San Rafael, Mendoza martes 24 de noviembre de 2020

Inglaterra ante el espejo

‘EPortada de 'El ingenuo salvaje'.l ingenuo salvaje’, de David Storey, narra un camino de aprendizaje a través del deporte en el que conviven la gloria y el fracaso, el barro y el sudor, la fama y el amor. Y el reverso de todo ello

La imagen de la cubierta es un interesante resumen de lo que es el deporte. Y también la vida. Es una escena de un partido de rugby. Está retocada para resaltar algunos colores. Al fondo, en blanco y negro, se ve al público. Señores con abrigos largos y pose monolítica. En primer término aparecen dos jugadores. Uno de ellos, con el cuerpo ligeramente inclinado, se dispone a iniciar una carrera. Lleva en las manos la pelota ovalada.

En su cara se adivina la ilusión. A sus pies, yace un rival. Está en una postura complicada de desentrañar. Se ha lanzado a por su rival y ha fallado. No se ve su cara. El césped, verde británico y de aspecto mullido, junta en un pequeño espacio el triunfo y el fracaso. Lo que suceda en la siguiente jugada será, de nuevo, una representación de la existencia humana a escala deportiva.

Pasará de ser una persona anónima sin apenas poder adquisitivo a que todo el mundo quiera estar con él y a poder comprar todo lo que se le antoje. Pero el reconocimiento social y la independencia económica no serán sinónimo de felicidad. En el rugby, como en la vida, siempre hay una jugada a continuación.

Storey relata el proceso por el que un jugador (y persona) va perdiendo la naturalidad que le ha hecho llegar a la cima. “Me dedicaba a imitar, no a jugar al rugby. […] Me repetía a mí mismo que había estado en lo cierto: no tenía sentimientos. No valía la pena seguir actuando como si los tuviera”. Un camino de aprendizaje a través del deporte en el que conviven la gloria y el fracaso, el barro y el sudor, la fama y el amor. Y el reverso de todo ello.

Fuente:https://elpais.com/deportes/2019/10/27/actualidad/1572174743_670960.html

 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail