San Rafael, Mendoza domingo 25 de octubre de 2020

Doña Petrona de quien se dice, supero en ventas a Borges, Sábato…Por: Beatriz Genchi

En los primeros años del siglo XX, algunas compañías de gas en Buenos Aires comenzaron a publicitar la venta de cocinas a gas. La Compañía Primitiva de Gas, por ejemplo, vendía cocinas a gas al contado y a plazos, y ofrecía un servicio de alquiler de cocinas “desde $1 a $13.50 por semestre”, con un descuento extra del 30% sobre el gas consumido. Estos artefactos importados -de los que había más de 50 modelos distintos- eran de “…las más reputadas fábricas inglesas y reúnen todas la condiciones necesarias para el aseo, higiene y confort”. Los argumentos a su favor eran elocuentes: limpieza, comodidad, ahorro de tiempo y economía. Además, al prescindir del carbón, se evitaban la ceniza, el humo y el hollín, y podían funcionar instantáneamente a cualquier hora del día y la noche; esto último en obvia alusión a las limitaciones de la cocina económica a leña o carbón.

Como en todas las historias, en la del gas, existe una mezcla entre lo cotidiano, con el mundo de la industria y la técnica. En general, estamos acostumbrados a que estas presencias se corporicen en científicos, en grandes inventores o bien en personas que, desde el conocimiento empírico, alcanzan logros destacables que superan lo conocido hasta entonces. Lo que tal vez no resulte tan familiar es que una persona común, gracias a su convicción y coraje, inicie un nuevo camino en su vida y se transforme en la protagonista esencial del proceso que sustituiría en el hogar de los argentinos a la antigua cocina a carbón por la más moderna cocina a gas. Un protagonismo que dará nacimiento a una nueva manera de entender y difundir el arte culinario entre el público femenino, no ya como un conocimiento limitado a unos pocos sino a gran escala y utilizando para ello todos los medios entonces disponibles.

Aquella joven, que en 1928 se presentó a un llamado de la Compañía Primitiva de Gas de Buenos Aires para integrar un equipo de ecónomas que promovieran el uso del gas en la cocina, ciertamente sabía poco o nada de todo esto y, sin pensarlo, dio inicio a una carrera espectacular que la llevaría, sucesivamente, a dar clases de cocina en los locales de la compañía, charlas y conferencias multitudinarias, a publicar sus recetas en las revistas de mayor difusión, a compilar su saber en un libro récord en cantidad de ediciones y ejemplares impresos y a ser pionera en la difusión del arte culinario a través de la radio y la televisión. Me refiero a la señora Petrona Carrizo de Gandulfo, o, simplemente, “Doña Petrona”, una santiagueña,  ícono fundamental de nuestra cocina, autora de un recetario que aún hoy perdura y mantiene vivo en la memoria del paladar de muchos argentinos.

Su gran salto a la fama nacional se daría en 1960 cuando se incorpora al programa “Buenas tardes, mucho gusto”,​ junto a su asistente Juana “Juanita” Bordoy, quien la acompaño hasta sus últimos días de vida. Dicho programa estuvo al aire por veinte años los días lunes, miércoles y viernes por la tarde, que llegó a recibir alrededor de 400 cartas por día y tener un registro de 600 mil personas y desde allí hasta el día de hoy cuando cualquiera dice: “Doña Petrona” todos sabemos a quién se refiere.

Gentileza:  Beatriz Genchi – Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica

beagenchi@hotmail.com

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