San Rafael, Mendoza lunes 30 de noviembre de 2020

Clásicos que se disfrazan. (II) -Por:. Beatriz Genchi

Disney oculta datos o solo toman un relato clásico y lo modifican a su antojo para que todo quede limpio y bonito. De los 57 clásicos de Disney, solo 11 tienen su guion original. Solo decir que les gusta adaptar relatos clásicos. Hoy el mundo entero sigue creyendo que Pocahontas y John Smith se enamoraron correteando y escuchando a un lobo aullarle a la luna azul.

¿De qué hablo? 

  • “Aladdín” basándose en uno de los cuentos de ‘Las mil y una noches’, recopilación del folclore oriental datada en torno al año 850. En ese texto los deseos que Aladdín le pide al Genio son distintos a los de la película de Disney. El primero es que le saque de la Cueva de las Maravillas, el segundo es un fastuoso banquete tras el cual Aladdín y su madre (que sí está viva en el cuento original, mientras que el padre murió literalmente de vergüenza por tener un hijo tan vago) venden la vajilla de plata, y el tercer deseo es el más retorcido: como la princesa Badralbudur (Yasmine en la película) se ha casado con el hijo del visir, Aladdín les teletransporta a su alcoba cada noche, encierra al marido en el baño y conquista a la chica hasta que el sultán disuelve el matrimonio porque no son capaces de consumarlo. El hijo del visir resulta ser la verdadera víctima del relato.
  • “El Jorobado de Notre Dame” (1996), adaptación de la novela ‘Notre Dame de París’ escrita por Víctor Hugo en 1831. Quasimodo está sordo en la novela de Víctor Hugo. No es que no cante correteando, es que apenas habla. Por otra parte, es bastante más violento: secuestra a Esmeralda, la libera, provoca accidentalmente su detención, mata por error a varios gitanos que intentan liberarla de su celda y, cuando descubre que Frollo la ha ahorcado, le tira desde lo alto del campanario. La novela termina con un salto temporal, tras el cual unos soldados descubren el esqueleto deforme de Quasimodo abrazado al esqueleto de Esmeralda. Ya no se hacen historias de amor como las de antes.
  • “Peter Pan” (1953), adaptación de la obra de teatro ‘Peter Pan, o el niño que no quería crecer’, publicada en 1904 por J. M. Barrie. En la obra original de J.M. Barrie, los Niños Perdidos intentan asesinar a Wendy porque no les parece que su líder tenga novia, mientras que en la versión de Disney es Campanilla, rabiosa de celos, quien atenta contra la vida de la niña. Afortunadamente Peter Pan la salva como siempre se ha resucitado en Disney: con un beso de amor verdadero. En la película, los Niños Perdidos prefieren dedicar su tiempo libre (y tienen mucho tiempo libre) a cazar pieles rojas, cuyo retrato por parte de Disney (incultos, salvajes, incapaces de decir nada que no sea «jau») ya fue considerado irresponsablemente racista en 1953.
  • “Mulán” (1998), adaptación de un canto cortesano de la China del siglo VI. Estrenada 1.400 años después, la película de Disney es más conservadora que el original. La Mulán del folclore chino es una súper heroína en todo momento: sus dotes como esposa son impecables y es experta en artes marciales, manejo de la espada y tiro con arco. Su familia le envía a la guerra porque saben que va a arrasar y la única preocupación de su madre es que vuelva virgen. Cuando sus compañeros de pelotón descubren que es una mujer se encogen de hombros y la aplauden, en vez de condenarla a muerte, perdonarla y repudiarla como en la película. Tras doce años causando sensación en el ejército, Mulán regresa a casa y retoma su vida donde la dejó: casándose con el vecino. Y no necesita la ayuda de los espíritus de sus antepasados, porque el relato original es realista.
  • ¡Pero no solo Disney! Muchos copiaron su fórmula. Y eso incluye inventarse la mitad del cuento.

“Anastasia” (1998) está protagonizada por gente muerta. En la realidad, la heroína, heredera de la familia real Romanov, fue asesinada en un sótano tras la Revolución de Febrero. Al no encontrarse su cadáver trascendió la leyenda urbana de que estaba viva (en la película, además de viva está amnésica), pero años después se descubrieron sus restos.

  • “El príncipe de Egipto” (1998), que propone un lavado de imagen, el faraón se niega a liberar a los hebreos por celos hacia su hermano adoptivo Moisés, pero en la Biblia era malo porque Dios «endurece su corazón». La película acaba con los judíos cantando por el desierto, sin saber que les espera.

Gentileza: Beatriz Genchi – beagenchi@hotmail.com

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

 

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