San Rafael, Mendoza lunes 28 de septiembre de 2020

Oda a la cebolla morada, la más colorida de las variedades

Aunque a veces nos hacen llorar, es vital para una dieta saludable. La morada,que es mas suave. Otras variedades y la oda.

Tanto la blanca como la morada o roja tienen vitaminas y minerales y sus principales activos son la alicina y la aliína, componentes a los que se les atribuyen varias propiedades medicinales, entre ellas efecto antinflamatorio y antioxidante.

La morada, que hoy encontramos en góndolas, es más suave de sabor, aunque tiene un deje picante y es la más indicada para consumir en crudo, ya que aporta un agradable color a tus ensaladas, sándwiches, pescados o pastas.

Es más rica en antioxidantes que la blanca, ya que contiene antocianinas,  pigmentos responsables de su color y que ayudan a prevenir enfermedades y retrasar el proceso de envejecimiento. Además contiene más quercetina, un nutriente antioxidante beneficioso para todo el organismo.

La cebolla, en todas sus variedades, es uno de los cultivos más importantes de nuestra provincia.

Además de la cebolla morada, encontramos la cebolla dulce. Su color es amarillo tirando a marrón. Su presencia de azúcar la hace más dulce y  adecuada para freír y para asar.

La cebolla blanca, pose un gusto mas intenso y su textura es bien crujiente Perfecta para freir e incluir en salteados.

Cebolleta, de aspecto largo y delgado, sabor suave. Adecuada para comer en crudo porque es jugosa y crujiente.

Chalota, clásica de la cocina francesa. Su sabor delicado hace que sea muy buscada para cocinar platos en los que no se quiere restar protagonismo al resto de los ingredientes.

Pablo Neruda y su conexión poética con el “globo de frescura”

Cebolla, luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.

Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.

También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada,
y parece que el cielo contribuye
dándole fina forma de granizo
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios del tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta
en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.
Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada
y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.

 

 

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