San Rafael, Mendoza domingo 27 de septiembre de 2020

Homenaje a un grande que pensaba “en americano” Parte III – Por:.Carlos Benedetto

Mañana viernes 6, tal como anunciamos en http://piramideinformativa.com/2019/08/homenaje-a-un-grande-que-pensaba-en-americano-parte-i-por-carlos-benedetto/ y http://piramideinformativa.com/2019/08/homenaje-a-un-grande-que-pensaba-en-americano-parte-ii-por-carlos-benedetto/, comienza en Mar del Plata la semana de homenaje a Guillermo Magrassi, con la inauguración de una muestra pictórica entre quienes se encuentra Gabriel Morales, del espacio cultural HUAICO LAZO AMERICANO, y la presentación de un video y un libro.

En esos artículos anticipamos que el homenaje sería, en realidad, doble, y eso lo dice la contratapa del mismo libro, ya que se hace también alusión explícita a la figura de Rodolfo Kusch, un gran olvidado por la intelectualidad argentina, incluso la vinculada al kirchnerismo, movimiento al que pertenecen sus seguidores.

Le decían “Günther”, por su apellido alemán y porque era un gran estudioso de Martín Heidegger. Había nacido en Buenos Aires el 25 de junio de 1922, y falleció en Maimará, Jujuy, el 20 de septiembre de 1979.

Este año, entonces, se cumplen 30 años de la muerte de Magrassi y 40 de la de Kusch. Este último dejó este mundo el mismo año de la revolución de los Ayatollahs en Irán, y de los sandinistas en Nicaragua. El inicio de la instalación del neoliberalismo y el camino hacia el cambio global de 1º989.

Como filósofo y antropólogo se sumergió en las culturas americanas, no para estudiarlas desde el púlpito o el laboratorio, sino para pensar al mundo “desde” ellas. Eso ya se avizora en su obra “La seducción de la barbarie: análisis herético de un continente mestizo”, publicada en 1953, una especie de “Civilización y Barbarie” (Sarmiento), pero al revés. A los 31 años y en esa época invertir el rol del civilizado europeo que estudia a las razas inferiores, era todo un desafío.

Pero para ello debía seguir hurgando en el alma americana, porque para “ser estudioso de quien me está estudiando” hay que tener un bagaje cultural muy fuerte, muy arraigado en el espacio pero por sobre todo en el tiempo.

El siguiente paso fue describir el “hedor” de América, específicamente el hedor en las calles de la capital del Tahuantinsuyo, Cuzco. Pero no para despreciar ese hedor, sino para reivindicarlo filosóficamente; lo que para el civilizado es mero hedor, para el bárbaro es otra cosa.

Eso hace en 1962 en “América Profunda”, donde descubre que el pensamiento americano tiene una doble vectorialidad, una racional y la otra mítica.

Luego sigue avanzando y llega a encontrar ese hedor americano en la misma capital del país, y hay entonces dos libros fundamentales: “Indios, porteños y dioses” (1966) y “De la mala vida porteña” (1966), donde demuestra que la filosofía de los “negros de m..:” vive también dentro del hombre blanco de las grandes ciudades.

En 1971 escribe “El pensamiento indígena y popular en América”, donde consolida lo que ya venía anunciando: hay una muralla que divide, como en la China, al mundo del no-mundo, la civilización de la barbarie. Kusch recae siempre en la misma pregunta: ¿Y si cruzamos la muralla, qué pasaría?”. Se encuentra, en 1975 en “La negación en el pensamiento popular”, con que de aquel lado de la muralla también se niega a la civilización, pero que esa negación en el fondo es una reafirmación en su propio ser, que no es específicamente “ser”, sino un mero “estar”: los civilizados han construido, han concebido un mundo y luchan a diario por “ser alguien” dentro de ese mundo; cuando ese mundo se termina, ellos también.

Pero fuera de él, el mundo ya fue creado (los dioses?) y alcanza con “estar” en él. Ese mundo ha sido dominado por el blanco En ese mundo no hay realización personal, ni ambición. Es el mundo de un estar  silencioso, milenario, permanente, por oposición a la civilización, donde “las modas culturales cambian cada diez años” ( y eso incluye a las ideas políticas importadas de Europa y EEUU)

La cultura es producto de la Tierra y de su “estar” en ella, no del “ser” civilizado. Eso está dicho nuevamente en “Geocultura del hombre americano”, 1976, donde dice que hay que «…encontrar un sentido en el mundo precolombino y en el americano actual».

Ese año Kusch empieza a tener problemas, en su cátedra de Filosofía, con la dictadura militar, y entonces decide cruzar la muralla, y en su búsqueda termina deteniéndose en Maimará, un pueblo de 2.000 habitantes en la Quebrada de Humahuaca, muy cercano a la Posta de Hornillos, donde alguna vez descansó el General Manuel Belgrano en su campaña al Alto Perú. Justamente “Detenerse en Maimará” es el título de un escribo breve, donde Kusch anuncia que descubrió lo que estaba buscando, y que esperamos publicar en nuestra próxima entrega.

Su casa en Maimará, en la calle Lavalle, a escasos 200 metros de la Ruta Nacional 40, todavía se mantiene, se mantiene su biblioteca filosófica; su esposa, Elizabeth Lanata, vive allí.

Fue allí que concibió su obra cumbre “Esbozo de una antropología filosófica americana” en 1978, libro escrito en lenguaje académico, muy distinto de los anteriores, pero una obra fundamental para entender América desde América, no desde categorías importadas

Guillermo Magrassi, cinco años después, se lamentaba de que nadie había retomado, en el país, el guante del desafío que dejó “Günther”.

En 1989 la Cámara de Diputados de la Nación lo homenajeó como «… uno de los pensadores más importantes no sólo de la Argentina sino de América, considerado por algunos un «maldito» más, de esos que pueblan nuestra historia y cultura, y por ello silenciado y negado por los cenáculos de la cultura oficial …».

Obviamente que la mayoría de los legisladores de entonces no entendían nada de lo que estaban firmando. Aún hoy son muy pocos los pensadores y escritores que conocen a fondo la obra de Kusch.

Y lo mismo ocurre con la de Magrassi

En un par de semanas, al regresar del homenaje en Mar del Plata, publicaremos varias de estas reflexiones que ya llevan varias décadas enterradas en el olvido

Gentileza: Carlos Benedetto – carlos.benedetto@malargueonline.com.ar

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