San Rafael, Mendoza miércoles 28 de octubre de 2020

La Habana, 500 años de cultura mestiza

Turistas bajo los coloridos edificios con columnas en sus soportales en La Habana.La capital de Cuba cumple medio milenio en 2019 manteniendo su poder de atracción y la creatividad de su gente, por la que fluye sangre taína, española, africana y china

Turistas bajo los coloridos edificios con columnas en sus soportales en La Habana.

En una frecuentada barra de La Habana canta un trío: “Las penas que me maltratan son tantas que se atropellan y como de matarme tratan/ se agolpan unas a otras y por eso no me matan…”. Los afilados versos de Sindo Garay en La Tarde atrapan al personal en el garito, donde el eco de la trova se empasta con el sonido de los hielos al chocar en el doble de ron que el poeta Sigfredo Ariel sostiene en la mano.

Si en historia medio milenio no es nada, resulta que desde su nacimiento, en 1519, bajo el sol del trópico aquí se reunieron las cuatro sangres y las cuatro razas y se aderezaron a fuego lento hasta formar una salsa bien trabada. Indios siboneyes y taínos, españoles y europeos, conquistadores y piratas, esclavos arrancados de África y traídos a estas tierras junto a su panteón de divinidades, Changó, Yemayá, Elegguá y todos los demás, y junto a ellos 150.000 chinos de Cantón y de Macao, que cargaron en su viaje a las Antillas con su rifa Chiffá y sus dragones de fuego, todos con sus singularidades y sus mundos mágicos avecindados en esta isla caribeña hasta condensar ese destilado que el etnólogo Fernando Ortiz llamó cubanidad o cubanía.

En la esencia profunda de ese ajiaco, dice Pablo Milanés, reina la cultura con mayúsculas. Da igual que se hable de arquitectura, de música, de pintura, de ballet, de literatura, de ajedrez o de poesía. “De La Habana siempre ha emanado cultura. Es una tradición que se ha mantenido pese a todos los avatares y con independencia de lo sucedido alrededor de ella”. En su disco Renacimiento(2012), el músico de Bayamo rinde homenaje a la ciudad que le acogió a los seis años, cuando su madre lo trajo a estudiar a la capital.

Grabado del siglo XIX de La Habana del francés Frédéric Mihale.
Grabado del siglo XIX de La Habana del francés Frédéric Mihale.

Es un guaguancó, y dice en una de sus estrofas: “¡Ay! La Habana con sus columnas/ como dice Carpentier/ todavía nos inunda/ de un bello resplandecer…”. Cuba ha dado tres premios Cervantes. Y no hay casualidad en que los tres —Guillermo Cabrera Infante, Dulce María Loynaz y Alejo Carpentier—, hayan convertido La Habana en personaje y protagonista de muchas de sus obras. Fue, seguramente, Carpentier el que mejor captó el carácter de lo habanero y el “estilo sin estilo” de la ciudad.

“Poco a poco, de lo abigarrado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, surgieron las constantes que distinguen a La Habana”, y entre estas, las de más carácter, las columnas. “En La Habana podría un transeúnte salir del ámbito de las fortalezas del puerto y andar hasta las afueras de la ciudad, atravesando todo el centro de la población, recorriendo las antiguas calzadas de Monte o de la Reina, tramontando las calzadas del Cerro o de Jesús del Monte, siguiendo una misma y siempre renovada columnata, en la que todos los estilos de la columna aparecen representados, conjugados o mestizados hasta el infinito. Columnas de medio cuerpo dórico y medio cuerpo corintio, jónicos enanos, cariátides de cemento…”.

Si se trata de arquitectura, La Habana es —siempre lo fue— una gran aventura, pues no hay una sola sino muchas Habanas. La más conocida es la colonial, la de las cinco grandes plazas y los baluartes militares de La Fuerza y La Cabaña, que son Patrimonio Mundial.

Fuente:https://elpais.com/cultura/2018/12/29/actualidad/1546098285_186364.html

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