El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio prevé instalar el dispositivo en el Tecnopolo de Bolonia antes de 2020. Recreación de la vista aérea del nuevo Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio de Bolonia.
Apenas queda rastro de lo que hace años fue una antigua fábrica de tabaco a las afueras de Bolonia: solo varios pabellones abandonados con las paredes repletas de grafittis. Pero en unos meses, esas instalaciones se transformarán por completo y albergarán uno de los superordenadores más grandes del mundo, según ha explicado a EL PAÍS el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés). El nuevo centro de datos, ubicado en el Tecnopolo de Bolonia, permitirá a esta organización mejorar el pronóstico del tiempo y anticipar eventos meteorológicos extremos.
A la par que progresa la tecnología, avanza también la precisión de las predicciones. «Nuestra capacidad de pronóstico mejora en un día cada 10 años. Es un progreso lento pero importante», ha explicado. Con el nuevo superordenador, se pretende que antes de 2025 se puedan elaborar predicciones de hasta dos semanas con un alto grado de precisión. Sin embargo, Rabier ha reconocido que siempre habrá limitaciones a la hora de realizar estos pronósticos porque “la atmósfera es bastante caótica”: “No podemos saber al 100% ni qué tiempo va a hacer hoy”.
El ECMWF prevé elegir quién diseñará el nuevo dispositivo a finales de 2019 para que sea fabricado y esté operativo antes de que acabe el año 2020. Nyal Farrell,director del programa y de administración del ECMWF, ha explicado que hay unos siete fabricantes posibles, entre quienes están Fujitsu, IBM, HP o Cray, y que se prevé invertir unos 18 millones de euros al año en el proyecto. Pese a que todavía no se sabe cómo será físicamente el nuevo superordenador ni qué potencia exacta tendrá, el director de los servicios de Copérnico, Juan Garcés de Marcilla, sostiene que “va a doblar la capacidad de computación global del actual”.
Durante los últimos cuatro años, el organismo ha utilizado para realizar sus predicciones un superordenador ubicado en Reading (Reino Unido). Pero ese centro, en el que trabajan 350 personas, se les ha quedado pequeño. Las nuevas instalaciones tendrán una superficie de más de 100.000 metros cuadrados, según ha asegurado Nyal Farrell, director del programa y de administración del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio.
La tecnología avanza a pasos agigantados y, con ella, las capacidades de estos superordenadores. Farrel hace una comparación entre el Cray-1A, diseñado en la década de 1970, con uno de los modelos más recientes, el CRAY XC40: “Este último tiene una memoria 118 millones de veces mayor, una capacidad máxima de rendimiento 53 millones de veces mayor y un espacio en el disco 8,6 millones de veces mayor”.
Garcés ha explicado a EL PAÍS que “estos superordenadores tienen una vida limitada porque las tecnologías evolucionan muy rápido. Cada 4 o 5 años tienes una nueva”. Una vez que se instale el nuevo dispositivo en Bolonia, se hará trabajar a ambos dispositivos en paralelo para asegurarse de que el nuevo superordenador funciona bien: “Luego transferimos la parte operacional aquí y el que está en Inglaterra se desconectará”.
40 millones de observaciones de satélites
El ECMWF, que tiene su origen en 1975, realiza una predicción metereológica global y se la envía a los 22 estados miembros del organismo y a los 12 cooperantes. «Para los dos primeros días, los servicios nacionales de meteorología suelen tener su propio sistema de pronóstico. Pero después del día tres dependen de nosotros para el pronóstico global», cuenta Rabier en las instalaciones del nuevo centro en Bolonia en un viaje al que fue invitado EL PAÍS. El 95% de los datos que se analizan provienen de satélites: «Todos los días recopilamos 40 millones de observaciones de satélites de todo el mundo y el superordenador los procesa con un modelo».
Los datos que proporciona el ECMWF resultan útiles para los servicios de metereología nacionales, los gobiernos e incluso compañías privadas, según Rabier: “Muchas de las cosas que ocurren en el mundo depende de la meteorología: la agricultura, el transporte, las energías renovables… Nuestros datos sirven por ejemplo para que un avión pueda encontrar la mejor ruta en la que gastar menos combustible”.
Fuente:https://elpais.com/tecnologia/2018/11/14/actualidad/1542207561_584722.html
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