San Rafael, Mendoza viernes 27 de noviembre de 2020

UN MONSTRUO BAJO LA LLUVIA – Por: Prof. Marilina Scarlata

Cuando llueve en la extensa pampa argentina, territorio de cultivos, fuente de recursos alimentarios, se hace presente el fantasma del glifosato.

La región pampeana que abarca la zona centro-este de nuestro país, y comprende las provincias de La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires, se extiende en una superficie de 1.200.000 kilómetros cuadrados, mostrándose mayormente como una estepa de clima cálido que alterna fuertes lluvias con agobiantes sequías.

En sus tierras fértiles crecen pasturas que sirven de alimento al ganado principalmente vacuno, que allí se cría desde los tiempos de la colonia, y que a su vez son fuente de productos alimenticios de alto valor nutritivo como la carne y la leche -en primer lugar- y luego otros recursos como el cuero, por nombrar alguno de trascendencia.

El clima es beneficioso para cultivar cereales, históricamente fue trigo, maíz y girasol, y desde hace 50 años se cultiva soja con inusitada insistencia, debido al rendimiento económico que produce y a las “facilidades” que ha brindado la industria agroquímica.

Los agroquímicos son sustancias o compuestos que se utilizan en la agricultura, con diversos fines que buscan favorecer el rendimiento de los cultivos; algunos son aplicados como fertilizantes, para optimizar el crecimiento en menos tiempo; otros son plaguicidas que persiguen la eliminación de plagas que atacan a los cultivos o compiten en el uso de nutrientes de la tierra (pesticidas, herbicidas, etc.)

Hasta acá todo es conceptual y parece inofensivo. Sin embargo, hay que saber que la mayor parte de los agroquímicos tienen alta toxicidad para el ser humano, aun sin ser ingeridos -en cuyo caso sería letal- si se inhalan o se tocan, ingresan al organismo y como la mayoría de los compuestos químicos, actúan por concentración y por tiempo, es decir que estos dos parámetros definen muchas veces el daño que ocasionan a veces proporcionalmente.

La realidad indica que mediante el sistema de fumigación -por el cual sustancias agroquímicas en polvo son suspendidas en un solvente acuoso, o en estado gaseoso como vapor o humo- se diseminan en una superficie determinada, con el propósito de eliminar plagas o desinfectar. El método es sumamente peligroso porque el “barrido” zonal con el producto se expande casi sin límites por el aire y el suelo, que quedan concentrados con el contaminante, como así también sobre cursos de agua cercanos.

Este hecho ha traído consecuencias absolutamente indeseadas, cuando se extendió el uso de glifosato, un compuesto orgánico que disuelve aproximadamente 1 gramo en 100 mililitros de agua. Es un poderoso herbicida, es decir un destructor de malezas; en Argentina está muy difundida su aplicación, por desgracia, incluso se sabe que es el país que mayor uso le da a este plaguicida. Se distribuye desde 1980 porque en términos de resultados, logran ampliamente su objetivo. No obstante van más allá…..

Este año 2018, un grupo de científicos de la Universidad Nacional de La Plata publicó el estudio “Glifosato y atrazina, en lluvia y suelos de áreas agroproductivas en la región de las pampas en Argentina”, que la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS) difundió, para que se conozcan los últimos resultados sobre la contaminación de todo el ambiente que la “agricultura tóxica vigente” genera, con crecientes y alarmantes niveles de exposición a agroquímicos que “se aplican de manera incontrolable”.

La investigación fue sobre la presencia en la atmósfera de glifosato y otros tres pesticidas más utilizados en nuestro país, los cuales asociándose a la lluvia, se depositan en el suelo. El estudio arrojó  resultados no deseados: el 80% de las muestras de agua de lluvia en las pampas argentinas, tenía concentraciones medias y elevadas de glifosato, un valor significativamente mayor que pruebas similares realizadas en Estados Unidos y Canadá. El cultivo más afectado obviamente es la soja por sobre el resto. Y como “la deposición atmosférica de herbicidas a través de la lluvia en cuerpos de agua superficiales y suelos, así como en los sitios urbanos de la región, podría constituir una fuente de exposición de la población a estos contaminantes del aire, es necesario incluir esos compuestos en las directrices de calidad del aire y en los programas de monitoreo”, es la principal recomendación que deja el grupo de científicos.

Para finalizar, y como significado más importante, tengamos en consideración que el glifosato produce alteraciones en la salud compatibles con los mecanismos por los que se producen varias enfermedades muy temidas por todos…

* Prof. Marilina Scarlata

Especializada en la Enseñanza de las Ciencias Naturales

Directora de divulgación científica de la Asociación Amigos de Parques Nacionales

Columnista en LU 17.com

Columnista en  Patagonia.net

Columnista en Pirámide Informativa

 

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