta el archivo. En una «pésima decisión», Magallanes inicia una política de hacer alianzas con ciertos reyes, pero el rey de la isla de Mactán se opone.

El portugués decide entonces invadir la isla junto con otros 40 tripulantes. «Fue una extralimitación fatal. La gente de Mactán se resistió violentamente y Magallanes y sus marineros se enfrentaron con cientos de guerreros locales», escribió Brotton.

Magallanes fue asesinado y su cuerpo nunca fue recuperado. Para el navegador portugués, la travesía terminó en Mactán, sin completar la vuelta al mundo. No terminó, sin embargo, la expedición que él planeó y emprendió.

El capitán español Juan Sebastián Elcano quedó como el nuevo comandante de la expedición, y fue bajo su mando que navegaron hasta el destino que ambicionaba Magallanes: las Islas de las Especias o Molucas, a donde llegaron en noviembre de 1521.

Cargaron a toda prisa las especias en las dos únicas naves de las que ya disponían y decidieron poner fin a la odisea y emprender el camino de regreso. La disyuntiva que se presentaba ahora era qué ruta seguir. La nao Trinidad que había estado comandada por Magallanes, trató de volver por el Pacífico, pero no lo logró al ser capturada por barcos portugueses.

La nao Victoria, con Elcano al frente, se dirigió de regreso a España a través del océano Índico y bordeando el cabo de Buena Esperanza. Fue una navegación totalmente épica, porque desde la isla de Timor hasta que llegan a las islas de Cabo Verde, en el Atlántico, no tocan tierra, y se enfrentan de nuevo a los problemas de hambre, sed, cansancio…la nave en mal estado tras casi tres años de navegación.

Aunque no querían atracar en Cabo Verde, bajo dominio portugués, las condiciones los obligan. Pero, cuenta el archivero, «plantean una estratagema»: no pueden decir que vienen de las Islas de las Especias, porque eso conllevaría su apresamiento, así que dicen que es una nave perdida procedente de América. Aunque en un primer momento les creen, los portugueses acaban por apresar a 13 de los tripulantes y solo 18 consiguen escapar en la nao Victoria.

El 6 de septiembre de 1522 la Victoria entró en el puerto de Sanlúcar con solo 18 famélicos tripulantes de los 250 que partieron, completando la primera circunnavegación al globo de la que se tiene constancia. Todos llegan en unas condiciones absolutamente penosas, entre ellos Elcano y Pigafetta. El emperador Carlos V recibió a algunos de los supervivientes y concedió a Elcano una renta anual y un escudo de armas con un globo terráqueo y la leyenda: Primus circumdedisti me (El primero que me circunnavegó). El capitán regresó más tarde a otra expedición al Pacífico, donde murió en 1526.

Se podría decir que el gran viaje disparó el arma inicial en la carrera hacia la globalización, con todos los riesgos y oportunidades que esto nos presenta hoy.

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

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